Alan-Salinas

Encuestas y elecciones

“Siempre he pensado que las encuestas revelan la foto del momento de una determinada circunstancia política y no la gran foto, vale decir, el proceso político”.

Siempre he pensado que las encuestas revelan la foto del momento de una determinada circunstancia política y no la gran foto, vale decir, el proceso político. Por eso, siempre he sido cuidadoso con los datos que nos presentan las encuestadoras con respecto a las preferencias electorales de caras a las elecciones de abril de este año. 

Y sostengo ello, debido a que en un sistema de partido peruano bastante frágil, la volatilidad electoral tiende a ser la constante. Sino apreciemos lo que está pasando últimamente. La novedad que representó en cierto momento César Acuña, pasó luego al candidato Julio Guzmán y-ahora- lo apreciamos en George Forsyth. Y sostengo ello también, porque en las elecciones del 2011, Alejandro Toledo lideraba las intenciones de voto hasta el mes de febrero. Llegada las elecciones, quedó en cuarto lugar. 

De acuerdo a estos datos, uno puede interpretar que el electorado peruano siente un hartazgo hacia la oferta electoral estable. La novedad política –en este marco- cobra protagonismo. Pero lo nuevo no termina de convencer. Vale decir, hasta el momento, no se puede apreciar constancia de un candidato en un determinado lugar de las preferencias electorales.

Existe también el rechazo a lo ya existente. Ante la pregunta, “¿por quién no votaría?” La respuesta en mayor proporción la tienen el fujimorismo y el aprismo. Este dato refleja también que existen ciertas divisiones políticas que marcan una tendencia en el electorado.

Pero si uno revisa detenidamente otros datos de estas últimas encuestas, puede apreciar que en el imaginario del electorado prefieren un candidato con experiencia política para gobernar un país. Eso es un indicador que –en estos casi cuatro procesos electorales presidenciales y parlamentarios- el electorado está aprendiendo a votar. Obvio que puede equivocarse. Pero nos refleja algo.

Entonces, ante lo nuevo en política que no termina cuajar, ni de ser consistente en el tiempo (léase liderazgo y organización), y ante un gobierno mediocre como el de Castillo (que en su momento significó novedad), lo ya existente–con experiencia político- puede tomar protagonismo. Tengamos en cuenta algo: en un sistema frágil, la habilidad política cobra protagonismo.

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Elecciones, Encuestas, experiencia política, Liderazgo, organización

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