Regreso a San Gabriel

Regreso a San Gabriel

"(...) podría ser la mejor novela de Julio Ramón Ribeyro, Crónica de San Gabriel (1960), que estaría llamada a ocupar un lugar prominente en el canon novelístico nacional. Se trata de una novela lograda y que presenta rasgos de sumo interés."

[EN UN LUGAR DE LA MANCHA] El lugar común dicta que Julio Ramón Ribeyro es el cuentista peruano por antonomasia. Aunque esta afirmación puede tener muchos visos de verdad, no debería estorbar nuestra visión de una obra que incluye también ensayos brillantes como los contenidos en diversas ediciones de La caza sutil (1976); algunos libros marcados por la singularidad y cierta extrañeza como Prosas apátridas (1975) o Dichos de Luder (1989); ejercicios dramáticos en clave de sátira como ocurre en Confesión en la prefectura; en clave histórica, como se refleja en Atusparia (1981) o el idealismo romántico de ese gran personaje que es Santiago el pajarero (1966), que Ribeyro toma de uno de los mejores relatos de Palma.

El corpus ribeyriano incluye también un monumento autobiográfico: el diario que tituló La tentación del fracaso (1992-95), cuya parte inédita seguimos esperando con avidez. También sumaré Cartas a Juan Antonio (1996-98), un epistolario que destaca entre muchos no solamente por su aspecto confesional y revelador del mundo íntimo del escritor, sino también por su indudable calidad literaria. Usted pensará, lector, que llegado a este punto me he olvidado de las novelas de Julio Ramón Ribeyro, sobre las que pesa, creo, otro malentendido.

Entiendo que novelas como Los geniecillos dominicales (1965) o Cambio de Guardia (1976) no lograran una recepción exitosa. La primera, a pesar de su perfil crítico y el retrato social que va trazando en cada capítulo, no culmina con brillantez, pero nos deja a un personaje enorme, Ludo Tótem, suma y cifra de muchos de los personajes de sus cuentos, debido sobre todo a su profundo desencanto y a la forma en que asume su declive existencial. Cambio de guardia, por otra parte, ofrece una lectura política, en el contexto de una tiranía comandada por un militar, un relato que sin duda guarda algunas reminiscencias kafkianas (el juicio a un humilde personaje recuerda sin duda al Señor K), pero quizá su ánimo experimental y alegórico no caló en la crítica.

Estoy dejando para el final la que, en todo caso, podría ser la mejor novela de Julio Ramón Ribeyro, Crónica de San Gabriel (1960), que estaría llamada a ocupar un lugar prominente en el canon novelístico nacional. Se trata de una novela lograda y que presenta rasgos de sumo interés. Su estructura, claramente episódica, hace pensar en el modelo clásico de la novela de aventuras, basada mayormente en los desplazamientos y las peripecias del héroe; por otra parte, si examinamos su temática y nos adentramos en el significado de las acciones del personaje, podríamos estar frente a una variante del bildungsroman o novela de aprendizaje. No en vano críticos como Peter Elmore han comprobado la conveniencia de leer, en clave comparativa, esta novela de Ribeyro con Los ríos profundos (1958) de Arguedas.

El viaje que emprende un adolescente, Lucho, desde Lima hacia la hacienda San Gabriel en los Andes no es un movimiento carente de sentido; por el contrario, el viaje y la permanencia en la hacienda harán posible que Lucho se enfrente a profundos cambios en su sensibilidad, al conocer de primera mano el orden jerárquico que impera en la sociedad peruana, duplicada en el  micro mundo de la hacienda. No deja de ser interesante que la experiencia de Lucho no sea exactamente la de un migrante, sino más bien la de un visitante que durante el viaje adquiere una experiencia cognoscitiva: el viaje le permite conocer y juzgar las múltiples tensiones sociales que se dan cita en la configuración de la sociedad peruana. Evidentemente el viaje implica un proceso formativo: en la ida se adquiere el conocimiento, en el regreso ha madurado una vocación por la escritura, traducida en lo que el propio Lucho, al final de la novela, llama “mi testimonio”, dando a su relato un carácter de urgencia y ansiedad social.

La coronación del relato tiene un rostro premonitorio, muestra algo que ha empezado a cambiar. Ocurre una pérdida (la inocencia) y le sucede una restitución (la escritura). Una tensión crucial a lo largo del relato alimenta el contraste entre la urbe y el campo; Lucho es consciente de su extracción urbana y del convencimiento de tener un destino ligado a ella. Mientras el campo se empobrece y se degrada, la urbe gana en industria y sofisticación, es el espacio de lo moderno. Y aunque Crónica de San Gabriel no abandone nunca ese tono de derrotero sentimental del personaje, sus lecciones sobre la vida peruana, algunos de sus puntos de quiebre y sus desigualdades más dramáticas, son evidentes.

Julio Ramón Ribeyro. Crónica de San Gabriel. Lima: Revuelta, 2023.

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Julio Ramón Ribeyro, Literatura peruana

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