Juan Carlos Tafur

¿La OEA será miope?

“Entre sus conclusiones más resaltantes deberá señalar que si alguna crisis política sufrimos es por culpa exclusiva del Ejecutivo, que se ha embarcado en una gestión destructiva del Estado y además plagada de favoritismos inconducentes y corrupción generalizada”

Si la venidera misión de la OEA es realmente justa y se reúne con todos los actores políticos y sociales que puedan tener algo que decir respecto de la crisis política por la que transita el país, deberá concluir con meridiana contundencia, de que no hay ningún peligro democrático que el gobierno esté afrontando por culpa de una oposición tozuda, abusiva y golpista.

Deberá aseverar que en el Perú reina el Estado de Derecho, la división de poderes, la convivencia democrática, y que más allá de los fuegos verbales beligerantes, que de ambas partes abundan, la democracia peruana se mantiene sólida y sin resquebrajaduras.

Y entre sus conclusiones más resaltantes deberá señalar que si alguna crisis política sufrimos es por culpa exclusiva del Ejecutivo, que se ha embarcado en una gestión destructiva del Estado y además plagada de favoritismos inconducentes y corrupción generalizada. Nada de lo que el gobierno haya hecho mal es culpa de la oposición y nada de lo que no haya podido hacer es responsabilidad del Congreso.

La afinidad ideológica de muchos gobiernos de la región con el régimen de Castillo parece que impedirá que esta misión sea concluyente al respecto y lo más probable es que termine por dar una declaración lírica y una invocación a las “partes” a retomar el diálogo y encaminar mejor la transitabilidad democrática del país. O sea, pura fufulla.

Pero ya ello sería una derrota internacional del gobierno de Castillo, que lo que anhela es un pronunciamiento de la OEA advirtiendo que en el Perú se cocina una estrategia para destruir la democracia y subvertir el orden democrático, interrumpiendo arbitrariamente la permanencia de Castillo en el poder.

Lo cierto es que, constitucionalmente hablando, Castillo ya hace rato no debería estar sentado en Palacio. Las pruebas de corrupción que ha adjuntado el prolijo informe de la Fiscalía de la Nación comprometen al presidente de tal forma, que la incapacidad moral permanente se desprende por sí sola. Pero Castillo ha cooptado antidemocráticamente a una parte del Congreso (¿se atreverá a decir algo la OEA sobre semejante atentado contra la voluntad popular?) y solo por ello ha logrado sobrevivir a lo que no es un ataque golpista de la derecha enfurecida e intransigente, sino el resultado de sus propias inconductas, mediocridades e inmoralidades.

La del estribo: solo el hecho de ver al gran Alberto Isola hacer por primera vez en su vida un monólogo ya justificaría acudir a ver Conferencia sobre la lluvia, pero que, además, estemos ante una puesta en escena de un texto de Juan Villoro y la dirección de Marco Muhletaler, termina por cerrar el círculo de convicción. Va en el Centro Cultural de la PUCP hasta el 5 de diciembre.

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corrupción, OEA

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