Giancarla Di Laura 2

Seguimos con Vallejo y empezamos con Arguedas

"Los nuevos acercamientos a Vallejo han sido necesarios para poder entenderlo un poco más en su plenitud. Vallejo es un clásico y, como tal, sigue ofreciendo nuevos significados conforme aparecen nuevas generaciones de lectores."

Y en el penúltimo mes de este año continuamos celebrando a nuestro poeta César Vallejo por el centenario de Trilce y no olvidamos a José María Arguedas por el cincuentenario de la publicación de Katatay (Temblar), su único poemario, recopilado póstumamente, aunque los poemas que lo componen fueron publicados en periódicos y revistas durante la década de 1960, pocos años antes del suicidio del autor de Los ríos profundos en 1969. 

Hace poco, del 9 al 11 de noviembre, culminó el magno congreso «Trilce y las vanguardias latinoamericanas» en La Habana, Cuba, en la prestigiosa Casa de las Américas, donde distintas aproximaciones resaltaron las innovaciones de César Vallejo, ayudando así a comprender más su figura y su legado. Y dentro de poco, el 28 y 29 de noviembre, se realizará el Encuentro Internacional «El mismo viento respiramos: el tinkuy andino en la herencia de José María Arguedas» en la Universidad Complutense de Madrid.

Los nuevos acercamientos a Vallejo han sido necesarios para poder entenderlo un poco más en su plenitud. Vallejo es un clásico y, como tal, sigue ofreciendo nuevos significados conforme aparecen nuevas generaciones de lectores. 

En cuanto a su figura como hombre de carne y hueso, el arduo trabajo biográfico del profesor Miguel Pachas Almeyda nos facilita información específica que ayuda a conocer más a nuestro poeta de Santiago de Chuco. En su magistral conferencia de clausura en Cuba explicó los orígenes tanto de Los heraldos negros como de Trilce. En cuanto al primero, se trató del dolor y decepción que le causó la traición sufrida por su hermana María Natividad con un esposo que la abandonó para irse con otra hermana de Vallejo, María Águeda. «Hay golpes tan fuertes en la vida, yo no sé…», el famoso verso inicial de Los heraldos negros, fue producto de un impacto emocional y familiar concreto, no de una angustia metafísica, como se ha querido leer sin conocer la vida del poeta.

Asimismo, Trilce surgió del dolor profundo que le causó a Vallejo la muerte de su madre, doña María de los Santos Mendoza Gurrionero, el 8 de agosto de 1918, mientras el poeta se encontraba en Lima, imposibilitado de partir a Santiago de Chuco, por lo que no pudo asistir al funeral. Para colmo, doña María de los Santos ni siquiera fue enterrada en el cementerio del pueblo, pues al ser hija ilegítima de un sacerdote español la Iglesia no le concedió el privilegio de entrar al camposanto. Fue esta desgracia personal el acicate inicial de los poemas de Trilce. De hecho, según Pachas Almeyda, el primer poema escrito para el nuevo libro después de Los heraldos negros fue el que luego llevaría el número LXV en Trilce, el que comienza con «Madre, me voy mañana a Santiago / a mojarme n tu bendición y en tu llanto». En ese mismo poema llamará a su madre «Muerta inmortal» varias veces, negándose Vallejo a aceptar la partida de quien fuera una figura central en su vida y en toda su poesía.

A eso se añaden la ruptura unos meses después con su enamorada Otilia Villanueva y el aborto que ella habría sufrido, por lo que Vallejo nunca conoció al que podría haber sido su primer hijo o hija, como se consiga en numerosos poemas de Trilce. Como vemos, la vida de Vallejo es fundamental para entender el origen y el sentido de muchos de sus poemas.

 

En el congreso de Cuba también se examinó la influencia andina en Vallejo gracias al profesor Enrique Cortez. Se mencionó esa relación tan cálida y necesaria de Vallejo con la sierra y más particularmente con el mundo andino.  

Hemos visto la presencia de los ancestros, la influencia del mundo indígena y de los elementos del Ande en general con los cuales Vallejo se sentía muy cómodo a través de las creencias que practicaba y de las costumbres que ejercía, en constantes alusiones de cariño, mucho más que a las costeñas ciudades de Lima o Trujillo, y sintetizando su «Perú al pie del orbe» en los Andes y no en el legado criollo.

El evento realmente fue un intercambio dinámico e intenso para reconocer el trabajo tan profundo y difícil de nuestro César Vallejo y para reunir a notables intelectuales que compartieron sus investigaciones en un ámbito de gran camaradería.

Creo que el clímax del congreso fue cuando se anunció la aparición de una nueva edición cubana del segundo libro de César Vallejo. Realmente fue muy emotivo ver un sueño hecho realidad.

Otro evento importante es el festejo por los cincuenta años de la publicación de Katatay, de José María Arguedas, el único poemario que escribió y que llega a nuestros corazones hasta hoy, pues abre toda una dimensión de modernidad poética en lengua quechua, como resaltó José Antonio Mazzotti, uno de los organizadores del congreso en Cuba.

Precisamente a Arguedas se dedicará todo el congreso de Madrid el 28 y 29 de noviembre, donde destacan nombres reconocidos de la crítica arguediana como el propio Mazzotti, Martin Lienhard, Julio Noriega, José Carlos Vilcapoma, Tania Anaya, Carmen María Pinilla, Christian Fernández, Charo Tito, Luis Andrade, Francesca Federico y muchos más. El evento culminará con las presentaciones del último número, el 95, de la Revista de Crítica Literaria Latinoamericana, dedicado a la memoria de Antonio Cornejo Polar –el mayor crítico arguediano– por los 25 años de su fallecimiento, y de la nueva novela de Eduardo González Viaña, ¡Kachkanirajmi, Arguedas!, dedicada precisamente al autor de Katatay. En este enlace se puede acceder al programa completo del encuentro en Madrid: https://www.facebook.com/tinkuy2020

Será una fiesta arguediana que complementará muy bien las celebraciones vallejianas que han hecho de este 2022 un verdadero annus mirabilis de las conmemoraciones literarias peruanas. 

El Perú podrá no destacar en fútbol ni en política, pero en literatura estamos entre los primeros. Nuestros poetas sacan la cara. 

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Arguedas, poesía peruana, vallejo

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