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El síntoma ayacuchano

Hace unos meses, Ayacucho FC ganó la Fase 2 de la Liga 1 en una emotiva final frente a Sporting Cristal. De hecho, en sus diez cotejos previos a los dos últimos partidos frente al cuadro celeste, consiguió seis triunfos, tres empates y una sola derrota. Y, aunque cayó en esos cotejos definitorios frente al futuro campeón del torneo, la sólida campaña del cuadro de los “zorros” fue elogiada y reconocida como la mejor desde su presencia en la máxima división.  No obstante, finalizó la temporada y, lejos de cuidar y potenciar lo que le había permitido la conformación de un equipo protagonista, perdieron tanto a su técnico Gerardo Ameli como futbolistas que mostraron un gran rendimiento; entre otros, Ángel Zamudio, Diego Minaya, Alexis Cossio, Jorge Murrugarra y, su emblemático goleador, Mauricio Montes.

Con la llegada de algunos refuerzos sin un pasado cercano favorable en participaciones internacionales, con apenas unos partidos de práctica y sin el «ritmo futbolístico» adecuado, el panorama para encarar una Copa Libertadores no era el más alentador. De ese modo, se configuró el contexto coyuntural en el que se consumó la apabullante derrota de 6-1 frente a un equipo de la jerarquía del Gremio de Brasil. Una derrota que, en el marco de las últimas participaciones de los clubes peruanos en los torneos continentales, no hace sino afirmar y volver a sacar a la luz la vigencia sintomática de problemas estructurales que moldean nuestra realidad futbolística.

Ahora bien, reconocer la existencia sistémica e histórica de problemas que impiden el desarrollo futbolístico integral del Perú -desde el establecimiento de una ética y una lógica de gestión directiva perniciosa, hasta el descuido generalizado del trabajo y la competencia en divisiones menores-, no implica asumir la inexistencia de niveles de análisis; es decir, este reconocimiento no determina negar la capacidad ni la existencia de un campo de acción posible propio de cada equipo.

Así, retomando el ejemplo de un club provincial, vale la pena recordar que en la pasada edición de la Copa Sudamericana, Sport Huancayo superó y dejó fuera a Argentinos Juniors y a Liverpool de Montevideo. Y, en la del 2019, lo mismo hizo con Unión Española, equipo chileno, que, en los últimos años, ha participado de forma continua en los torneos continentales. Un aspecto importante aquí es que la institución huancaína sí ha mantenido y sostenido una forma de jugar y una base de futbolistas que, de hecho, ya son plenamente identificables con los colores de su equipo como Joel Pinto, Víctor Balta, Ricardo Salcedo, Marcos Lliuya y Marcio Valverde, por ejemplo. Clasificado de nuevo a una Copa Sudamericana, con la dirección técnica del estratega Wilmar Valencia, inició esta Liga 1 con una victoria frente a Deportivo Municipal. En gran medida, este criterio razonable en las decisiones directivas se funda en el aprendizaje de las primeras y duras experiencias en sus primeras participaciones a nivel continental allá por los inicios de la década pasada.

Entonces, asumiendo el carácter variable del fútbol, es posible que en el futuro próximo, algún club consiga algún objetivo trazado, pero se corresponderá más a una suma de esfuerzos singulares que al soporte de una política deportiva de desarrollo institucional. Esto no niega,el carácter sintomático del cotejo del cuadro ayacuchano que, como sabemos, es solo el indicativo, la señal, la manifestación concreta de algo que, en un nivel más profundo, existe, aqueja y merece una atención detenida y crítica para ser modificado, pues tiene una multiplicidad de elementos y merece un abordaje especialmente complejo.

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