Releer a Vallejo

"Uno de los problemas (o misterios) filológicos más interesantes de la literatura peruana tiene que ver con la manera en que se nombró y organizó el conjunto de poemas que César Vallejo no alcanzó a ver publicados."

Uno de los problemas (o misterios) filológicos más interesantes de la literatura peruana tiene que ver con la manera en que se nombró y organizó el conjunto de poemas que César Vallejo no alcanzó a ver publicados.

En el mes de julio de 1939, a un año y poco más de la muerte de Vallejo, la viuda del poeta, Georgette Philippart y el historiador Raúl Porras Barrenechea, logran en París la publicación de su poesía póstuma bajo el título de Poemas humanos. Esta edición fundadora contenía también los textos que se conocerían luego como Poemas en prosa, así como los poemas que conformaban España, aparta de mí este cáliz.

El punto es que se ignora de qué manera el poeta habría definido finalmente el orden y la publicación de la mayoría de estos poemas. Desde la edición, ordenamiento y lectura de Georgette y Porras, surgieron otras, que intentaron recomponer las piezas de este rompecabezas. Marco Martos nos ayuda a recordar algunas: Ricardo Silva Santisteban prefirió usar Poemas póstumos; Américo Ferrari los llamó Poemas de París.

Una cuarta posibilidad es la planteada por Juan Larrea –amigo de Vallejo, ambos fundadores de la célebre revista Favorables París Poema–, que divide la producción póstuma de nuestro poeta en dos conjuntos: Nómina huesos y Sermón de la barbarie. Un aspecto interesante de la discusión, siguiendo a Martos, es que el propio Vallejo habría considerado muchos de estos títulos como posibilidad, entre ellos “Libro de poemas humanos” y “Nómina de huesos”.

Dicho esto, estas líneas saludan la aparición de Los poemarios fantasmas de César Vallejo, edición del poeta peruano Jorge Nájar que sigue el planteamiento de Juan Larrea, quien utilizó precisamente la expresión “poemarios fantasmas” para referirse a la producción póstuma de Vallejo.

Volver a Larrea implica releer a Vallejo. Y releer a Vallejo significa enfrentarse a un caleidoscopio, figura que encierra por mérito propio las múltiples direcciones que puede tomar la lectura como acto creativo. Parecería una cuestión de segundo orden discutir si Vallejo decidió o pensó ordenar sus textos de una manera determinada; sin embargo, descorrer ese velo ofrece siempre nuevas posibilidades de sentido.

Nájar describe con puntillosidad el contenido del fantasmal libro vallejiano. Y reflexiona con agudeza: “¿Qué aporta este primer libro fantasma? [se refiere a Nómina de huesos] En primer lugar, la hegemonía en Vallejo de la poesía sobre todas las otras exigencias de la vida. Además de lo que él mismo dejó anotado en una de sus libretas: ´No es poeta el que hoy pasa insensible a la tragedia obrera…´, estamos ante la confirmación de que en su obra plantea una de las poesías más intensas del siglo XX escrita por un bárbaro escapado de una aldea andina para venir a extraviarse en el río de las calles de la ciudad más cosmopolita en los días previos a la Segunda Guerra Mundial” (p.25).

A eso se añade que esta poesía, aunque mantiene lazos con Trilce, apunta a nuevos derroteros: la confrontación de la experiencia urbana, una reescritura de los vínculos materno-filiales, el relativo alivio de su angustia existencial por el entusiasmo que provoca el socialismo en el poeta y por supuesto la sutil construcción de una identidad que mira al universo sin descuidar la presencia andina. Según Wolfang Iser, en el vínculo entre el texto y el lector se halla la única posibilidad de vida del texto y para ello es necesario que el lector tenga una postura proactiva. Esta edición de Vallejo según Larrea y acometida con rigor por Jorge Nájar nos invita, justamente, a reavivar el fuego de la lectura.

 

Los poemarios fantasmas de César Vallejo. Jorge Nájar. Lima: Sinco Editores, 2022.

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César Vallejo, Literatura peruana, poesía peruana

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