Juan Carlos Tafur

¿Qué vivan los muertos?

“Esperamos y exigimos del gobierno una actitud sensata y que desoiga los cantos de sirena de la derecha extrema, que parece disfrutar del caos, igual que los azuzadores que lo provocan, buscando justamente una reacción desmedida”

¡Que maten a todos! ¡Bala a discreción!, es el grito que resuena en casi todos los espacios virtuales de la derecha peruana, demostrando, una vez más, que este sector socioideológico no entiende el país, ni su problemática, y que vive encerrado en una burbuja sociológica que le impide, por ello, desarrollar y organizar propuestas políticas o sociales inteligentes para conquistar a la ciudadanía a favor de su causa.

Es cierto que en una circunstancia extrema de riesgo vital, la policía o las fuerzas armadas, están autorizadas legalmente a usar sus armas en defensa propia, pero en muchos casos, esa situación se puede y se debe evitar. Es correcto, ante el desborde, decretar estado de emergencia, pero no se puede caer en el juego de los instigadores de la violencia que justamente lo que buscan son muertos, para capitalizar en favor de sus indignos intereses.

No hay pena de muerte por bloquear una carretera ni por incendiar un local privado o público. Hay penas, por cierto, que incluyen la carcelería y es a ello a lo que nuestras fuerzas del orden deberían apuntar. A detener a los revoltosos en flagrancia, ponerlos a disposición de la Fiscalía y que el juez determine la sanción penitenciaria correspondiente.

Pero eso no ocurre. A nadie le pasa nada. Quema un municipio, lanza piedras mortales a la policía, bloquea una carretera o toma un aeropuerto, y sale bien librado, feliz de la vida, para continuar haciendo lo mismo en la próxima protesta social que se despliegue. Se les trata igual que a los que roban celulares, que son puestos en libertad a las pocas horas.

Si todos los que cometen este tipo de delitos fueran enjuiciados y purgasen su justa estancia en prisión, amainaría mucha de la violencia que vemos desplegarse con impunidad en el Perú cada vez que un gremio, un sindicato o un grupo de manifestantes decide expresar su descontento en las calles.

Y la derecha haría bien en tratar de entender que, más allá de la violencia –que, ya dijimos, debe ser reprimida con dureza y sancionada con todo el peso de la ley-, hay siempre, en casi todas las protestas, razones sociales o políticas que, bien atendidas y manejadas con diálogo e inteligencia, pueden lograr efectos pacificadores inmediatos.

Los halcones de ambas partes solo conducen a una guerra interminable, generando más violencia que aquella que supuestamente quieren evitar. Esperamos y exigimos del gobierno una actitud sensata en ese sentido y que desoiga los cantos de sirena de la derecha extrema, que parece disfrutar del caos, igual que los azuzadores que lo provocan, buscando justamente una reacción desmedida.

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emergencia, estado de emergencia, Marchas, Muertos

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