Camila Vidal

Más allá del entretenimiento

El imaginario occidental se alimentó, en gran parte, por lo que el cine norteamericano nos dejó con su perfil de espectáculo. Es interesante analizar que la palabra espectáculo viene del latín “spectaculum” y significa: medio para “ver”, “presenciar”. Al cine se le vincula con el entretenimiento y la diversión. “Diversión” viene del latín “diversio” y significa “acción y efecto de recrear”.

“Entretener” supone una tensión entre dos puntos de interés, es decir, incentiva la concentración; mientras que “diversión” desune o disgrega. Este análisis nos permite entender que el espectáculo del cine se concibe como entretenimiento antes que diversión; y es gracias a este punto de vista que el espectador reconoce obras cinematográficas, las contempla, reflexiona y utiliza el intelecto.

El cine, a su vez, va más allá del entretenimiento porque es responsable de la manifestación de historias que sintetizan el mundo:
“Historias leídas en el momento oportuno, jamás te abandonan. Puedes olvidar el autor o el título. Puedes no recordar precisamente lo que sucedió. Pero si te identificas con la historia, ella continuará dentro de ti por siempre.” (Neil Gaiman)

Las historias son tan poderosas que le dan sentido a nuestra vida: identidad, personalidad, organización e incluso evolución. Estas al ser contadas, producen hormonas y diseñan experiencias kinestésicas. La kinestesia proviene de la lengua griega “kínesis”, que significa “movimiento” y “áisthesis” que se refiere a la “sensación”. La kinestesia no sólo estudia el aspecto físico y sensorial del movimiento sino también el emocional, tratándose de las sensaciones que los distintos puntos corporales se encargan de transmitir continuamente a los centros nerviosos, ya sean provocadas por agentes internos o externos. De esta manera, el arte de contar historias o “storytelling” se convierte en un generador de hormonas como dopamina, oxitocina, endorfina, cortisol y adrenalina.

Las historias siguen una estructura narrativa y una línea temporal. Campbell, Syd Field, McKee son autores que desarrollaron paradigmas narrativos basados en el paradigma clásico de tres actos de Aristóteles. Para todos ellos, el acto es una sucesión de secuencias que llevan a un cambio que es irreversible y inalterado. Primero se encuentra un inicio, el primer acto, donde se presenta a los personajes y su normalidad cambia, toma un rumbo distinto debido a un incidente incitante o detonante. Las nuevas decisiones de los personajes traen consecuencias que los llevan al segundo acto de la historia, al nudo, donde aparecen las dificultades e impedimentos. Finalmente hay un segundo punto de inflexión que nos lleva, como espectadores, al punto más alto de producción de hormonas, es el momento del personaje de tomar una decisión importante que rectificará la toma de decisión del primer acto. Aquí me refiero al clímax, al tercer acto, el cual se puede comparar con el postre de una buena cena: si está a la altura de todo lo anterior la experiencia es inolvidable. Sin embargo, un mal postre puede hacer que el recuerdo de la cena sea malo.

Me atrevería a concluir que el cine visibiliza problemas, despierta emociones, genera hormonas y sintetiza la vida en historias memorables.

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Tags:

Cine, Entretenimiento

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