¿Cuánto vale tu tiempo?

Un día Juan fue al cine y se compró el balde de canchita más grande de todos. Era tan grande que tenía que sostenerlo con ambas manos. Desde que se sentó, y aún sin comenzar la película, comenzó a comérsela a manos llenas, sin remordimientos, sin saborearlas, sólo se las comía. Sin embargo, a medida que avanzaba el tiempo y la película, cada vez tenía menos canchita, como es obvio. Cuando él se dio cuenta, cuando vio que ya estaba a mitad del balde, recién comenzó realmente a disfrutar de la canchita, porque en ese momento tomó conciencia que cada vez tenía menos. Y mientras menos tenía más las saboreaba, porque empezaba a valorar más las que aún le quedaban.

La pregunta sería: ¿Qué les da valor o importancia a las cosas? ¿Qué hace que algo sea más valioso o importante? ¿Por qué algunas cosas cuestan más, debes pagar más por ellas? Usualmente es su cantidad, si hay muchas o pocas. Puede ser su disponibilidad, si es fácil o no conseguirlas. En algunos casos, está determinado por cuánto cuesta hacerlas u obtenerlas. También depende de cuánto, las personas, estén dispuestas a pagar por ellas. Pero básicamente, si es fácil, hay muchas y cualquiera las puede tener, es barato. Si son difíciles de conseguir, no hay muchas y hacerlas es caro, lo más probable es que sean más caras. Entonces ¿Cuánto cuesta o cuánto vale tu tiempo?

Para responder a esta pregunta, usemos el ejemplo de la canchita, porque en nuestra vida sucede algo similar: cuando nacemos, tenemos el balde de canchita -nuestra vida- lleno. Pero a diferencia de un balde de canchita, en donde podemos, si queremos, ver cuanto hemos comido/disfrutado y cuanto aún nos queda; en la vida no tenemos claro cuándo se acabará o cuando se nos terminará. Solo sabemos que ese momento llegará. Esto hace que muchas veces, cuando somos más jóvenes, no valoremos el tiempo que tenemos, porque creemos que tenemos -mucha canchita- mucha vida por disfrutar… mucha vida por vivir. Esto es un peligroso y grave error. Ni tu ni yo podemos estar seguros de cuánto queda­, sólo podemos estar seguros de cuánto hemos vivido.

También es importante tener en claro que, a diferencia de los juegos en donde puedes ganar, perder o empatar, en este juego que se llama vida, sólo existe, sólo hay un resultado posible, nos guste o no, estemos de acuerdo o no, que en algún momento se va a acabar, como la canchita. Por lo tanto, lo único que nos queda, lo único que podemos hacer es disfrutar de cada canchita, como que es LA canchita. O sea, disfrutarla plenamente, sacarle el máximo provecho, exprimir cada instante, vivir intensa y apasionadamente cada momento que tenemos, independiente de cuanto ya hemos vivido. Porque si de todas maneras va a pasar, si de todas maneras se va a acabar, no me debo enfocar en eso. No tiene sentido. Lo que debo hacer es valorar realmente el tiempo que tengo, valorar este momento. Porque este es el único momento que realmente tenemos.

En un artículo anterior que escribí en esta columna, Vivir aquí,  ahora… el presente comentaba sobre la importancia de disfrutar este momento, que realmente es el único que tenemos. Te invito a que lo leas porque estoy seguro también que te servirá.

Alguna vez escuché que lo mejor que podemos hacer, durante toda nuestra vida, es que debemos vivir cada día, como si fuera el último del que disponemos, porque uno de estos días, tarde o temprano, tendremos la razón. Lo único que podemos dar por sentado es que, sí o sí sucederá. Entonces que te parece disfrutar y abrazar el ahora, gozar cada instante, sin pensar en cuánto tiempo queda o cuánto ya vivimos.

Te invito a vivir intensa y apasionadamente cada momento, los que te gusten e incluso los que no te gusten, porque de esos también puedes sacar provecho y porque cada momento vivido, es la prueba y evidencia que estás vivo, que aún existen y tienes oportunidades y posibilidades de lograr, lo que quieras en tú vida.

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Coaching, Creciendo entre amigos

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