nueva constitución y asamblea constituyente

De cerros y cavernas

"Ignorar al elefante que está en la habitación. El tema de una nueva Constitución viene considerándose desde el fin de la era Fujimori, pero es debido al mensaje electoral de Perú Libre, a los Consejos de Ministros descentralizados de Castillo/Torres y a las actuales demandas de las movilizaciones regionales, que la idea de convocar a una Asamblea Constituyente ha ido ganando fuerza."

“Los cerros”

El 5 de abril del 2021, el congresista conservador Jorge Montoya, en una sorprendente declaración de apoyo a la recordada y fracasada inmovilización social decretada por Pedro Castillo, afirmó disponer de informes de Inteligencia policial, según la cual “se tenía pensado saquear Lima, bajar de los cerros a saquear la ciudad”. Ese día tuvo lugar una multitudinaria marcha pacífica, en contra de una medida arbitraria emitida por un gobierno en jaque, pero de esas hordas saqueadoras, ni rastros. No tardo mucho, el mencionado congresista, en ofrecer sentidas disculpas por tales afirmaciones, pero sus claras resonancias racistas y clasistas permanecieron. En efecto, la expresión “los cerros”, en la Lima costeña y criolla, fue, durante mucho tiempo, una forma habitual y despectiva de referirse colectivamente a los migrantes de la sierra que, en el siglo pasado, llegaron masivamente para instalarse en diversos asentamientos humanos, muchos de los cuales, efectivamente, se encontraban en terrenos elevados. Pero “los cerros”, evoca también el recuerdo histórico del llamado “sitio de Lima”, ocurrido en agosto de 1536, cuando las tropas de Manco Inca, que, a la sazón, ocupaban las colinas circundantes a la ciudad, se aprestaban a conquistarla, mientras sus habitantes huían despavoridos hacia el Callao, con la intención de embarcarse con destino a Panamá. En estos días que corren teñidos de sangre, “los cerros”, vuelven a ser protagonistas de intensa convulsión, debido a las protestas sociales que vienen ocurriendo en el centro y sur del país, y cuyas consecuencias podrían ser de largo alcance en nuestra vida política.        

“La Caverna”

La palabra “Caverna”, es ocasionalmente usada por la izquierda hispanoamericana, para referirse a las fuerzas más sectarias y reaccionarias de la derecha, las mismas que incluyen a partidos políticos, grupos de poder económico, prensa conservadora y elementos anidados en la Justicia, las Fuerzas Armadas y sus servicios de Inteligencia. Un conglomerado que utiliza todos los medios a su alcance -que son muchos- para imponer y mantener un statu quo favorable a sus intereses, sea directamente, a través de gobiernos afines, sea mediante la utilización de mecanismos de seducción y/o coacción. ¿Existe acaso una Caverna en nuestro país? Y aunque el 89% de peruanos (según el Barómetro de las Américas), que considera que los ricos compran las elecciones, parecería pensar que sí ¿disponemos realmente de elementos de convicción probatorios? Quizás un pequeño ejercicio de “empirismo ingenuo” podría replantear la pregunta de la siguiente manera: Si existiera ¿qué estrategias desplegaría la Caverna, en la crisis actual, para reestablecer el orden preexistente? O dicho de otra manera ¿Cómo controlaría los cerros?

Recetas cavernarias para la crisis

“Estos son mis principios, pero si no les gusta tengo otros”. Esta ingeniosa frase, atribuida al humorista norteamericano Groucho Marx, describe a la perfección la conducta de Dina Boluarte, quien, habiendo profesado el ideario de Vladimir Cerrón y defendido el accionar Pedro Castillo hasta poco antes del fin de su gobierno, al día de hoy, cree que todo movimiento social con reivindicaciones únicamente políticas, está capitaneado por terrucos y orientado a “tomar el poder”. Hasta a una periodista más bien conservadora como Rosa María Palacios esto le parece un verdadero despropósito. Boluarte resulta extremadamente funcional a la Caverna ¿Qué mejor que una Jefa de Estado quisling, huérfana de apoyo social y político, con temas pendientes con la justicia y odiada por la misma gente que la encumbró, para seguir obedientemente el guion?            

No sirven, pero nos sirven. Un inútil Congreso como el actual, vergüenza para cualquier país civilizado y rechazado por casi todos, puede jugar aun un papel importante: evitar, hasta el último momento, la convocatoria a elecciones generales anticipadas, pues no resulta conveniente a la Caverna que el país sea consultado en momentos de tanta polarización. Es mejor esperar un poco a que el clima se desinflame y que puedan consolidarse un par de opciones de derecha viables ¡No vaya a ser que, en medio de este lio, los cerros terminen eligiendo un antisistema más eficaz que el anterior! Nunca es bueno tampoco ceder a la presión popular, pueden acostumbrarse. Por otra parte, eso de la reelección congresal (rechazada ya en un reciente referéndum, pero, que más da) tiene su lado positivo: siempre es mejor negociar con verdaderos profesionales de la política que con tristes improvisados.      

Ignorar al elefante que está en la habitación. El tema de una nueva Constitución viene considerándose desde el fin de la era Fujimori, pero es debido al mensaje electoral de Perú Libre, a los Consejos de Ministros descentralizados de Castillo/Torres y a las actuales demandas de las movilizaciones regionales, que la idea de convocar a una Asamblea Constituyente ha ido ganando fuerza. Este tema es absolutamente no negociable para la caverna, pues nada asegura, que los cerros no vayan a elegir representantes, que osen introducir cambios en el exitoso modelo económico vigente. Es muy difícil entusiasmar a las masas votantes con eso de “la mano invisible del mercado” y del “chorreo económico”, sobre todo con los índices de pobreza monetaria y multifuncional que exhibimos, peor aún, con el rechazo que estos conceptos provocaron finalmente en el mismísimo Chile, país estrella en la aplicación del neoliberalismo. Por eso, negar, negar y negar, como se recomienda a los sacavuelteros atrapados in fraganti; nada de introducir Asambleas Constituyentes por la fuerza, con “patas de cabra”, como afirma Álvarez Rodrich.

¡Santiago, los Evangelios por tierra! Al igual que Fray Vicente Valverde, en el episodio de la captura de Atahualpa en Cajamarca, apelar a sentimientos religiosos es extremadamente útil para arengar a las tropas. Honor y Gloria a nuestra Policía Nacional y Ejército Peruano, que como “inmaculados” cruzados, en una guerra santa y patriótica, cargan contra las fuerzas satánicas, encarnadas en los manifestantes. No hay tiempo para hacer distingos, para la Caverna, como para los antiguos anarquistas, no hay inocentes.          

Quien con nosotros no es, contra nosotros es. Si algún funcionario renuncia por motivos de conciencia, es un cobarde o un quintacolumnista, si la OEA, la ONU, la Unión Europea o cualquier otra instancia nacional o internacional, expresa preocupación por el número de manifestantes fallecidos, entonces, o no entienden la situación del Perú, o están manipulados por el castrochavismo. La línea divisoria está bien trazada en esta Isla del Gallo, de un lado, los que están con el modelo vigente, para ser prósperos y libres, del otro, los contestarios, para ser pobres y esclavos del comunismo del siglo XXI, no hay más alternativas.

Basten estos pocos ejemplos para reflexionar, y como suele decirse en situaciones como esta: todo parecido con la realidad es pura casualidad. Pero si alguien, por alguna razón, se siente aludido y preocupado por la situación, es bueno recordarle que aún hoy, siguen partiendo del Callao naves con destino a Panamá… y Miami.


*Fotografía perteneciente a tercero

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Asamble Constituyente, Nueva Constitución, Perú Libre

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