Daniel Parodi - Sudaca.Pe

El centro no es un conjunto vacío

"El centro supone defender la democracia del autoritarismo, defender el diálogo del caballazo autoritario, defender el bien común de la corrupción"

En su reciente best seller El Ocaso de la Democracia, La Seducción del Autoritarismo (2021), la afamada periodista y economista polaca Anne Applebaum, columnista para The Washington Post y galardonada con el premio Pulitzer gracias a su obra Gulag, en el genero de no ficción (2004), advierte de un fenómeno mundial que pocos hubiesen podido vaticinar en la década milenio, en los primeros años del siglo XXI, cuando todo era democracia, liberalismo político y felicidad. 

Ya el gran semiólogo francés Tzvetan Todorov nos lo había advertido tempranamente en Los Enemigos íntimos de la Democracia (2012), obra visionaria que advierte que, en los mesianismos políticos, en las tentaciones integristas, en los puntos ciegos del neoliberalismo, en el populismo y en la xenofobia se escondían los antagonistas al modelo inventado por los griegos, basado en la igualdad entre los ciudadanos y cuya finalidad última es el bien común.  

Nueve años después, Applebaum nos demuestra que las advertencias de Todorov se han cumplido todas, y nos cuenta que sus antiguos amigos y amigas que en 2000 formaban, junto con ella, parte de grupos de derecha o centro derecha liberales, en la década pasada han migrado masivamente a posiciones conservadoras, nacionalistas, esencialistas, identitarias, anti-derechos y se han ubicado peligrosamente en los límites de la democracia. Applebaum, que nos dibuja un paisaje de la realidad europea contemporánea, se anima a saltar, de cuando en cuando, a nuestro continente y encuentra en Donald Trump un representante característico de esta derecha conservadora y anti sistémica, que en el Viejo Continente ya controla Hungría y Polonia, pero que viene por más, y el fenómeno es global.

¿Por qué la crisis de la democracia? Es la gran pregunta, el mundo de la postmodernidad, según lo definieron Lyotard, y todos los demás, es un mundo sin paradigmas, sin metarrelatos, con millones de discursos fragmentados y sin asideros aparentes a los que pudiesen aferrarse ciudadanos absolutamente absortos y despistados. En escenarios así, se adviene el miedo, y las respuestas simples, binarias, mejor cuanto más radicales, suelen encontrar gran acogida. Sucedió en el mundo post Primera Guerra Mundial y post Crisis del 29, cada una engendró un fascismo totalitario, el resultado: la guerra más desastrosa de la humanidad.

La sombra de la dictadura

Sigamos en el Perú, al atardecer del 6 de abril de 1992, Alberto Fujimori, sobre una Custer, en el frontis de Palacio, jugueteaba con las masas. Estas lo aclamaban por cerrar el Congreso. Ufano, les preguntó ¿Quieren parlamento o no quieren parlamento? Las masas, eufóricas y sin táper, respondieron al unísono: sin parlamento. Era un pueblo al que Montesinos y sus psicosociales habían logrado aterrorizar, y que ahora canjeaba a gritos su libertad por el supuesto orden que una dictadura podía garantizarle. 

No nos equivoquemos, estamos en tiempos de extremismos, el debate político es extremista, en Europa, en Estados Unidos y en el Perú. Vacar o no a un presidente poco apto, pero sin causales para ser vacado no tendría que ser la discusión del día, sino las mejores leyes y decisiones en bien de la comunidad. Lo primero es lo que caracteriza una sociedad que ha desplazado su debate político a las fronteras de su democracia, al borde del precipicio autoritario; lo segundo es la democracia misma, y es la mejor garantía del progreso. 

El centro, no es pues, un conjunto vacío, el centro no consiste en no ser de izquierda o derecha. El centro supone defender la democracia del autoritarismo, defender el diálogo del caballazo autoritario, defender el bien común de la corrupción, defender los proyectos de desarrollo sobre las agendas que imponen en nuestra política, el narcotráfico y otros proyectos vedados. 

Hoy nuestro centro es muy pequeño. En el congreso contamos con los representantes de Somos Perú y Partido Morado, mientras que fuera de él Perú Republicano, proyecto nuevo que agrupa cuadros de la talla de César Guadalupe, Jorge Yrrivaren, Carlomagno Salcedo, Nancy Goyburo, Wilder Mamani Llica, Juan Fonseca, entre otros, pugna por abrirse un espacio en la política nacional y con una fuerte vocación provinciana. 

Muy recientemente el gobierno estuvo copado por la izquierda radical, mientras que la derecha conservadora y anti sistémica pretende introducirnos en un nuevo quinquenio de crisis política, a punta de reiterados proyectos de vacancia. El centro, entre ambas posiciones, representa la apuesta por el desarrollo, por el gobierno del pueblo, la aspiración por el bien común y la búsqueda de consensos para construir país. Es hora de tomarlo más en cuenta. 

 

 

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Centro, Derecha, Izquierda, política peruana

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