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Blanca Varela a viva voz

Blanca Varela pertenece a la gran Generación del 50 y es una de las poetas más importantes de nuestra tradició

Las entrevistas a un escritor registran no solo palabras de coyuntura (la publicación de un nuevo libro o un premio son siempre motivos), sino además van fijando la sensibilidad, el carácter, el temperamento y las ideas con las cuales se ha construido el particular universo en que habita cada creador. Una vez reunidas estas conversaciones, uno como lector queda ante una suerte de fresco verbal, la reconstrucción de un testimonio personal y un ordenamiento del proceso mental y creativo a través del flujo de las palabras. El género confirma, de paso, la especie de hermandad que existe entre el periodismo y la literatura.

 

Digo todo esto motivado por la reciente aparición de un verdadero tesoro: Entrevistas a Blanca Varela, compiladas impecablemente por Jorge Valverde Oliveros. El volumen está ordenado cronológicamente, ha sido ilustrado con fotografías de alta calidad (algunas poco conocidas) y al final del volumen una rigurosa cronología biográfica nos impide olvidar el tránsito vital y literario de nuestra gran poeta.

 

Cierto es que no todas las entrevistas ofrecen el mismo atractivo, aunque debemos apuntar que, en un horizonte común, ninguna de estas piezas carece de valor documental, algo que en última instancia constituye la aspiración natural de todo texto que, como una entrevista, contenga el diálogo con una figura de los quilates de Blanca Varela.

 

Como sabemos, Blanca Varela pertenece a la gran Generación del 50 y es una de las poetas más importantes de nuestra tradición. Ajena a esa inútil polémica entre “puros” y “sociales”, Varela resuelve el falso dilema con una poesía cargada de tinte existencial, que expresa la condición femenina no desde una propuesta programática sino desde el propio tejido metafórico de sus poemas, entre los más notables, “Monsieur Monod no sabe cantar”, de donde cito: “Querido mío/ te recuerdo como la mejor canción/ esa apoteosis de gallos y estrellas que ya no eres/ que ya no soy que ya no seremos/ y sin embargo muy bien sabemos ambos/ que hablo por la boca pintada del silencio/ con agonía de mosca/ al final del verano (…)” .

 

Una poeta que apostó muchas veces por el minimalismo, la expresión desnuda y contenida de las palabras fue, coincidentemente, una mujer de pocas palabras, poco tolerante a los asedios mediáticos, pero capaz de declarar siempre con honestidad sobre sí misma y su proceso artístico. Así, en la página 55, por ejemplo, Peter Elmore y Federico de Cárdenas le preguntan: “¿Qué tipo de escritora cree que es?” Llega sin demora la respuesta: “Miren, creo que hay dos tipos de escritores: los que escriben desde la conciencia y los que escriben desde el otro lado, desde una zona muy próxima a la locura. Creo que soy alguien que al trabajar con esta materia tan delgada de la literatura, trata de rescatar algunas cosas, algunas evidencias, de ese otro lado irracional –pero no necesariamente inconsciente– desde el cual escribo”.

 

Por supuesto hay mucho más. Y eso permite trazar un itinerario, algo siempre útil al lector. Hay conversaciones notables desde el punto de vista literario; otras informan de esa tortuosa vitalidad que en Banca Varela era el motor de su propia escritura y una en particular, la discutida entrevista publicada por la revista Casa de Citas, que queda inscrita en una historia de ribetes polémicos. Creo que los lectores más asiduos y leales de Blanca Varela (quisiera sumarme a ellos) encontrarán en este libro eso no dicho en sus poemas, pero igualmente inasible: el misterio de la escritura en palabras igualmente cargadas de misterio.

 

Entrevistas a Blanca Varela. Edición de Jorge Valverde Oliveros. Lima: Isagoria, 2020.

 

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