Rafael Letts-El Cancerbrero

El Sentido de la Vida, propuesta de Neil Levy

"En nuestro mundo, uno de los proyectos más significativos en los que podemos participar es la búsqueda de la justicia, que es también la búsqueda de las condiciones bajo las cuales el significado superlativo puede ponerse a disposición de todos."

El filósofo australiano Neil Levy publicó en el 2005 un artículo llamado “Downshifting and Meaning in Life” en el que analiza una tendencia social conocida como “Downshifting” o “Desaceleración” como una forma de búsqueda de sentido en la vida y la compara con su propia propuesta al respecto.

Es un artículo que permite seguir profundizando y comprendiendo aspectos de la búsqueda de sentido en la vida, por lo cual quiero compartir con ustedes el resumen en español que he producido.

Muchas personas están reorientando sus vidas, lejos de la búsqueda de la riqueza y hacia la búsqueda de significado. Están reduciendo el número de horas que trabajan, cambiando de trabajo, trabajando desde casa o renunciando al trabajo por completo. En cada caso, están intercambiando ingresos por tiempo para buscar bienes que consideran valiosos. Este movimiento, de desaceleración, está ganando fuerza día a día.

En este documento, intentaré comenzar a abordar la cuestión del significado de la vida, en lo que respecta a las preocupaciones prácticas de los seguidores de la desaceleración. Argumentaré a favor de una propuesta de la estructura que deben tener las actividades centrales en nuestras vidas, si quieren ser idealmente significativas. 

Considero que los desaceleradores tienen la razón a medias. Están buscando más significado en sus vidas y con frecuencia lo encuentran. Pero en la medida de que busquen un significado superlativo, el tipo de significado más elevado al que podemos tener acceso, están buscando en el lugar equivocado. 

El significado superlativo no se puede comprar, y por lo tanto no se alcanza a través de la búsqueda de la riqueza, se logra paradigmáticamente a través del trabajo: no cualquier tipo de trabajo, sino trabajo con la estructura requerida.

Richard Taylor sugiere que Sísifo, condenado por los dioses a una eternidad de trabajo, representa la vida arquetípicamente sin sentido. La tarea de Sísifo es cargar una enorme roca hasta la cima de una colina, para que después esta ruede hacia abajo y tenga que repetir la tarea una y otra vez indefinidamente. Su vida es el epítome del sinsentido porque es inútil; Sísifo no logra nada, no cambia nada, no tiene nada que mostrar por sus interminables labores. Debido a que su vida carece de objetivo, no tiene sentido.

Es muy plausible pensar que este es el núcleo de la cuestión del significado de la vida: cuando las personas se preguntan por el significado de la vida, preguntan por su objetivo. 

Pero la vida no adquiere sentido en el caso de que se logren metas. Permitamos que Sísifo logre su objetivo y deposite la roca en la cima de la colina: su vida no adquiere así sentido. Un Sísifo condenado a apilar roca tras roca, en la cima de una montaña de rocas en constante crecimiento, difícilmente sería menos lamentable.

Como sugiere David Wiggins, la vida del agricultor que cultiva más maíz para alimentar a más cerdos para comprar más tierra para cultivar más maíz para alimentar a más cerdos no es menos inútil por haber logrado resultados concretos. 

De hecho, este parece ser precisamente el tipo de intuición que motiva a muchos de los desaceleradores. Pueden ser personas con grandes logros, trabajos prestigiosos y riqueza, sin embargo, sienten que sus vidas carecen de sentido, del tipo requerido. ¿Qué tipo de sentido deben tener las vidas para calificar como significativas?

Una vida tiene sentido cuando se orienta hacia metas que trascienden los límites del individuo, metas que son más valiosas que las preocupaciones subjetivas de cualquier persona. Es un sentido, de este tipo, que falta en la vida de Sísifo, el granjero de Wiggins, y en la vida del rico ejecutivo cuya vida parece vacía de importancia.

Por lo tanto, podríamos sugerir que una vida es significativa en caso de que se dedique a (o esté unificada por) la búsqueda de bienes que trasciendan las limitaciones de los individuos. 

Para John Kekes, por ejemplo, una vida significativa es una vida dedicada a la búsqueda de proyectos con los que el agente se identifica y que no son inútiles o triviales. 

Para Robert Nozick, el significado de la vida radica en trascender los límites del yo: una vida significativa se conecta con valores más allá del yo. 

Susan Wolf lo resume sucintamente: “las vidas significativas son vidas de participación activa en proyectos de valor”.

De hecho, parece ser esta definición de significado la que explica mejor las quejas de los desaceleradores respecto a que sus vidas no tenían sentido. Se dedicaban a actividades que tenían un sentido – acumulaban bienes y hacían una diferencia en el mundo – pero este sentido no era suficiente para conferir significado. Sus actividades eran esencialmente, como diría Wiggins, “regresivas y circulares”: no tenían un punto más allá de sí mismas. Los desaceleradores cambian sus vidas para obtener significado: lo hacen precisamente comprometiéndose con bienes más allá de ellos mismos.

Una vida significativa es, por lo tanto, aquella dedicada a (la promoción de) bienes más allá de uno mismo. Esta definición está respaldada por el hecho de que ofrece una explicación convincente de por qué es que las personas a menudo afirman encontrar significado dentro de ciertas actividades, y no en otras.

El significado se encuentra en la actividad científica y en el arte, en la familia y la comunidad, en el activismo político y la filosofía, el deporte y la religión. En cada caso, nos comprometemos con algo que nos trasciende a nosotros mismos, con bienes que no son meramente subjetivos, sino (al menos) intersubjetivos.

Sin embargo, muchas personas no encuentran esta propuesta del significado de la vida plenamente satisfactoria. Anhelan algo más.

¿Por qué? Creo que hay dos razones. La primera es que la solución se puede ver, desde una cierta perspectiva, como una reproducción del problema inicial. Como vimos, una forma en que las vidas pueden dejar de ser significativas es si se centran en actividades que son, en la frase de Wiggins, “regresivas y circulares”. 

Se suponía que conectarse con bienes más allá del yo nos proporcionan una forma de romper el círculo. Pero esta propuesta de significado parece simplemente sustituir un círculo más grande por uno más pequeño. Por un lado, está el agricultor, que cultiva más maíz para alimentar a más cerdos para cultivar más maíz, y por otro el padre que adquiere significado en la crianza de los hijos que adquirirán significado al convertirse en padres a su vez. ¿Por qué este tipo de círculo debería ser más significativo que el primero?

Para Taylor la única diferencia entre nosotros y Sísifo es que mientras él mismo vuelve a bajar la colina para poner su hombro en la roca una vez más, nosotros dejamos esta tarea a nuestros hijos. Una vida circular, una vida que no tiene sentido más allá de la vida misma, es una vida sin sentido, no importa cuán grande sea el círculo de esta vida.

Los comentarios de Taylor sobre Sísifo sugieren una segunda razón para la insatisfacción con la propuesta. Imagínate que a Sísifo se le permitiera comprometerse con bienes más allá de sí mismo. Como vimos, el simple hecho de permitirle apilar roca sobre roca no es suficiente para darle sentido a su vida, ya que no le permitiría comprometerse con un bien real. Pero si se permite que Sísifo use las rocas que reúne para construir “un templo hermoso y duradero” su vida adquiere significado. 

La construcción de templos es plausible pensar, es una actividad valiosa, una con un valor que trasciende nuestras vidas individuales. Ya sea que lo valoremos por su significado religioso, o por su afirmación simbólica del esfuerzo humano en un universo impío, o por su belleza arquitectónica, está claro que participar en esta actividad es paradigmáticamente significativo. Sísifo, el constructor de templos, persigue un proyecto valioso y, por lo tanto, se trasciende a sí mismo.

Sin embargo, hay un serio problema con esta solución. Tal vez, mientras Sísifo se dedique a la construcción de su templo, su vida parece significativa. Pero ahora imaginemos el templo terminado. ¿Ahora que, se pregunta Taylor? ¿Qué imagen se presenta ahora en nuestras mentes? ¡Es precisamente la imagen del aburrimiento infinito! Por lo tanto, lograr nuestros objetivos no puede, de hecho, conferir significado a nuestras vidas. Pero ¿de qué sirve la búsqueda de una meta, con la esperanza de alcanzar así un significado, si reconocemos que su logro no tiene significado?

Algunas personas podrían verse tentadas a argumentar que este es precisamente el caso; que el significado de la vida se encuentra en la actividad, y no en el logro. Por un lado, como varios filósofos han señalado, el significado está relacionado con los resultados. Si no avanzamos o no podemos avanzar en la consecución de nuestros proyectos, estos no darán sentido a nuestras vidas. Por lo tanto, si el logro de nuestros objetivos amenazaría el significado de nuestros proyectos, entonces estamos atrapados en una posición curiosa: al mismo tiempo necesitamos avanzar y sin embargo estamos conscientes de que nada fallará tanto como lograr el éxito.

La conciencia de que necesitamos fracasar en nuestros proyectos más significativos amenaza su valor. Piense en los objetivos más nobles y significativos que podemos perseguir, como la lucha contra la pobreza y la opresión. ¿Debemos decir que somos afortunados porque no lograremos estos objetivos? La reflexión sobre la idea de que nuestras vidas son significativas sólo porque, y mientras que, nuestros objetivos más importantes estén fuera de alcance parece despojarlos de significado.

Consideremos, en este contexto, una famosa crisis de significado: la experimentada por John Stuart Mill. Mill había dedicado su vida, como nos dice, a la búsqueda de buenas obras, y durante un tiempo recibió suficiente satisfacción de estas actividades. Sin embargo, en un estado de depresión, se hizo la fatídica pregunta con la que hemos estado lidiando:

Se me ocurrió hacerme la pregunta directamente a mí mismo: “Supongamos que todos tus objetivos en la vida se realizaron; que todos los cambios en instituciones y opiniones que estabas buscando podrían llevarse a cabo por completo en este mismo instante: ¿sería esto una gran alegría y felicidad para ti?” Mi autoconciencia incontenible respondió claramente: ‘¡No!’ Mi corazón se hundió dentro de mí: toda la fundación sobre la cual estaba construida mi vida se derrumbó. Toda mi felicidad se encontraba en la búsqueda continua de este fin. El fin había dejado de atraerme, y ¿cómo podría volver a haber algún interés en los medios para lograrlo? Parecía que no me quedaba nada por que vivir.

Mill observo que su crisis personal tenía un significado más allá de el mismo. Era, pensaba, un “defecto en la vida misma”: si el significado de la vida requiere privación, entonces los pesimistas sobre el significado de la vida tienen razón. La vida tiene una estructura trágica, en la que la infelicidad de muchos es requerida para la felicidad completa de algunos. 

Llamemos a esto la prueba de Mill. Una actividad no pasa la prueba de Mill si podemos (a) imaginar completarla, y (b) completarla despojaría de significado a una vida dedicada a ella.

Por lo tanto, la propuesta de significado que hemos esbozado es vulnerable en dos aspectos. 

En primer lugar, muchas de las actividades a través de las cuales se afirma (correctamente) que permiten obtener significado son apenas menos circulares que actividades paradigmáticamente insignificantes. 

En segundo lugar, ubica el significado en la búsqueda de fines que, si se alcanzan, dejan de proporcionar significado a nuestras vidas. 

Estas dos fallas amenazan con ser suficientes para viciar todos nuestros proyectos: si un proyecto no va a fracasar debido a la circularidad, debe tener un fin fuera de sí mismo. Pero si tiene un fin fuera de sí mismo, y ese fin es alcanzable (en sí mismo una condición para que pueda conferir significado), entonces corremos el riesgo de caer en el segundo dilema.

¿Podemos hacerlo mejor? ¿Estamos condenados a encontrar sentido sólo a expensas de inhabilitar nuestras facultades críticas? 

Si queremos localizar una fuente de significado que satisfaga a Taylor, y poner fin a las dudas de Mill, deberá tener las siguientes características: (1) no debe ser circular, en el sentido de que debe tener un punto más allá de sí misma. Pero (2), aunque debemos ser capaces de lograr un progreso significativo en el logro de su fin, debe ser tal que (a) lograrla no la despoje de significado, o (b) si bien es concebible un progreso constante en su búsqueda, no lo es su cumplimiento total.

Hay, sugeriré, actividades valiosas que son intrínsecamente ilimitadas, no porque apunten a un objetivo que no se puede lograr, sino porque el objetivo que persiguen no se fija antes de la actividad en sí. En lugar de eso, el objetivo se define gradualmente y se especifica con mayor precisión en el curso de su búsqueda. 

El tipo de actividad que tengo en mente, a la cual llamaré un proyecto – es análoga a lo que Alasdair MacIntyre llama una práctica. 

Las prácticas no son proyectos, en parte porque los bienes perseguidos a través de muchas de las prácticas de MacIntyre no son lo suficientemente importantes. La agricultura y los deportes son prácticas para MacIntyre, pero, aunque estas son (al menos discutiblemente) actividades plenas, no son actividades superlativamente significativas. 

Sin embargo, algunas actividades significativas con la estructura de una práctica califican como proyectos: los proyectos son prácticas en las que están en juego bienes sumamente valiosos.

Consideremos, por ejemplo, la actividad filosófica o, más ampliamente, la búsqueda de la verdad en cualquier área de investigación. Esta es, huelga decirlo, una actividad paradigmáticamente valiosa, en la medida en que la verdad es, como la justicia y el bien, uno de los valores más elevados que podemos concebir. Ni siquiera es concebible que pueda fallar la prueba de Mill. La idea de un sistema de conocimiento finalizado y completamente verdadero es literalmente inconcebible de antemano, de una manera en la que un templo no lo es. 

Podemos tener una idea clara de cómo sería un templo terminado, pero no podemos imaginar lo que podría ser un sistema completo de conocimiento. Ciertamente, podemos imaginar una gran enciclopedia, pero su contenido sigue siendo oscuro. 

Desarrollamos las herramientas para comprender el conocimiento que podríamos alcanzar, a medida que perseguimos ese conocimiento, de tal manera que las direcciones futuras que nuestra comprensión podría tomar son, en principio, incomprensibles por nosotros y en el mejor de los casos solo un esquema borroso.  

Dado que no podemos saber cómo podría ser el objetivo final, no podemos imaginar completar nuestro proyecto y, por lo tanto, no podemos ser afectados por la imagen de su finalización.

Sin embargo, podría objetarse que el conocimiento sea un caso especial. Muchos otros bienes sumamente valiosos, como la justicia y el bien, son concebibles antes de tiempo. Sabemos (aproximadamente, al menos) cómo sería una sociedad perfectamente justa y, por lo tanto, el proyecto de buscar justicia no pasaría la prueba de Mill. 

Mi respuesta es simplemente negar que tengamos una idea clara de cómo sería una sociedad idealmente justa. Aunque ciertamente podemos ver que grandes injusticias de nuestro mundo podrían ser eliminadas, no podemos ver cómo tendríamos que proceder a partir de ahí. Por ejemplo, no podemos ver, de antemano, cómo deben conciliarse las diferencias culturales y la igualdad: no en detalle, en cualquier caso. 

Una vez más, la dificultad es una cuestión de principios: tendremos que forjar las herramientas que nos permitan comprender la noción de justicia en sus detalles y como se aplicarían a estas cuestiones, sólo cuando realmente las enfrentemos.  La búsqueda de la justicia es una práctica, en el sentido de MacIntyre:  a medida que vayamos avanzando se hará más claro a que le estamos apuntando.

Del mismo modo, muchos otros bienes supremamente valiosos son inherentemente ilimitados. La práctica de la creatividad artística, cuando se lleva a cabo al más alto nivel, es paradigmáticamente ilimitada.  Basta pensar en cómo los movimientos de vanguardia del siglo XX habrían sido percibidos por generaciones anteriores de artistas para ver cómo evolucionan los objetivos del arte junto con las actividades que pretenden alcanzarlos. Al igual que la búsqueda del bien y lo correcto, y la búsqueda de la verdad, la actividad artística es inherentemente ilimitada en la medida en que sus fines están en juego dentro de la actividad misma. 

Los fines de las actividades superlativamente significativas no se pueden lograr, porque a medida que las actividades evolucionan, los fines a los que apuntan se alteran y se refinan. 

El conocimiento no es un caso especial, perseguir cualquiera de nuestros objetivos más significativos es, entre otras cosas, una actividad cognitiva: una que requiere el descubrimiento o la invención de nuevas herramientas conceptuales y nuevas y mejores teorías. Debido a que las actividades de significado superlativo son ilimitadas de esta manera, no pueden fallar la prueba de Mill. Podemos avanzar hacia estos fines, seguros de que este progreso no amenaza el significado de nuestros proyectos.

Por otro lado, es característico de los proyectos que estos sean difíciles: requieren de un esfuerzo concertado, intelectual y físico. A menudo también requieren de gran coraje. Participar en un proyecto es trabajo, en un sentido claro de la palabra. 

Por eso los desaceleradores tienen solo la razón a medias. El significado en la vida se puede perseguir de la manera que han sugerido. Al reducir las horas de trabajo y, por lo tanto, dejar más tiempo para la familia, para los amigos, para las alegrías simples de una vida que sea menos estresante y más en contacto con la belleza y la naturaleza, realmente podemos hacer que nuestras vidas sean más satisfactorias. 

Pero no podremos lograr un significado superlativo de esta manera. Este significado, el significado que puede ser visto directamente a la cara, sin miedo, ni inmutarse, solo se encuentra en el trabajo. El cual podría no ser trabajo remunerado.   

Podría objetarse, que el hecho mismo de que las actividades que tienen significado superlativo sean tan difíciles las descalifica como significativas. Personalmente, tomo el hecho de que las actividades que confieren significado son difíciles y arriesgadas como un argumento a favor de mi propuesta. 

Es un lugar común, pero no menos cierto por eso, que las tareas valiosas suelen ser, tal vez siempre son, difíciles de llevar a cabo. 

Una vida significativa es una vida de esfuerzo y dedicación, dirigida hacia fines sólo parcialmente bajo nuestro control. La realización que podemos alcanzar a través de nuestros éxitos parciales en estas tareas es mucho mayor porque somos muy conscientes de que podríamos haber fracasado absolutamente.

Preocupa que la propuesta que he presentado sea poco igualitaria. He afirmado que, aunque el sentido ordinario está disponible para casi todos, a través de la participación en los temas familiares y la apreciación del arte, a través de la amistad y la interacción con la naturaleza, el significado superlativo requiere mucho más: el compromiso activo con proyectos. 

Pero la participación en un proyecto, a un nivel que pueda asegurar logros suficientes como para conferir un significado superlativo, está disponible solo para unos pocos. 

Solo pocos podemos participar (en lugar de ser espectadores interesados) en el proyecto de búsqueda de conocimiento (que, huelga decirlo, debe ser mucho más que la acumulación aleatoria de hechos si se quiere constituir en proyecto). 

Sin embargo, si bien parece ser cierto que la proporción de cualquier población que puede participar en este proyecto es necesariamente restringida, porque la participación requiere (entre otras cosas) habilidades cognitivas sofisticadas, no parece haber tal límite, en principio, a la participación en otro tipo de proyectos. 

En particular, casi todos podrían participar activamente en el proyecto de búsqueda de la justicia, al menos si la sociedad estuviera organizada de manera que se tuviera el tiempo, la educación y los demás requisitos necesarios para poder participar. 

Aunque parece ser el caso que una enorme proporción de la población mundial está aislada de los proyectos que podrían asegurar un significado superlativo, esto no parece ser una limitación incorporada en la naturaleza de las cosas. 

En un mundo más justo, en el que los recursos, materiales e intelectuales, estén distribuidos de manera más equitativa, muchas más personas podrían participar en proyectos que les permitan asegurar un significado superlativo.

El significado, como reconocen los desaceleradores, se encuentra en muchos aspectos de la vida humana. La estrategia de desaceleración, dejando trabajos estresantes y sin significado en busca de mayor tiempo para dedicar a la familia, los amigos y el desarrollo personal, a menudo tendrá éxito en asegurar lo que podríamos llamar significado ordinario. 

Pero el significado superlativo no se encuentra alejándose del mundo del trabajo, aquí concebido como un compromiso esforzado en prácticas difíciles. 

Por el contrario, sólo en el trabajo, del tipo correcto y con la estructura correcta, se encuentra el significado superlativo. 

En nuestro mundo, uno de los proyectos más significativos en los que podemos participar es la búsqueda de la justicia, que es también la búsqueda de las condiciones bajo las cuales el significado superlativo puede ponerse a disposición de todos.

Centro para Filosofía Aplicada y Ética Pública – Universidad de Melbourne

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