Violencia de género

En nuestro país, el 51% de los puestos junior en las empresas es ocupado por mujeres, pero más del 99% de los altos cargos gerenciales aún son ocupados por hombres, de acuerdo a un reciente estudio del portal Bumeran. Pese a que las pruebas son claras, respecto de la brecha salarial y gerencial, un 30% de personas en el Perú, cree que los informes sobre la brecha de género son noticias falsas, según un estudio de Ipsos.

Si bien se han dado importantes avances contra este flagelo en los últimos años, así como la grave violencia de género que sufren las mujeres en el Perú, aún existen barreras que superar. Se trata de una situación que debe cambiar con urgencia y solo será posible lograrlo con una verdadera política de meritocracia y acceso a igualdad de oportunidades.

En ese sentido, la Comunidad de Líderes por La Equidad de Género de IPAE Asociación Empresarial, hizo un llamado a los líderes empresariales del país a asumir un rol activo y generar un cambio dentro de sus instituciones. “Cada uno de nosotros, desde el sector privado, público, así como la academia y la sociedad civil estamos llamados a eliminar estas prácticas desde nuestro ámbito de acción”, indicó Elena Conterno, presidenta de IPAE.

Asimismo, tomando como referencia los Principios de Equidad de Género de IPAE Asociación Empresarial, el Comité de Líderes por la Equidad de Género, junto a GenderLab y otros aliados, brinda tres recomendaciones a aplicar por las organizaciones para ser espacios libres de violencia de género:

-Crear canales de atención: idóneos y efectivos para proteger a quienes sufren violencia y sancionar a aquellas personas que la ejecuten. Para ello, es importante contar con procedimientos claros, sencillos, eficaces y empáticos para atender casos de hostigamiento sexual laboral y otro tipo de violencia.

-Concientización de la problemática: mediante la promoción de conversaciones y espacios en las empresas sobre causas y consecuencias de la violencia.

-Compromiso de cambio genuino hacia la igualdad: a través de la adopción de políticas, objetivos e indicadores claros para la construcción de organizaciones más igualitarias, diversas e inclusivas.

A la fecha, son 139 instituciones a nivel nacional, de todo tamaño y giro de negocio, que conforman la Comunidad de Líderes por la Equidad de Género. Ello significa que desde sus espacios se encuentran comprometidos con promover la equidad de género a través del impulso y defensa de los principios para la equidad de género, la implementación de sensibilización y la toma de conciencia en sus organizaciones de esta problemática, así como el impulso de una agenda de cambio en beneficio de todos y todas.

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Acoso, Empresas, Violencia de género

En el calor de la segunda vuelta, cuando el ahora presidente Pedro Castillo fue a Cusco, jóvenes feministas salieron a las calles a darle el encuentro en apoyo crítico a su candidatura. Le dijeron fuerte y claro, carteles en mano, pero de manera fraterna: “Profe, sin feminismo no hay revolución”. En el ánimo de esta escena, que grafica claramente que se puede colaborar con el proceso de cambio al tiempo que se apuntan debilidades, me quiero referir a lo ocurrido con el presidente del Consejo de Ministros, Guido Bellido, en los últimos días.

El primer ministro ha dado un conjunto de declaraciones inaceptables sobre el grave problema de la violencia de género, banalizando la emergencia nacional que vivimos las mujeres todos los días: acoso, violencia física, psicológica y sexual, desapariciones, feminicidios y más.

Cuando Bellido sugiere a las mujeres que antes de denunciar violencia pensemos en los hombres de nuestras familias, y desliza, además, que el tema no es prioritario; revela un profundo desconocimiento e insensibilidad. Peor aún, de confirmarse que le habría dicho a la congresista Chirinos “ahora solo falta que te violen” como ella sostiene, ya estaríamos ante un político que ejerce violencia machista. En cualquier caso, no debería liderar el gabinete de un gobierno de cambio.

Decir esto no significa “hacerle el juego a la derecha”. Cancelar la crítica feminista con esta y otras expresiones redobla la banalización y minorización de la violencia de género y evade la complejidad de las opresiones al jerarquizar un eje de confrontación (izquierda – derecha) por sobre cualquier otro. Más peligroso todavía, exige un bajado de banderas y silenciamiento incluso violento. Hace poco me dijeron “Kaviar infeliz” y “Fujimorista asolapada”, entre otros insultos vía redes sociales, por criticar la homofobia del primer ministro. 

No se puede dejar de lado la instrumentalización de la lucha contra la violencia de género desde los sectores golpistas. Es inverosímil que de pronto el fujimorismo esterilizador de mujeres campesinas y aliado de los anti-derechos muestre tremenda indignación por la actitud misógina y homofóbica de Bellido. Toca también desenmascarar estos intentos como ya se ha venido haciendo desde diversos sectores de los feminismos con trayectoria de lucha y compromiso. Sin embargo, no por ello vamos a dejar de decirle al gobierno lo que está haciendo mal y demandar que rectifique. 

Sin duda, nuestro país es altamente racista y la presencia en las altas esferas del gobierno de políticos que proceden de un sector históricamente marginado levanta resistencias colonialistas. Esto hay que rechazarlo con contundencia, pero también rechazar y desmontar los argumentos culturalistas que pretenden banalizar la violencia de género y la homofobia. La invasión colonial creó la raza y el racismo sí, pero también exacerbó el sexismo y la homofobia desde un binarismo estrecho que bien haríamos en desterrar de nuestra vida social como parte de un proyecto emancipatorio y anticolonial. 

 

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Guido bellido, Pedro Castillo, Violencia de género

Muchas expresiones de la violencia de género contra las mujeres se encuentran naturalizadas, una de ellas es la violencia verbal, la violencia sexual y sobre todo el acoso. Tras años de luchas intensas de las feministas y de las defensoras de derechos, no se ha logrado subvertir esta situación; sin embargo, si se ha logrado colocar la preocupación en la agenda pública y política.

Ante diferentes episodios de violencia, las feministas y defensoras de derechos siempre hemos expresado nuestro rechazo e indignación, independientemente del matiz político de quiénes fueron agredidas y de los agresores. La violencia de género se ha rechazado de forma permanente, por principio y no dudo que este es el camino correcto y coherente.

Diversas feministas e instituciones se han pronunciado rechazando los hechos de violencia sexista y acoso denunciados en un medio de comunicación por la congresista Patricia Chirinos; se ha exigido investigación y sanción al premier como corresponde, empezando por separarlo inmediatamente del gabinete.

Desde mucho antes se sabe y se ha denunciado la actitud misógina y homofóbica del primer ministro, siendo los hechos narrados por la congresista un suceso inaceptable y que confirma su perfil contrario a los derechos de las mujeres y la igualdad.

De otro lado, no podemos negar el contexto de polarización política que se vive, la oposición al gobierno ha sido permanente, filtrándose discursos autoritarios y manifestaciones racistas cotidianamente. En este contexto, los hechos serán – evidentemente aprovechados por la oposición- pero además por sectores que poco o nada les importa la violencia contra las mujeres, pero que hoy se indignan no porque se han vuelto sensibles a la problemática sino por intereses políticos que van más allá del hecho concreto y del premier.

Creo es importante tener claridad, la conducta, perfil y antecedentes de Guido Bellido lo hacen una persona nefasta para el gabinete, su renuncia debió darse hace mucho. Su actitud misógina, homofóbica, así como su falta de garantías democráticas han sido evidenciadas desde muchas defensoras y – no hay duda- que la actual agresión contra la congresista es repudiable. No obstante, utilizar este contexto en contra del gobierno y de otros ministros/as como la actual Ministra de la Mujer, evidencia que las intenciones son otras y ello desdibuja la lucha contra la violencia hacia las mujeres.

La violencia machista se rechaza, debe ser sancionada venga de donde venga, en cualquier contexto político, sin importar quién fue la agredida y quién fue el agresor; pues no estamos hablando de un problema individual sino colectivo y estructural. Rechacemos la violencia, si, absolutamente, así también rechacemos la utilización de la misma con fines políticos. Aquellos sectores que hoy se indignan con los hechos, si bien tienen mucha razón, deberán ser coherentes y ojalá defiendan el derecho de las mujeres a no sufrir violencia desde la propuesta y aprobación de normas para la igualdad de género. Finalmente, la coherencia es importante.

 

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Guido bellido, Patricia Chirinos, Violencia de género