Juan Carlos Tafur

¿En manos de radicaloides y conservadores?

“El consenso de la transición parece haberse roto, al primar las opciones más extremas tanto de la izquierda como de la derecha, que no creen en esos fundamentos, sino, por el contrario, en opciones autoritarias, conservadoras y mercantilistas”

La crisis política por la que transitamos parecería confirmar el estado terminal del proceso abierto en el 2000, y la ruptura de los relativos consensos que entonces se establecieron.

Así, a partir de Valentín Paniagua, con Toledo, García, Humala, Kuczynski, Viscarra y Sagasti (más allá de las caracterizaciones idiotas que suele hacer la DBA respecto de algunos de ellos), lo cierto es que se establecieron algunas coordenadas básicas, respetadas por la mayoría de los protagonistas políticos.

 

Así, la libertad de empresa, el libre comercio, la relativa economía de mercado, el respeto básico a políticas de derechos humanos, el diálogo como mecanismo de resolución de conflictos sociales, la laicización del Estado, etc., han sido un denominador común en estos más de 20 años de transición post Fujimori.

Fallaron todos en olvidarse de reformas sustantivas en materia de políticas públicas vinculadas sobre todo a la salud y la educación públicas, y la mejora de la seguridad ciudadana, condiciones básicas del quehacer cívico y de la mejor calidad de vida de los pobres. De allí el voto antiestablishment de Castillo. Pero no se apartaron de las líneas de base mencionadas en el párrafo anterior.

Ese consenso parece haberse roto, al primar las opciones más extremas tanto de la izquierda como de la derecha, que no creen en esos fundamentos, sino, por el contrario, en opciones autoritarias y mercantilistas, que ven a los derechos humanos como una monserga caviar.

 

Es muy pronto para afirmar que ello va a perdurar en el tiempo y, sobre todo, si en las próximas elecciones van a ser predominantes, o podrán surgir opciones de centro o liberales que rompan la polarización hoy vigente, pero es menester advertir del peligro de que, en el camino, se desanden varios itinerarios avanzados (ya lo hemos visto con la reforma universitaria, del transporte, del enfoque de género, etc.).

La coalición fujicerronista es la antitransición democrática, la cual, como advertimos, tuvo serias deficiencias al no ahondar las reformas de mercado y los cambios institucionales descritos, pero construyó algunas bases que permitieron el asentamiento del periodo democrático más prolongado de nuestra historia republicana y el crecimiento de nuestra economía (y la consecuente reducción de la pobreza) a niveles nunca antes vistos. El riesgo es que eso también se pierda en manos de radicaloides demagógicos, conservadores y reaccionarios.

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