Carla Sagastegui

La evidencia

"Lo cierto es que graves cuestionamientos profesionales encontramos en todos los poderes del Estado: leyes que presentan congresistas que atentan contra nuestros derechos, vínculos comprobados de jueces con diversas mafias del país, carencia de políticas públicas para los principales sectores de producción y servicios."

Desde tiempos medievales, se difundió una falsa paradoja muy popular hasta nuestros días. La célebre “Paradoja del mentiroso” de Epiménides que afirma que “Todos los cretenses son mentirosos”. Como Epiménides es cretense y como estamos de acuerdo en que un mentiroso solo hace afirmaciones falsas, estamos ante una declaración que se contradice consigo misma: si suponemos que es cierto que todos los cretenses son falsos, Epiménides como cualquier cretense, está mintiendo, y por lo tanto no todos los cretenses serían mentirosos. 

Pero la razón por la que se considera una falsa paradoja es porque parte de una razón falaz y es el dar por cierto que todos los cretenses son mentirosos. Uno no puede andar por ahí lanzando ese tipo de sentencias. ¿En qué hechos demostrados se basa tremenda afirmación? ¿De qué nos puede servir empezar una argumentación si partimos de una proposición que carece de evidencia que la sustente? 

Como en una suerte de castigo griego (de esos que se repiten diariamente y por toda la eternidad), aquí en el Perú, muchos siglos después, el Congreso aliado con la prensa, nos tiene ansiosos desde el primer día del gobierno de Pedro Castillo a la espera de una evidencia que hasta hoy no consigue para sustentar su vacancia por corrupción. En este año y medio de gobierno, el Ministerio Público ya está investigando seis denuncias que podrían probar que el presidente lidera una organización criminal, pero al igual que la paradoja cretense, sólo se sustenta en testimonios de funcionarios públicos e inversores que acordaron pagos para conseguir la realización de sus proyectos. Año y medio de denuncias de implicados que se ofrecen como colaboradores eficaces, sin mayor evidencia que él dijo, ella respondió, yo dije. Y la prensa dedicada a la investigación política (vinculada a las organizaciones de corrupción de gobiernos anteriores) se queda en el se presume, es muy posible, tenemos nuevos testimonios.

El presidente Castillo ha optado por responder de la misma manera. No soy corrupto, no soy ladrón. Pero nunca responde acerca de lo más cercano a la evidencia que es el registro de las visitas de los colaboradores eficaces a Palacio de Gobierno o a la casa de Breña. Tampoco ha sabido dar razón alguna de por qué designa como altos funcionarios a personas con graves cuestionamientos profesionales. Lo cierto es que graves cuestionamientos profesionales encontramos en todos los poderes del Estado: leyes que presentan congresistas que atentan contra nuestros derechos, vínculos comprobados de jueces con diversas mafias del país, carencia de políticas públicas para los principales sectores de producción y servicios.

En ese contexto, llama la atención que el líder del tercer intento de conseguir la vacancia del presidente, el congresista Edward Málaga considere que “manifestaciones directas de la inmoralidad del presidente”, como el plagio académico de su tesis de maestría o el falso apoyo a las niñas y niños con cáncer, sean justificación sobrada para cesar al presidente. De ser así, si aplicamos el mismo principio al parlamento peruano, es tal la cantidad de intereses personales y corruptos que se manifiestan en sus proyectos de leyes que su pedido debiera exigir en primer lugar el cierre del Congreso.

Por cierto, también es inmoral la provocación de incertidumbre que nos producen los congresistas desde hace seis años atrás, al reducirnos los gobiernos a ciclos anuales, al fragmentar y terminar de hundir los pocos partidos políticos que nos quedaban y tenernos de elección en elección llenas de mentiras y falsas consignas. Qué hace falta para que reconozcan que el Congreso tiene mayor desaprobación que la presidencia que se quieren tirar abajo. Ya es tiempo entender que el país, para reconstruirse, necesita estabilidad, no congresistas que se queden a dormir para fingir que son ellos las víctimas del mal.

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