JJ MARTHANS SUDACA

Perú: La economía depredada

"Lo cierto es que solo escuchamos propuestas cargadas de ideologías trasnochadas, propuestas que camuflan su objetivo de disponer del poder para lucrar a partir del sector público."

Pronto serán 201 años de frustración para los peruanos. Sin embargo hoy el desasosiego es mayor, más intenso. Entre alternativas limitadas por su historia y antecedentes, los peruanos escogieron por lo que pensaban era la menos mala. Ganó el señor Castillo y, sin duda, el Perú siguió perdiendo.

Las limitaciones de los modelos de desarrollo ejecutados en el Perú solo tienen un común denominador: el sub-dersarollo dado que los extremos políticos que asumieron el poder fueron incapaces de concebir escenarios donde, por ejemplo, mediante un mínimo de institucionalidad se genere un proceso de redistribución de ingresos que haga sostenible el éxito de las empresas y del país.

Probamos de todo, desde lo mas elemental del modelo primario exportador, hasta los mas irracionales ligados a la sustitución de importaciones. Nos gobernó un conjunto variopinto de ideologías que no hicieron más que favorecer a ciertas clases o segmentos del país, descuidando el ecosistema social, político, económico y de valores que debe ser cuidado a efectos de hacer que el éxito trascienda al corto plazo. Nos gobernó la corrupción en todas sus variantes.

La verdad, lo único que hemos aprendido los peruanos estos últimos meses es que la corrupción no tiene ideologías. Hoy somos testigos de como gobernar puede ser sinónimo de la distribución de las plazas del sector público a efectos de hacer las licitaciones públicos un mercadillo del mas bajo nivel; hoy somos testigos como se puede dilapidar un país en nombre de la justicia y las reivindicaciones sociales; hoy vemos con vergüenza ajena que el pobre también puede esquilmar al pobre.

Nuestro frente político no ha permitido hasta hoy que las reglas sobre las que se desenvuelven los procesos electorales permitan la incorporación de nuevas alternativas,  han descuartizado la vida partidaria, han encontrado, únicamente, el camino más corto para hipotecarse a la corrupción en todas sus formas: desde el narcotráfico, hasta el mercantilismo. Al final, no es mas que la expresión de la carencia de autoridad moral que hoy dia se expresa en una nueva oportunidad perdida.

Hoy más que nunca la independencia que habíamos logrado alcanzar en materia económica, alejada del impacto del frente político, ha sido destrozada. Antes podiamos tener la mediocridad de nuestra clase política acompañada de crecimiento económico, regenración de empleo, reducción parcial de la pobreza, baja inflación. Eso era así porque nadie ponía en juicio la necesidad de seguir construyendo la regeneración progresiva del país a través del esfuerzo privado: desde el corporativo, hasta el del microempresario emprendedor. Hoy eso está agonizando.

Se nos quiere volver a los años ochenta. Se nos quiere volver a la corrupción, la especulación, la escases, la recesión, la inflación. Lo cierto es que solo escuchamos propuestas cargadas de ideologías trasnochadas, propuestas que camuflan su objetivo de disponer del poder para lucrar a partir del sector público. El Estado como botin. El problema se acentúa porque esta realidad se contrasta con lo acontecedo con otros gobiernos y lo penoso es todos ellos cometieron los mismos errores. La frustración es lo único constante en gran parte de nuestra población. 

El tema de fondo es que ninguno de los extremos políticos e ideológicos que han gobernado al Perú durante toda su vida repúblicana dispuso de autoridad moral para generar consensos, para rescatar la unidad y credibilidad. Hoy los peruanos somos testigos que la lucha no es entre el bien y el mal, la honestidad y la indecencia, la justicia y la injusticia. El representante de la oposición y el representante del gobierno disponen de la misma condición: el oscurantismo, la demagogia, la corrupción. Hoy el mal lucha contra el mal. A ambos lo único que les interesa es alcanzar y perpetuarse en el poder.

La crisis de Perú es más que una crisis económica y social, es una Crisis Permanente de Autoridad Moral. Imposible regenerar nuestra economía en dicho entorno. Nuestra economía requiere de los mejor de sus cuadros profesionales, de gobernantes y partidos políticos con un mínimo de autoridad moral para generar verdaderos consensos, requiere de líderes que hayan demostrado capacidad de gestión y éxito en el proceso de creación de riqueza en el frente privado. Hoy, en contraste, se asalta el Estado para disponer de lo que no se pudo obtener en el sector privado a partir del esfuerzo y trabajo honesto.

Requerimos una reforma integral de nuestro Estado, con el que tenemos no vamos a ningún lado, está enfermo. Gravemente enfermo. Requerimos consensos para trabajar en función de metas de corto, mediano y largo plazos bajo el paraguas de un Plan Estratégico Nacional. Requerimos un minimo de institucionalidad que le haga sentir al mas probre que sus derechos son respetados de igual a igual frente a los que dispone el mas acudalado de los peruanos. Hasta hoy solo disponemos de la institucionalidad del “cascaron”. Tenemos policías pero a la vez inserguridad, tenemos jueces que distribuyen injusticia, educadores formadores de ignorancia y un sistema de salud que no llega a todos.

Sin no cambiamos ese escenario, nuestra economía retrocederá de la mano de lo peor de nuestro frente político. Un frente político que solo ha creado la Economía de la Depredación, donde se demanda todo , donde se oferta poco o nada. Esperemos que el sector empresarial decente que aun vive concilie esfuerzos con nustra juventud que merece la oportunidad de cambiar al país. Los viejeos estaremos  en la tumba, pero nuestros nietos gozarán de ese entorno que siempre merecimos vivir todos los peruanos. Trascendamos a una Economía Depredada.

 

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