Juan Carlos Tafur

¿Castillo prepara un autogolpe?

“Castillo se ganará varios años de cárcel cuando deje el poder, si perpetra semejante legicidio, que se sumará a las penas por la larga lista de delitos por los que será procesado y seguramente detenido al día siguiente que deje de ser presidente de la República”

El Ejecutivo –ya lo han sugerido algunos de sus voceros jurídicos- se prepara para desacatar una eventual decisión del Congreso de suspenderlo en sus funciones, aprobando la denuncia constitucional presentada en su contra por la Fiscal de la Nación.

Con pompa y estilo, el Ejecutivo cometería un delito flagrante si irrespeta la Constitución y bajo pretextos fútiles, como la peregrina tesis de que una decisión semejante del Legislativo sería un “golpe de Estado”, mira de soslayo, sin hacerle caso, a la acción referida.

Si a su evaluación de costos y beneficios, le suma la consideración de un eventual respaldo castrense (habrá que ver si la larga lista de ascensos militares publicada hoy contiene una purga de oficiales institucionalistas y su reemplazo por antauristas o sumisos al poder de turno), lo más probable es que Castillo se sienta tentado a zurrarse en lo que el Congreso decida.

Si, además, gozase del respaldo internacional de la OEA, con el amiguísimo Almagro, y de gobernantes de países como Chile, Argentina, Bolivia, Colombia, México, Nicaragua, etc., el cuadro del autogolpe estaría completo. En estas circunstancias será significativo lo que opine la Casa Blanca, pero no será decisorio, como antaño sucedía.

Frente a ese escenario, cabe preguntarse una vez más: ¿está la mayoría opositora del Congreso preparada para semejante circunstancia? ¿Siquiera la ha previsto? Por lo pronto, ni siquiera sabemos si su capacidad organizativa dará para que pueda aprobar la denuncia constitucional presentada por el Ministerio Público, pero parece más o menos claro, que dentro del ejercicio político futuro que nuestra mayoría opositora hace, no está colocado el punto factible de que Castillo decida patear el tablero, amparado en las botas y en el respaldo de la izquierda internacional.

El primer mandatario, por supuesto, se ganará varios años de cárcel en el futuro inmediato, cuando deje el poder, si perpetra semejante legicidio, que se sumará a las penas por la larga lista de delitos por los que será procesado y seguramente detenido al día siguiente que deje de ser presidente de la República, pero la desesperación y el pánico en el que se encuentran él y sus allegados en Palacio es de tal magnitud que es perfectamente capaz de huir hacia adelante y llevarse de encuentro todo el andamiaje constitucional con el afán de librarse de la prisión que le aguarda por los actos de corrupción que se le imputan.

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