Jorge Luis Tineo - Sudaca.Pe

Johnny Ventura (1940-2021): Leyenda latina

El merengue es, para República Dominicana, lo que la ranchera es para México. Motivo de orgullo e identidad nacional, capaz de resumir, a un solo golpe de vista y oído, lo que significa ser dominicano. Si uno camina por las calurosas calles de Santo Domingo, los barrios populares de Quisqueya, el Cibao o visita los turísticos hoteles y malecones de Punta Cana, se encontrará en cualquier esquina con conjuntos tradicionalistas de merengue que, güiros y tamboras en ristre y a toda velocidad, te sumergen en esa idiosincrasia siempre sonriente y quimbosa, alegre y profundamente afrocaribeña.

Hace unos días, esa alegría dominicana se vio interrumpida por la muerte, eterna aguafiestas, siempre dispuesta a hacer llorar de tristeza hasta al más fiestero. Johnny Ventura –nombre real: Juan de Dios Ventura Soriano-, “El Rey del Merengue”, falleció de un repentino ataque cardíaco a los 81 años, el día de nuestro Bicentenario. Mientras los peruanos escuchábamos el mensaje moderado y hasta reivindicativo del nuevo Presidente de la República (sin saber la ola de zarpazos que daría su administración, apenas un día después y que, hasta hoy sábado, siguen rasgándonos la piel), su colega Luis Abinader Corona –Jefe de Estado de República Dominicana desde el año pasado- salía, con los ojos llorosos, a despedir a este ícono de la cultura popular latinoamericana: “El país entero llora tu muerte” fue una de sus primeras frases tras conocer la noticia, para luego decretar tres días de duelo nacional.

“El Caballo Mayor” –así le decían también a don Johnny- tenía una sonrisa ancha y contagiosa, y una salud de hierro. A mediados del año pasado fue diagnosticado con COVID-19 y lo superó rápidamente, para tranquilidad de sus seguidores. Al poco tiempo, lanzó Me cayó del cielo, una canción que lo trajo de vuelta de la mano del productor cubano Emilio Estefan, gran admirador de su obra. Jandy Ventura, uno de sus siete hijos, contó que el día anterior había conversado con su padre sobre unas actividades pendientes, un día normal de trabajo. «Solo quiero decir -dijo en las exequias- que jamás me aprovecharé de la muerte de mi papá”. En los funerales, la familia del cantante recibió la visita de políticos y artistas, entre ellos Juan Luis Guerra, estrella mundial del merengue y uno de los más aventajados continuadores. Ambos grabaron, en el 2014, la canción De Moca a París, incluida en Todo tiene su hora, décimo tercer álbum del famoso compositor de La bilirrubina y Bachata rosa.

En las radios limeñas, hablar de Johnny Ventura es sinónimo de Patacón pisao (LP Con su sabor original, Kubaney Records, 1985), acaso su canción más conocida en estas tierras. Ya para ese momento, Ventura tenía dos décadas de sostenido trabajo musical, al frente de su Combo Show, con el que armaba la fiesta donde fuera. El carismático compositor, productor y cantante de voz abaritonada y nasal fue el principal responsable de la definitiva internacionalización del merengue y es, junto a Johnny Pacheco, Wilfrido Vargas, Cuco Valoy, Michel Camilo, Ángela Carrasco y Juan Luis Guerra, una de las personalidades musicales más importantes de República Dominicana.

Hasta antes de la aparición de Johnny Ventura y su Combo Show, el merengue era una sencilla música rural que servía de comparsa proselitista al temible dictador Rafael Leonidas Trujillo. Como cuenta el periodista y musicólogo dominicano Carlos Batista Matos en su libro Historia y evolución del merengue (1999), el militar ordenaba la escritura de letras que alabaran a su gestión, para que fueran cantadas en coplas merengueras, con conjuntos clásicos -tamboras, acordeones, guitarras y güiros-, en salones y plazas. Ventura, influenciado por la música cubana que había oído de pequeño y el boogaloo norteamericano de su adolescencia, lo despojó de toda intención política y le añadió pianos, bajos, saxos y trompetas, creando así el sonido del merengue moderno.

Con 106 grabaciones oficiales (entre LPs en estudio y en vivo, discos de 45 RPM y CDs), 28 discos de oro y 1 Grammy honorífico, podemos afirmar que Johnny Ventura es uno de los artistas caribeños más prolíficos de la historia. Llevaba el merengue en las venas y era, como decía la prensa de su país, «un negrito que destilaba miel por los poros». La frenética velocidad de sus canciones no daba tregua como, por ejemplo, La agarradera (1979), una pícara demostración de buen humor y mucha musicalidad. En Bobiné (1975), Ventura rescata el lenguaje creole de una antigua melodía de Haití, sus vecinos en la histórica isla La Española. Este tema de ritmo tribal fue usado por Altamira Banda Show para su exitazo radial Banana (1989), que fuera producido por Wilfrido Vargas, el otro gran merenguero dominicano, quien recibió el apoyo de Ventura al comenzar su carrera con su primera orquesta, Los Beduinos. En entrevista con el periodista cubano Camilo Egaña, de CNN En Español, “El Caballo Mayor” desterró los rumores de una supuesta rivalidad con el creador de clásicos como Abusadora, El baile del perro, entre otros, describiéndolo como “el mejor músico de la República Dominicana”.

Un hecho poco conocido es su gran amistad con la orquesta salsera El Gran Combo de Puerto Rico. Quienes recuerdan con nostalgia la música que programaban las radios en los ochenta, saben que en el conocido tema No hay cama pa’ tanta gente, se menciona a Johnny Ventura entre los célebres personajes de distintas épocas de la música caribeña que asisten a aquella imaginaria fiesta de Navidad narrada en esta canción de 1985. Cuentan que Rafael Ithier, pianista y líder del Gran Combo, le dio casa y comida a Ventura en 1969, tras sus primeros conciertos en San Juan, a partir de lo cual se gestó una estrecha relación entre ambas agrupaciones. Los cantantes Charlie Aponte, Luis “Papo” Rosario y Jerry Rivas, mostraron su dolor ante la muerte de Ventura con sentidos mensajes en redes sociales. Los tres grabaron, en su LP Nuestro aniversario de 1982, el tema Trampolín, compuesta por don Johnny, uno de los temas más conocidos de «La Universidad de la Salsa».

Como Rubén Blades –quien también dedicó un amplio texto recordando al merenguero como “una distinguida persona y destacado servidor público”-, Johnny Ventura fue, además, abogado y político. Fue alcalde de Santo Domingo (1998-2002) y se involucró siempre en los movimientos sociales y políticos de su país. En aquella entrevista para CNN En Español contó que, en 1978, el gobierno de Joaquín Balaguer tenía todo un plan para fusilarlo, pero pudo escapar gracias a un amigo policía que le reveló el tenebroso asunto, tras lo cual pasó unos años exiliado en Puerto Rico. Ventura se declaró siempre defensor de los derechos humanos y de las causas justas, definiéndose a sí mismo como un político de centro izquierda, y militó durante más de 45 años en el Partido Revolucionario Dominicano (PRD). En el último proceso electoral dominicano del 2020 apoyó al derechista Leonel Fernández, quien ya había sido presidente en dos ocasiones, lo cual generó algunos comentarios negativos por este aparente cambio de orientación ideológica.

Pero lo suyo, realmente, era la música. Johnny Ventura sacudió los escenarios de toda Latinoamérica con su frenético ritmo. Combinaba su arrebatada capacidad para hacer bailar al público con un profundo conocimiento y orgullo por la música latina, en general. Por ejemplo, grabó una versión de nuestro vals El plebeyo, en su LP ¡El que venga atrás que arree! (1976). Ese sentido integrador lo aplicó también en sus recordadas actuaciones en la edición de 1984 del Festival Viña del Mar. Para cerrar el show, casi a las 3 de la mañana, Ventura incluyó el conocido coro de Si vas para Chile (1942), en ritmo de merengue, por supuesto. En el video que circula en YouTube de este concierto resulta gracioso ver cómo los chilenos, desprovistos de la gracia natural dominicana, tratan de seguirle el paso a Ventura y sus coristas Anthony Ríos, Pablo Cruz y Roberto Del Castillo, moviéndose de manera descoordinada y en absoluto desorden, poseídos por el merengue.

Al momento de su muerte, Johnny Ventura se encontraba preparando un libro, titulado Merengue visto por mí, que será terminado por sus colaboradores y familiares. Uno de sus más recientes logros artísticos fue el CD Tronco viejo (2015), en el que Ventura se sumerge en los sonidos de Cuba, un sueño que abrazaba desde niño. El disco, grabado en los estudios EGREM de La Habana, es una joya que jamás tuvo difusión alguna, en medio del esperpéntico reggaetón que desprestigia tanto a la música latina. Allí, Johnny Ventura interpreta guarachas, sones y boleros con calidad y elegancia. El álbum incluye tres dúos de antología: Flor de pantano/Yo sé de esa mujer con Silvio Rodríguez (un son de 1920, escrito por Graciano Gómez); La bala junto a Gilberto Santa Rosa, estrella de la salsa portorriqueña y Nada de ti, un bolero acompañado de Omara Portuondo. Mejor, imposible.

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Johnny Ventura, Merengue, República Dominicana

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