DANIEL PARODI

Si el mundo fuese racional

“Si la lógica del Estado moderno no remitiese necesariamente a Maquiavelo, Hobbes y Weber, partiríamos a Israel en dos mitades, una para los judíos, que se llamará Israel y otra para los palestinos, que se llamará Palestina. ¿No es esa la enseñanza del rey Salomón?“

Si el mundo fuese racional, en 1947 Israel y Palestina hubiesen dividido territorios. No digo que hubiese sido la solución más justa, sino una que hubiese combinado justicia y poder. Los palestinos ocupan ese lugar hacemiles de años, los judíos fueron expulsados por los romanos a inicios de la era cristiana.

En el siglo XIX, con la explosión de los nacionalismos, surgió el movimiento sionista, que llamó al pueblo judío a formar un hogar nacional en la Tierra Santa de Moisés, es decir, volver 1900 años después. Y así comenzaron paulatinamente a repoblarla, pero allí, reitero, estaban los palestinos, desde siempre. Cuando en 1948 se fundó Israel de manera unilateral y pateando el tablero de las negociaciones que venía realizando la ONU, 10% de la población era judía pero también es verdad que, por lo mismo, los palestinos tampoco querían saber nada con la partición del territorio.

Una clave fundamental es el Islam. Cuando Mahoma en el siglo VII viajó de La Meca a Medina y fundó una nueva religión monoteísta que pobló de adeptos gran parte de Asia, África, y algo de la Europa occidental y balcánica, los judíos hacía siglos que vivían su diáspora. Hacía siglos se habían dispersado por el mundo, más por Europa Central y del Este debido a las prohibiciones del emperador Justiniano en el siglo VI de nuestra era, quien pretendía que todo su Imperio abrase el cristianismo.

En suma, en lo que hoy se conoce como Israel quedaron los palestinos, la mayoría de ellos musulmanes, y una minoría cristiana de la que proviene la mayor parte de la colonia palestina en el Perú. Y alrededor todo el mundo árabe y musulmán con algunos bolsones de cristianismo desperdigados aquí y allá que se hicieron más grandes durante las cruzadas -siglos XI a XIII- y que luego se redujeron hasta la mínima expresión cuando cayó Constantinopla, la otra capital del Imperio Romano, en 1453. Por ello, poco después, Vlad Lepes, o Vlad Dracul, señor feudal de Transilvania tuvo que enfrentar las huestes turcas con métodos poco ortodoxos, hasta que a Bram Stocker se le ocurrió convertirlo en vampiro y situarlo en la convulsa Londres de finales del siglo XIX, revoloteando entre Lucy y Mina.

Por esos mismos años, cuando los judíos comienzan a volver a la Tierra Santa de Moisés, las cosas finalmente estaban parejas entre Occidente y el mundo árabe, había cierto equilibrio estratégico a pesar del apabullante neocolonialismo industrial europeo. Pero en 1948, con la creación del Estado de Israel se rompió de nuevo el equilibrio y volvimos a dar vueltas en círculo, a veces con y a veces en contra de las manijas del reloj de la historia.

La historia de la humanidad es la historia de los imperios, desde que se cayó la semilla del árbol, fecundó en la tierra y la civilización se hizo civilización, es decir, se sedentarizó. Los Egipcios conquistaron a todos a su alrededor, esclavizaron a los judíos, los romanos conquistaron a los egipcios, los incas conquistaron a chancas y huancas, los españoles a todos ellos, también aaztecas etc.

En el siglo XX, ni la democracia, ni los derechos humanos cambiaron eso. Atenas, la madre de la democracia antigua, conquistó por la fuerza todas las polis del Egeo. USA, la madre de la democracia moderna, conquistó al mundo después de la Gran Guerra de 1914, pobló de dictaduras su patio trasero -es decir Latinoamérica- durante la Guerra Fría y ahora lucha por mantener su imperio, China arremete. Pero si fuésemos racionales, y si la lógica del Estado moderno no remitiese necesariamente a Maquiavelo, Hobbes y Weber, partiríamos a Israel en dos mitades, una para los judíos, que se llamará Israel y otra para los palestinos, que se llamará Palestina. ¿No es esa la enseñanza del rey Salomón?

Esta solución, que es humanamente imposible porque el hombre prefiere imperar antes que razonar, no traería la paz inmediata. Los fanáticos de cada bando se atacarían un tiempo más, aunque es posible que, con el tiempo, terminasen acostumbrándose. Igual son pamplinas, Estados Unidos está allí para impedirlo. Si algo nos enseñala historia es que el genocidio nunca se interpuso a losintereses materiales.

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Islam, Tierra Santa

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