Juan Carlos Tafur Portada

Vargas Llosa y los miserables

“Es la izquierda, en particular la que aún hoy sigue prestando su apoyo cómplice a las trapacerías cometidas por Castillo, la que se ensaña con Vargas Llosa, creyendo que acaso posee una relativa superioridad ética en su inmoral respaldo a las andanzas del profesor chotano”

Las burlas hacia Mario Vargas Llosa, encebadas con su ancianidad, por la reciente ruptura sentimental de la que ha sido protagonista, son de baja estofa y dicen más de las miserias de quienes las profieren que de la dignidad intelectual con la que MVLl ha logrado llevar adelante toda una vida sazonada de triunfos y reconocimientos.

Muchas de ellas se despliegan por la no aceptación de que el narrador arequipeño haya expresado su apoyo electoral a Keiko Fujimori en la segunda vuelta electoral del 2021, que la enfrentó al hoy encarcelado Pedro Castillo. Apoyo en el que, por cierto, no se equivocó el Nobel: Keiko Fujimori no lo hubiera hecho peor que el ladronzuelo e inepto gobernante que tuvimos los últimos 16 meses, antes del patético golpe del 7 de diciembre, perpetrado por el sujeto de marras.

Es la izquierda, en particular la que aún hoy sigue prestando su apoyo cómplice a las trapacerías cometidas por Castillo, la que se ensaña con Vargas Llosa, creyendo que acaso posee una relativa superioridad ética en su inmoral respaldo a las andanzas del profesor chotano, que el que alberga el que el autor de Tiempos Recios le otorgó, como mal menor, a la lideresa de Fuerza Popular.

Hubimos muchos que decidimos ejercer un voto vigilante hacia Keiko Fujimori, a sabiendas de que había riesgos autoritarios, mercantilistas y conservadores en su seno, pero bajo la convicción de que la apuesta por Castillo era un salto al vacío que iba a comprometer la viabilidad democrática y económica del país, como finalmente los hechos terminaron por demostrar.

Vargas Llosa no erró, como no lo hizo respaldando las candidaturas de derecha que en toda la región terminaron perdiendo contra sus adversarios de izquierda (Chile, Colombia, Argentina, Brasil y México, para citar los más sonados), porque lo suyo no es la apuesta electoral sino una postura de convicciones expresada aún a sabiendas de que, en algunos casos, jugaba la probable carta perdedora (en perspectiva, la realidad ha terminado por demostrar, también, que los pueblos citados se equivocaron al votar en sentido contrario a los consejos de nuestro novelista).

Solo cometió una falta de apreciación grave cuando se sumó, sin argumentos válidos, a las tesis fraudistas, mal informado por su entorno, pero luego corrigió la misma acallando su propia campaña internacional contra Castillo por ese motivo.

No hay razón válida para malherir y maltratar a un peruano que nos honra y que debería despertar unánime admiración, si no fuera porque somos el país que no perdona el éxito ni valora las trayectorias de quienes mantienen coherencia más allá de lo políticamente correcto o de lo que es popular en algunos momentos. Es Vargas Llosa un peruano universal que merece respeto y no iniquidad.

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Izquierda, Mario Vargas Llosa, Pedro Castillo

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