Alan-Salinas

La democracia impolítica

"El historiador francés Rosanvallon señala en “La contrademocracia. La política en la era de la desconfianza” que actualmente la sociedad en general no sufre un proceso de despolitización de los ciudadanos (hay, eso sí, cierta apatía)."

El historiador y filósofo francés Pierre Rosanvallon, a contracorriente de un sentido común muy extendido por la academia y la prensa, señala en “La contrademocracia. La política en la era de la desconfianza” (Manantial, 2007) que actualmente la sociedad en general no sufre un proceso de despolitización de los ciudadanos (hay, eso sí, cierta apatía). 

Lo que podemos apreciar –según el francés- es que actualmente la sociedad pasa por un proceso complejo de organización para afrontar problemas políticos. Es cada vez más frecuente –por ejemplo- ver reacciones de denuncia, calificación, rechazo más que preferencia y judicialización de la clase política, que puede conducir a una tentación reactiva de la sociedad y que – a la vez- pueden llevar a un caudillismo autoritario, como se puede apreciar actualmente por el mundo. A eso él lo llama impolítica. 

De acuerdo a este genial punto de vista, se puede sostener que –según algunas investigaciones que hice para mi tesis de maestría y conversaciones con dirigente políticos- que efectivamente eso viene sucediendo en el país. Las organizaciones que conforman la sociedad civil se han alejado del trabajo sistemático con las organizaciones políticas para afrontar los problemas que pueda solucionar el Estado.

La falta de aprehensión global de las organizaciones políticas sobre este tema es grave. Los entes estatales que regulan este tema se hacen de la vista gorda. No hay incentivos, y menos controles. Recojo el aporte de Carlos Meléndez en “partidos light” (El Comercio, 15/10/16), en el que sostiene que es imperativo generar instituciones de investigación y planificación descentralizada en donde se conecten los problemas regionales y nacionales, para poder así generar cierto enraizamiento de los partidos en la sociedad.

Insisto, asimismo, en que los partidos políticos deben tener una narrativa que trascienda la plaza pública. Para ello, es imprescindible su participación mediática a través de programas que conecten el internet con la televisión. En estos tiempos, política y medios no pueden ir por separado o que estos últimos sean sustitutos partidarios.

Así, entre otras medidas, se puede reconstruir la legitimidad y confianza de las instituciones políticas en nuestra joven democracia.

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confianza, Democracia, impolítica, Partidos políticos

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