Juan Carlos Tafur

Papelón de la OEA y del gobierno

“Es, claramente, un papelón político del oficialismo. El gobierno de Castillo no ha logrado convencer a una misión de cuya simpatía previa gozaba, de que en el Perú se preparaba un golpe de Estado en su contra”

Como era de esperarse, la misión de la OEA que visitó el Perú arrojó un informe preliminar que no se aparta de sus protocolos habituales cuando no quiere pronunciarse efectivamente sobre un problema: invocación al diálogo, a la tregua política, a la no polarización.

Pero es, sin embargo, un papelón político del oficialismo. El gobierno de Castillo no ha logrado convencer a una misión de cuya simpatía previa gozaba, de que en el Perú se preparaba un golpe de Estado en su contra. Más bien, si la misión hubiera venido algunos días después de las fechas en las que estuvo presente, tendría que haber concluido que la mayor amenaza a la estabilidad democrática del país provenía del propio Ejecutivo, que inconstitucionalmente quería disolver el Congreso y convocar nuevas elecciones generales (felizmente, con rapidez, el Tribunal Constitucional, le ha puesto coto a semejante barbaridad política).

La OEA no se iba a pronunciar, bajo ninguna consideración, sobre política interna; no obstante, resalta una ausencia notable, como es la referencia a las graves denuncias de corrupción que pesan sobre el presidente y que son la matriz de la crisis política que transitamos, amén de su absoluta falta de idoneidad en el manejo correcto de las políticas públicas (la volatilidad ministerial –que no es responsabilidad de la oposición- y la pauperización tecnocrática del Estado, son causas de ello).

Sobre ese tema, la OEA se hace de la vista gorda y no se pronuncia. Ha puesto la mira de soslayo, sin duda, por simpatía ideológica con un gobernante presuntamente de izquierda y la conformación básicamente inclinada hacia esa ideología de la comisión visitante.

Pero lo que merece mayor énfasis, cabe reiterar, es el fracaso diplomático y político del gobierno, porque no ha logrado su propósito esencial, que era denunciar una estrategia golpista de la oposición derechista y que era ello lo que amenazaba la estabilidad democrática del país. De eso, ni un renglón en el informe preliminar de la OEA. Por lo menos, no se tragado el sapo expuesto por el canciller Landa en la sesión extraordinaria del 20 de octubre.

Vemos difícil que la oposición logre sacar democrática y constitucionalmente a Castillo del poder. Pero no es posible negarle el derecho legítimo de intentarlo dentro de los cauces que la propia Constitución establece. Eso no es golpismo. Eso es democracia y Castillo, luego del traspiés de la OEA, debería empezar a entenderlo.

-La del estribo: a leer con placer el libro del correcto e inteligente periodista deportivo, Juan Carlos Ortecho, La fe de ayer, amor, fútbol y revolución, una novela que nos habla de fútbol, de política, de dictaduras, del terrorismo, bajo la perspectiva de una mirada infantil, que incluye a toda una generación que se va a identificar con el imaginario que recorre este libro editado por Plaza Janés.

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Castillo, OEA

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