Alonso Rabí Do Carmo

Mar adentro con Parra

Rafael Gumucio (Santiago de Chile, 1970) lleva décadas entregado a la escritura. Reconocido periodista, Gumucio ha aprovechado en su literatura diversos materiales  autobiográficos sin caer en las predecibles aguas de la tan discutida autoficción (como si el género fuera finalmente el problema). Sus dos primeras novelas pusieron la ironía en primer plano, en especial Memorias prematuras (1999) una suerte de relato de formación intelectual y artística salpicado de un humor poco complaciente con el propio autor-personaje.

Quisiera remarcar que en Gumucio hay un impulso por alejarse siempre de convenciones visibles o adocenadas en los manuales de escritura, como sucede en Los platos rotos (2004), un texto de carácter híbrido y que apela a diversos registros, que van del cuento al drama, teniendo como intención de fondo practicar el desmontaje de varios mitos oficiales en la historia chilena. Queda claro que, tanto en la orilla de su literatura más personal, como en la que aborda cuestiones relativas a la esfera histórica chilena, Gumucio no parece estar en el lugar equivocado: el ánimo crítico.

Hace poco encontré en una librería de Miraflores un ejemplar de su libro Nicanor Parra, rey y mendigo (2018) un asedio biográfico al gran poeta chileno, figura clave de la posvanguardia latinoamericana, un poeta que sometió al discurso poético a límites de experimentación, ruptura y humor pocas veces logrados. Queden, como ejemplo, muchos de sus inolvidables Artefactos.

Gumucio emprende la tarea de realizar la biografía de Parra, labor amparada no solo en una investigación acuciosa, como corresponde a libros de esta envergadura, sino también en el recuerdo de sus múltiples y asombrados encuentros con el poeta, patriarca de una legendaria familia de artistas.

Huelga decir que en las condiciones que el libro transparenta –el trabajo de fuentes, la fascinación de Gumucio por el personaje o el desplazamiento hacia otras sensaciones provocadas por la presencia apabullante del poeta (el desconcierto e inclusive algo que podría parecerse al miedo), que el autor nunca se esfuerza por esconder–, se nos revela la secreta pauta que sigue el volumen: la biografía de Parra no puede ser objetiva porque los estados  de ánimo y la subjetividad del biógrafo acompañan (sostienen) también el relato.

No afirmo con esto que el texto carezca de fiabilidad, sino que la escritura del otro envuelve a uno mismo y esa dinámica es inevitable. Gumucio registra con fidelidad los rasgos de su personaje, sobre todo su endiablada habilidad con las palabras, su inteligencia para tender “trampas” en la interacción, pero también sus sarcásticas boutades.

Gumucio ha escrito un notable asedio biográfico y lo ha hecho de un modo marcadamente singular, en un tono que va encontrando sus parientes en la tradición latinoamericana, como Mala lengua (2020), el perfil de otro notable de la lírica chilena, Pablo de Rokha, llevado a cabo por Álvaro Bisama o Almas en pena chapolas negras (1995), en el que Fernando Vallejo narra la vida de ese emblemático poeta modernista colombiano que fue José Asunción Silva. No se trata de libros con afán escolar ni de relatos de una linealidad siempre puntillosa o enciclopédica. No. Textos como Nicanor Parra, rey y mendigo son, sobre todo, un llamado a la sensibilidad de los lectores.

Rafael Gumucio

Nicanor Parra, rey y mendigo. Rafael Gumucio. Edición de Leila Guerriero. Santiago: Ediciones Universidad Diego Portales, colección Vidas Ajenas, 2018.

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