Pie Derecho

Boluarte no puede ser Vizcarra II

“El de Dina Boluarte es un régimen precario, sujeto con pinzas, pero lo será más si se tiende sobre ella un manto de relativa condescendencia por parte de la oposición de centroderecha”

El gobierno de Dina Boluarte es una manifestación clara de la fragilidad institucional que afecta a muchos países de América Latina. Este tipo de gobiernos precarios pueden parecer atractivos en momentos de crisis, pero en realidad representan una amenaza para la democracia y el estado de derecho, si no son debidamente apremiados por la oposición democrática.

La falta de estabilidad política y la debilidad de las instituciones gubernamentales pueden llevar a decisiones improvisadas e ineficientes, a la corrupción y al abuso de poder. Además, en un contexto de inestabilidad, los intereses privados y los grupos de presión pueden tener una mayor influencia en la toma de decisiones gubernamentales, lo que puede derivar en políticas que benefician a unos pocos en detrimento del bienestar general.

Un gobierno precario como el de Boluarte puede tener dificultades para mantener el control de las fuerzas armadas y de seguridad, lo que puede derivar en una escalada de violencia y conflictos internos. En este tipo de situaciones, el riesgo de violaciones a los derechos humanos y la erosión del estado de derecho son extremadamente altos (ya lo hemos visto con los muertos acontecidos en las protestas). Por lo demás, la ausencia de mecanismos de rendición de cuentas puede llevar a la impunidad de los abusos cometidos por las autoridades y a la erosión de la confianza en las instituciones democráticas.

Por todo lo anterior, es importante que los ciudadanos estén alertas y exijan la estabilidad política y la fortaleza institucional como un requisito fundamental para la construcción de una democracia duradera y efectiva. La democracia no se construye con discursos populistas y promesas vacías (véase la reacción frente a la emergencia climática, que no pasa de anuncios y ofertas), sino con instituciones sólidas, liderazgos comprometidos y ciudadanos conscientes de su papel en el mantenimiento del estado de derecho y la protección de los derechos humanos.

El de Dina Boluarte es un régimen precario, sujeto con pinzas, pero lo será más si se tiende sobre ella un manto de relativa condescendencia por parte de la oposición de centroderecha, que hoy la sostiene. Requiere vigilancia, ojo crítico, oposición razonable, pero oposición, condicionamiento político respecto de su quehacer reformista, etc. No puede ser un Vizcarra II, que gozó de la complacencia de sectores importantes del país y ya vimos las consecuencias.

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Dina Boluarte, política peruana

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