Juan Carlos Tafur

¡Ay, nuestra oposición!

“Si Pedro Castillo pudiese elegir qué tipo de oposición le gustaría tener, sin duda elegiría a la actual, absolutamente irresponsable, populista, obsecuente, menuda, mediocre y cortoplacista”

Si Pedro Castillo pudiese elegir qué tipo de oposición le gustaría tener, sin duda elegiría a la actual, absolutamente irresponsable, populista, obsecuente, menuda, mediocre y cortoplacista.

La vimos en acción el primer año de gestión de Castillo, dándole la confianza a gabinetes impresentables. La vemos ahora, disparándose al pie y dejándose atarantar al punto de censurar a una presidenta del Congreso ungida justamente como cabeza opositora y que prontamente ya había pedido la renuncia presidencial.

Y en su última muestra de inmadurez la vemos incapaz de presentar una lista unificada a la nueva Presidencia del Congreso, poniendo en serio riesgo que hoy más tarde salga elegido alguien cercano al oficialismo o funcional a él. Ojalá no suceda ello, pero la sola posibilidad de que hayan abierto esa puerta revela la medianía de la oposición congresal.

La apreciamos también en su activismo callejero inocuo y desgastante. Sale Antauro Humala de prisión, se va a Andahuaylas y lleva más gente que todas las “megamarchas” convocadas por la derecha tradicional desde que empezó este gobierno, a pesar de que las convocatorias se realizan solo en Lima, plaza donde el gobierno tiene la peor aprobación. Pero los convocantes y los lemas de convocatoria, valga la redundancia, no convocan sino a los mismos quinientos sujetos de siempre, cuyo impacto político es nulo.

Por eso Castillo se la lleva fácil. Solo la prensa independiente ha sido capaz de arrinconar al gobierno con sus revelaciones permanentes. Por si la oposición política fuera, Castillo no debería tener 23% de aprobación como señala la última encuesta de Ipsos (cae dos puntos respecto del mes pasado) sino 40% o más. Así de torpe es la oposición.

Por eso es que a pesar de crecer el número de gente que cree que Castillo debe irse y procederse a un adelanto de elecciones, ese malestar y rechazo no abonan en favor de la oposición política, que no da pie con bola y tiene, inclusive, mayor desaprobación que el Ejecutivo.

A pesar de los “niños” y los “topos”, a las fuerzas opositoras en el Congreso les quedan los votos suficientes para proceder al adelanto de elecciones, para interpelar y censurar ministros, para emprender reformas y aprobar leyes proactivas, para derogar los misiles antiempresariales que ha lanzado el gobierno (en temas laborales), pero no hace nada.

Se siente muy cómoda, arrellanada en su curul, siendo agente del establishment antes que efectiva fuerza beligerante de fiscalización de un gobierno mediocre y fallido como el de Pedro Castillo, que merecería una oposición recia, principista y con visión de largo plazo.

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Pedro Castillo

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