Juan Carlos Tafur

Si la calle no se activa, nos fregamos hasta el 2026

“Ojalá la calle despierte. Hay motivos suficientes de indignación: la corrupción del entorno presidencial, la crisis económica y el embate de la inseguridad ciudadana”

Al final del día, el presidente Castillo terminó conformando un gabinete remendado, pero de la misma medida que los anteriores. Las especulaciones de que iba a armar un gabinete independiente, de “ancha base”, con personajes tecnocráticamente solventes y políticamente autónomos cayeron en saco roto.

Castillo no va a salir de su zona de confort. Necesita Zamires, Beders, Brunos, Aníbales, allegados a Cerrón, obsecuentes como Salas, operativos a los manejos turbios que se están haciendo en el Estado (véase con atención el nuevo ministro de Transportes, que ya venía cuestionado de Vivienda) y lo están llevando a su colapso.

La crisis política continuará. Lo más probable es que el Congreso, temeroso de ser disuelto, terminé por seguir tolerando al parchado gabinete, y pronto veremos los mismos escándalos, los mismos blindajes vergonzosos, el mismo descuido de las funciones propiamente ministeriales para dedicarse a tareas políticas de baja policía.

Es una desgracia política la que el Perú está viviendo con un Ejecutivo mediocre, incompetente y corrupto, y un Legislativo que no da la talla para ponerle fin al suplicio, si ya no con una vacancia que a estas alturas se ve imposible, al menos con un adelanto de elecciones que recorte el mandato malhadado del inquilino palaciego.

Ojalá la calle despierte. Hay motivos suficientes de indignación: la corrupción del entorno presidencial, la crisis económica y el embate de la inseguridad ciudadana (que crece mientras el ministro del Interior anda ocupado en desarmar el equipo policial asignado a la Fiscal de la Nación).

Basta un hecho que detone la protesta -como sucedió en la absurda inmovilización obligatoria del 5 de abril- y que prenda en los diversos colectivos que hoy andan adormecidos, y que se produzca una protesta de tal envergadura que ni el gobierno central ni el Parlamento puedan resistirse a hacer lo que corresponde hacer.

Es la única salida, al parecer. Castillo no se quiere ir. No le importa que ya su gestión esté muerta y sea incapaz de emprender siquiera alguna política pública sostenida. Y el Congreso, arrellanado a sus curules por un sueldo y por, seguramente, los extras que suelen provenir de lobbies o la cooptación corrupta del régimen, tampoco se quiere mover de su asiento.

Si la ciudadanía no se activa, sufriremos este calvario hasta el 2026. Muchos ingenuos están esperado el audio o el video bomba cuando eso ni hace falta para promover actitudes políticas más firmes y decisivas. Es el Perú sano el que tiene que reaccionar frente a la miasma política que nos gobierna en los dos principales poderes del Estado.

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ciudadanía, Pedro Castillo

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