Lerner, Roberto

Yo y las circunstancias

"Está fresco, hablando de umbrales el final de mi segunda década cuando dispuesto a salir como una flecha del partidor escuché el pistoletazo que en lugar de dar pase a una difícil pero fascinante carrera hacia la meta, significó dar media vuelta, encierro domiciliario y rostro encubierto. Culminé, con bastante éxito, frente a una pantalla, mi carrera universitaria."

Nací en el 2000, envuelto en el papel de regalo colorido y optimista de un cambio de siglo.  Está fresco, hablando de umbrales el final de mi segunda década cuando dispuesto a salir como una flecha del partidor escuché el pistoletazo que en lugar de dar pase a una difícil pero fascinante carrera hacia la meta, significó dar media vuelta, encierro domiciliario y rostro encubierto. Culminé, con bastante éxito, frente a una pantalla, mi carrera universitaria. 

Ahora contemplo, asustado, las contornos borrosos de infinitos futuros posibles. Sé que soy inteligente, de hecho provengo de un entorno relativamente privilegiado y puedo responder sin complejos a la limeñísima interrogante de en qué colegio estudié. Y, sin embargo, aunque no viví ni uno ni otro, identifico mi sello de origen más en las torres gemelas que en la algarabía del nuevo milenio. Se levanta el telón de la pospandemia y me siento como si fuera un ave migratoria: le toca a mi generación emprender el vuelo. Me parece que nada de lo que he aprendido hasta ahora, ninguna de las herramientas que heredé o adquirí, me van a servir para orientarme en la travesía y llegar a un destino que valga la pena. 

Desde  el futuro, la mejor versión de mí mismo se burla y me grita que lo más probable es que nunca deje de ser un triste borrador, un simple bosquejo, pasmado en medio de hace no mucho inesperadas recesiones económicas, tragedias climáticas, guerreras naciones y nuevas rondas virales. 

Lo anterior es el resumen de lo dicho por un grupo de recién egresados de varias universidades, una suerte de “yo tengo una pesadilla” coral. ¿Alguien en su sano juicio podría desconocer la magnitud de las dificultades señaladas? 

Pero reducir las angustias al contexto es una trampa para quienes educamos y orientamos. Mejor  situarnos en los meandros del ciclo vital y ubicar lo que significa el final de la adolescencia y el comienzo de la vida adulta, en cualquier circunstancia, que de todas formas uno no escoge. 

Emerger de una turbulenta etapa donde todo es posible y pararse en la tabla cuando hay que correr una ola, esa ola, no cualquier potencial ola, es muy difícil. El miedo de ser el gato de Schrodinger en un estado particular —una identidad asentada— es real y potente. La conciencia de que nuestras acciones tienen consecuencias reales, aunque aún no asomen achaques articulares y divorcios incurables, es perturbadora. Sí, es verdad, nuestro yo futuro es un extraño. 

Definir las tareas propias de una etapa, las tareas de desarrollo, ponerles un nombre, establecer objetivos realistas, criterios para evaluar logros, así como anticipar riesgos y peligros, ayudar a descubrir recursos personales y colectivos, es lo que hicimos en la segunda parte del encuentro. Negar el pertubador curso de los acontecimientos, aquí en nuestro país y en el resto de coordenadas geográficas, es torpe; pero explicar todas las emociones en función de ese escenario es renunciar al poder de la educación.  

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adolescentes, Pandemia, traumas

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