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La plazuela del cardenal encubridor

"...para el cardenal Wetter la cosa resultó aun peor, de color hormiga, pues el informe documentaba 21 casos en los que su eminencia había afrontado con tibieza y negligencia abusos sexuales de los cuales tuvo conocimiento."

Landau es una ciudad alemana en la región del Palatinado del Sur con una población de cerca de 47 mil habitantes. A unos 11 kilómetros de Kleinfischlingen, el pueblito rural donde actualmente resido, es la ciudad que más cerca me queda. Y allí se encuentra la Marienkirche —la iglesia de María—, el templo católico más grande de todo el Palatinado del Sur, un imponente edificio catedralicio de estilo neo-románico, conocido popularmente entre la gente como la “catedral de Landau”. Delante del templo se encuentra una plazuela innominada hasta agosto de 2020, cuando, en una ceremonia donde estuvo presente el alcalde la ciudad, recibió el nombre de “Plazuela del Cardenal Wetter”, en honor a Friedrich Wetter (1928- ), un clérigo oriundo de la ciudad que llegó a a ser obispo de Espira (de 1968 a 1982) y posteriormente arzobispo de Múnich y Freising (de 1982 a 2007), siendo elevado a la dignidad cardenalicia el 25 de mayo de 1985. En 1994 la administración municipal de Landau le había concedido la ciudadanía honoraria y en 2008 la Academia Católica de Baviera creó el Premio Cardenal Wetter para galardonar anualmente disertaciones o tesis teológicas destinadas a que sus autores accedan a cátedras universitarias, que se distinguieran por su excelencia.

¿Broche de oro para una vida dedicada al servicio de la Iglesia católica? Por lo menos, eso parecía hasta que el 20 de enero de 2022 se hizo público el Informe sobre Abusos Sexuales en Múnich encargado por la arquidiócesis de Múnich y Fresing al bufete de abogados Westpfahl Spilker Wastl, informe independiente que, con más de 1800 páginas, fue realizado con mucho profesionalismo. Este mismo informe es el que determinó que el cardenal Joseph Ratzinger y futuro Papa Benedicto XVI, predecesor de Wetter en la sede episcopal de Múnich (de 1977 a 1982), había actuado incorrectamente en cuatro casos de abusos de los cuales había tenido conocimiento, protegiendo a los abusadores y desatendiendo a las víctimas. Pero para el cardenal Wetter la cosa resultó aun peor, de color hormiga, pues el informe documentaba 21 casos en los que su eminencia había afrontado con tibieza y negligencia abusos sexuales de los cuales tuvo conocimiento. El caso más grave es el del cura H. que, no obstante saberse las imputaciones de abusos sexuales que tenía e incluso haber sido sentenciado por un tribunal de Bavaria, siguió siendo asignado a diversos puestos pastorales, donde tuvo la oportunidad de seguir cometiendo abusos.

El cardenal Wetter, en su respuesta escrita a la diversas acusaciones —que también fue considerada en el informe—, no niega los hechos, pero en muchos casos rehuye su responsabilidad, aduciendo las normas vigentes entonces y la conciencia que se tenía de la problemática de los abusos sexuales clericales y de la eficacia de los tratamientos terapéuticos para clérigos abusadores. De todos modos, pidió disculpas por no haber actuado de otra manera. Se sentía lleno de vergüenza y tristeza de, por lo menos en el caso del cura H., no haber estado a la altura de su responsabilidad como arzobispo de Múnich y Freising en la protección de niños y jóvenes. A raíz de todo esto, renunció a su ciudadanía honoraria en Landau. Pero no hubo ninguna otra consecuencia más para el ya nonagenario eclesiástico.

Queda todavía la plazuela nombrada en su honor. Si bien hay ciudadanos que han propuesto un cambio de nombre —pues resulta insostenible que haya un lugar que recuerde continuamente a un encubridor, por más que no haya habido necesariamente dolo en su proceder—, la administración municipal de Landau ha preferido lavarse las manos. La plazuela no tiene ninguna importancia postal —es decir, no existe ningún buzón de correo receptor de correspondencia en el lugar— y se halla en un terreno eclesiástico. Por lo tanto —según un comunicado municipal oficial— le correspondería a la Iglesia católica —en este caso, la diócesis de Espira— tomar las medidas que considere pertinentes. Los gremios eclesiásticos de Landau han recomendado al obispado de Espira la posibilidad de un cambio de nombre de este espacio público delante de la iglesia de María. Sin embargo, la decisión recién se tomaría cuando se tengan los resultados de un estudio independiente sobre abusos sexuales en la diócesis de Espira, que ya se tiene planeado.

No hay que hacer muchas elucubraciones para suponer que también se le encontrarán trapos sucios al cardenal Wetter si se realiza este estudio. Un hombre de 55 años proveniente del Palatinado del Sur, que habló con una redactora del periódico regional Die Rheinpfalz, tiene la certeza de que el cardenal Wetter también es responsable de negligencia en el manejo de abusos cuando era obispo de Espira. Pues él mismo fue víctima de abusos dentro de esa circunscripción eclesiástica, en el municipio de Dannstadt-Schauernheim, cuando era un niño en edad escolar. El párroco local, asignado al lugar en 1972, era también el encargado de la clase de religión en la escuela primaria. En septiembre de 1975 cometió acciones que califican como abusos sexuales, lo cual en 1978 llevaría a un proceso ante el tribunal de distrito de Frankenthal, que finalizaría con una sentencia firme contra el inculpado. Se le acusó de que, durante clases de religión en el primer y tercer grado de la escuela, había impartido educación sexual sin autorización y les había solicitado a varios niños que se desnudaran para mostrar las diferencias sexuales entre niños y niñas. Cuando se supo lo que había hecho, llamó a algunos padres de familia por teléfono para disculparse, aduciendo que sus motivos habían sido puramente pedagógicos. Posteriormente esta justificación sería desecjada por el tribunal de Frankentahl, que le abrió proceso debido a una denuncia anónima. Sobre los hechos delictivos que se le imputaban al párroco no hubo ninguna duda. Aún así, la pena fue benévola. Teniendo en cuenta que el acusado había admitido su mal proceder y se había disculpado, que por lo visto a los niños no se les había infligido ningún daño y que los padres de familia no estaban interesados en una sanción penal del párroco, se le obligó solamente al pago de 7,500 marcos, equivalentes a unos 10,500 euros actuales.

Ya en 1975/76, una vez que se tuvo conocimiento de los abusos, el cura fue trasladado al pueblo de Dahn para asumir las funciones de capellán en el hospital católico San José, a la vez que se encargaba de celebrar misas en el vecino pueblo de Erfweiler, donde murió en 2003 a los 70 años de edad y fue enterrado en el cementerio local, sin que nadie en ambas localidades supiera nada de su pasado.

Y esto es lo que le fastidia enormemente a la víctima que habló con Die Rheinpfalz. ¿Cómo pudo seguir en funciones pastorales, teniendo contacto con personas vulnerables, después de lo que había hecho con los niños de una escuela primaria? ¿Cómo los jueces de entonces determinaron que no había daño palpable en los menores, cuando él —a sus 55 años— todavía siente como que le ha quedado una mancha oscura desde aquellos tiempos, un tumor interior en el alma, que sólo ha podido aliviar cuando ha decidido contar su historia? ¿Qué responsabilidad tuvo el cardenal Wetter, entonces obispo de Espira, en haber protegido al abusador y permitirle seguir en el trabajo pastoral, sin haberle abierto jamás un proceso canónico?

En conclusión, no debería haber ninguna calle, ningún lugar, ninguna edificación, mucho menos una plazuela ubicada en el centro histórico de una ciudad, que lleve el nombre del cardenal Wetter. Se estatuiría un ejemplo que debería seguirse con otros nombres de eminencias eclesiásticas, como el del Papa Benedicto XVI, quien actuó con negligencia en varios de pederastia eclesial, y sobre todo el del Papa Juan Pablo II, protector de de pederastas, entre ellos el P. Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo y responsable de abusos que califican como delitos. Y cuando el periodista holandés Ekke Overbeek publique su investigación sobre los actos de encubrimiento que habría perpetrado el Papa Karol Wojtyla cuando era arzobispo de Cracovia (Polonia), sería un escándalo de proporciones inconmensurables no sólo que haya lugares que lleven su nombre, sino también que siga siendo considerado un santo de la Iglesia católica.

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Friedrich Wetter, Papa Juan Pablo II, Papa Karol Wojtyla

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