Juan Carlos Tafur

Mientras Castillo siga, no habrá solución

“Castillo es quien nombra a los gabinetes, escoge a su entorno corrupto, admite y promueve la estampida de los buenos tecnócratas del sector público, avergüenza la investidura presidencial con sus gazapos frecuentes”

Parecerá muy simplista la hipótesis, pero la realidad la corrobora: el principal problema del país, la causa de la crisis política, económica y social que vivimos y que amenaza con agravarse, es la presencia de Pedro Castillo en Palacio.

Al respecto, las salidas son solamente dos: o se le vaca o se reforma la Constitución y se adelantan elecciones. La primera tiene la ventaja de que es más expeditiva, el problema es que tendría que resolverse la sucesión de Dina Boluarte y, luego, si el titular del Congreso que asuma convocará elecciones solo presidenciales o generales. La segunda demora más (requiere una legislatura con 66 votos (o dos con 87, que ahora sí son alcanzables) y referéndum y esperar meses a que se produzca la salida del primer mandatario.

La crisis que vivimos es intolerable, no tanto por su magnitud -que de por sí es enorme- sino porque habría sido perfectamente evitable con un gobierno que asegurase estabilidad, que nombrase gente capacitada y que garantizase la vigencia del modelo macroeconómico que tantos frutos y beneficios ha generado. Con ello hubiera bastado para que el Perú creciera a tasas del 6% o más, siguiese reduciéndose la pobreza y el golpe económico del alza internacional de precios hubiera podido ser atenuado, o con la generación de empleos producto del crecimiento o con la dación de bonos focalizados también financiables gracias a la mayor recaudación fiscal originada en el mencionado crecimiento económico.

Lo cierto es que nada de ello será posible mientras un personaje deleznable como Pedro Castillo siga al mando de las riendas del poder. No es solo Cerrón el causante de la desgracia de gobierno que tenemos. Castillo es el principal autor de los desaguisados que se han cometido y se siguen cometiendo. Él es quien nombra a los gabinetes, escoge a su entorno corrupto, admite y promueve la estampida de los buenos tecnócratas del sector público, avergüenza la investidura presidencial con sus gazapos frecuentes.

Debe salir de Palacio lo antes posible. La oposición de derecha y de centro tienen una oportunidad dorada si logran convencer a los disidentes cerronistas de que Castillo no asegura ni siquiera la aplicación de un renglón del plan de gobierno original de Perú Libre. ¿Qué sentido político tiene que el exgobernador de Junín siga prestándole sus 16 votos al inquilino precario palaciego?

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Crisis política, Gobierno, Pedro Castillo

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