Juan Carlos Tafur

El desastre económico de Castillo

“La gestión de Castillo dejará en herencia, de no enmendar rumbos rápidamente, destrucción de la poca institucionalidad estatal que existía, colapso económico, crisis política y convulsión social”

Si se confirma el retorno de Castillo al redil de Cerrón y, por ende, el resurgimiento infeliz de la idea de plantear una Asamblea Constituyente, las cifras económicas van a ser aún peores, corroborando así que estos cinco años -si eso es lo que dura Castillo en el poder- serán años perdidos y que el país se alejará del desarrollo y del crecimiento.

El 76% de peruanos no invertiría en el país, si acaso fuera inversionista, mientras las condiciones políticas y jurídicas no estén claras, señala la última encuesta de Ipsos. El presidente Castillo se podrá desgañitar invitando al empresario a invertir, pero es tal la desconfianza que ello no ocurrirá y veremos cómo se desploma la inversión privada -principal sostén de la economía-, cae el crecimiento del PBI, disminuye el empleo formal y aumenta la pobreza.

Es un desastre, por donde se le mire. Una tragedia si se toma en cuenta que el mundo global se asomaba propicio para un boom de inversiones al estilo de lo sucedido en el segundo gobierno de Alan García, donde -hay que reconocerlo- hubo un crecimiento producto de los mayores precios de los minerales, pero también una estrategia gubernativa de impulso a los empresarios privados para que inviertan.

Las cifras de reducción de la pobreza, que con tanto éxito se habían alcanzado en los últimos años, a pesar de la corrupción y mediocridad de los gobernantes, tan solo por mantener el modelo de sensatez macroeconómica, se irán por la borda, constituyéndose un lustro dilapidado para la economía nacional.

La única manera de que un gobierno de izquierdas, como el que conforma la coalición gobernante, desande el camino del desastre es que anuncie, más temprano que tarde, el abandono de la tesis de la Constituyente y, no bastando ello, que amplíe su alianza de gobierno e incluya voces de centro o, inclusive, de derecha en su equipo ministerial.

Es audaz y requiere enérgica voluntad política, dos características que escapan al perfil de un sindicalista básico, como es el presidente Castillo, pero ello no es óbice para plantearlo, porque es lo que el Perú requeriría para, al menos, salvarnos del colapso que supondrá la marcha de este régimen.

La gestión de Castillo dejará en herencia, de no enmendar rumbos rápidamente, destrucción de la poca institucionalidad estatal que existía, colapso económico, crisis política y convulsión social.

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Pedro Castillo, Presidente Castillo, Presidente del Perú

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