Juan Carlos Tafur

¿No hay quien piense en Palacio?

“¿Ha calculado y sopesado el gobierno qué sucedería si efectivamente no son solo fuegos de artificio sino que estamos ante una pretensión real de disolver el Congreso y convocar a nuevas elecciones parlamentarias? ¿Cree acaso que las va a ganar abrumadoramente?”

¿Ha calculado y sopesado el gobierno qué sucedería si efectivamente no son solo fuegos de artificio sino que estamos ante una pretensión real de disolver el Congreso y convocar a nuevas elecciones parlamentarias? ¿Cree acaso que las va a ganar abrumadoramente?

Lo más probable, dado el profundo descrédito del oficialismo y más aún del partido que lo llevó a Palacio –Perú Libre-, sumado al colapso político y moral de Juntos por el Perú, es que la izquierda no reedite la jornada del 2021 y saque mucho menos congresistas que en aquella oportunidad (y que con el esfuerzo adicional de cooptación ilegítima de parlamentarios provincianos de otros partidos, le ha permitido al gobierno blindarse frente a una probable vacancia).

Es claramente posible y con alta probabilidad de ocurrencia, que la ganadora de una jornada electoral parlamentaria sea la centroderecha y que, dados los antecedentes políticos y penales del régimen, esta vez no le dé tiempo a trazar una nueva estrategia de cooptación y rápidamente sea vacado el precario inquilino palaciego.

Se equivoca de cabo a rabo Palacio si cree que disuelto el Congreso y convocadas nuevas elecciones, podrá imponer la narrativa victimizadora que hoy le permite subir en las encuestas y obtener acaso una mayoría congresal que le facilite los eventuales propósitos de refundación constitucional que aún lo alientan. Es una vana ilusión la que alimenta semejante supuesto.

Le ocurriría probablemente lo mismo que a Vizcarra, quien disolvió un Congreso adverso, que efectivamente lo quería vacar, para terminar siendo vacado por el nuevo Legislativo convocado por elecciones ad hoc (aunque, claro, Vizcarra cometió el grueso error de no presentar lista congresal, quedando inerme frente al poder de la plaza Bolívar).

La pataleta anticonstitucional del premier Aníbal Torres está conduciendo al presidente al abismo político, a una situación de zozobra mayor (¿alguien, por ejemplo, va a invertir si disuelve el Congreso y convoca nuevas elecciones parlamentarias?) y a un riesgo que no figuraba en su horizonte político real (acabar su mandato antes del 2026).

Porque es claro que, tal como están dadas las cosas, Castillo va a culminar su mandato. No hay ni los votos ni la intención real de la oposición congresal de sacarlo de Palacio y correr el riesgo de anticipar elecciones generales. La lógica tácita es que se queden todos.

Pero si Castillo patea el tablero, disuelve inconstitucionalmente el Congreso y convoca nuevas elecciones, abre una caja de Pandora, que lo más probable es que termine por hacer realidad su temor de ser expectorado de Palacio antes del plazo original de su mandato.

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anibal torres, Congreso

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