reconciliación nacional

Por una reconciliación nacional

"Los acuerdos a donde se debe dirigir para reestablecer el orden tienen que ver con reformas importantes en lo político y económico, con un componente simbólico-cultural, de un país de todas las sangres."

Durante la semana que acaba de pasar hemos sido testigos de cómo miles de peruanos se han manifestado en las calles, principalmente, en Lima. No cabe duda de que en regiones como Puno y Arequipa hubo violencia a la hora de manifestarse, pero ha sido en la capital donde se concentró el activo importante de las protestas sociales, que ya llevan semanas de organización. 

El Perú, frente a esta situación, se encuentra polarizado, evidenciando claramente las fracturas sociales que tienen un componente histórico (legado de la violencia política y terrorismo) y coyuntural (crisis política producida a partir del autogolpe de estado de Pedro Castillo), el cual ha generado la imposibilidad -por el momento- de no llegar a acuerdos necesarios para calmar la situación crítica.

El estigma hacia la lógica y significado de la protesta es fuerte. Por un lado, tenemos la mirada que se fija en que toda la manifestación proviene de un interés y práctica senderista. Y los ejemplos sobran alrededor de esta mirada: incendios provocados a instituciones públicas y privadas. Por otro lado, tenemos la percepción de que todo lo que tenemos en la capital es básicamente frente al cual hay que luchar porque es a partir de allí que se generaron la exclusión de las otras regiones del Perú.

En ambas percepciones existen argumentos válidos, pero habría que pensar que la lógica y el significado de la protesta tiene que ver también con que, a partir de una coyuntura política (la salida de Pedro Castillo del poder), se ha puesto de manifiesto la agenda pendiente que tiene el Estado con respecto a la informalidad y todo lo que expresa, así como a la descentralización que se ha quedado trunca y que no tiene acercamiento a los circuitos económicos y sociales que se han generado desde hace décadas. 

Es ahí a donde se debe apuntar para reconstruir los lazos sociales en el Perú. No todo lo expresa el movimiento de la protesta es terrorista, así como Lima no es excluyente, dado que expresa -de manera importante- la migración del campo a la ciudad. Los acuerdos a donde se debe dirigir para reestablecer el orden tienen que ver con reformas importantes en lo político y económico, con un componente simbólico-cultural, de un país de todas las sangres.

A doscientos años, aún el país tiene el enorme reto de ir hacia la consolidación de la nación peruana, aún en construcción. Ese es el acuerdo que necesitamos para una reconciliación nacional en estos momentos crispados o de polarización política.

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