Keiko Fujimori

Tantas veces Keiko …

La polarización que genera el fujimorismo y en especial su lideresa, Keiko Fujimori, tuvo su clímax en la segunda vuelta electoral del 2021, cuando por escasos 40,000 votos, los peruanos elegimos como presidente, al radical de izquierda, hoy golpista y preso en la Diroes, Pedro Castillo.

La polarización que genera el fujimorismo y en especial su lideresa, Keiko Fujimori, tuvo su clímax en la segunda vuelta electoral del 2021, cuando por escasos 40,000 votos, los peruanos elegimos como presidente, al radical de izquierda, hoy golpista y preso en la Diroes, Pedro Castillo.

Keiko Fujimori ha cometido graves errores en su accionar político, quizás el mayor fue el de abusar de su mayoría parlamentaria al principio del quinquenio del 2016, fomentando incluso la renuncia de Pedro Pablo Kuczynski (PPK). 

Es cierto también que se ha generado en el imaginario colectivo, una especie de demonización del personaje Keiko Fujimori, que difícilmente podrá ser modificado, sobre todo en las mentes donde prima la pasión más que la razón. Incluso el director de medio digital (Sudaca.pe), Juan Carlos Tafur, en su columna del 15 de febrero pasado: “¡Ya no Keiko!”, la hace responsable del desenlace que terminó con Castillo en la casa de Pizarro.

Pero si alguien, por su experiencia, bagaje internacional y supuesta sapiencia, debió tender la mano para proponer una cohabitación a la francesa, era el mismo PPK, ya que su gobierno era políticamente inviable al no tener mayoría parlamentaria.

Coincido con Tafur en que es necesaria una nueva derecha, liberal en lo económico y liberal en lo social, que agrupe el voto de la centroderecha y la derecha progresista, a la cual me adhiero. Pero también es cierto que los momentos que vive el Perú, que nos recuerda, a quienes pasamos los 40 años, a aquellos años violentos donde el terrorismo casi termina por conquistarnos, evocan a Alberto Fujimori como el líder que derrotó al terrorismo y al caos; y puede devolver al fujimorismo, más por nostalgia que por acciones de su actual lideresa, un protagonismo político determinante en las próximas elecciones generales del 2026.

Por ello que el escenario de un adelanto de elecciones, donde Keiko Fujimori ha dicho claramente que no participará guardándose para el 2026, solo será posible por renuncia o vacancia de Dina Boluarte, o por un pacto mágico congresal de adelanto de elecciones complementarias para completar el período 2021-2026.

Este último, el de adelanto de elecciones complementarias, es el mejor escenario para Keiko. Le permite fomentar una coalición de derecha conservadora donde ella no sería la candidata, que muy probablemente no gane las complementarias pero que le lavaría la cara, sobre todo si se anima a postular al congreso. ¿Se imaginan a Keiko como presidenta del congreso, conciliadora, sonriente, sin extremos, pero firme?

La política es como una pelota. Un día estás en la parte de arriba, al otro puedes estar abajo. Sino acordémonos del regreso triunfal de Alan García en el 2006, ¡Quien iba a pensar que después del desastre que nos dejó en su primer quinquenio lo íbamos a elegir para un segundo mandato!

Keiko es una mujer joven, cumplirá 50 años en mayo del 2026, y es la líder del partido más organizado del país, con bases a lo largo y ancho del territorio nacional. Un acto de desprendimiento, como el de no postular a las elecciones adelantadas complementarias y acciones palpables de buscar reales consensos (quien sabe desde un nuevo congreso), pueden repotenciar a una candidata, hoy demonizada, en la alternativa de una derecha conservadora con el lema, a la brasileña, de orden y progreso.

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Keiko Fujimori, política peruana

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