Jorge-Luis-Tineo

R.E.O. Speedwagon: Más de cincuenta años en la carretera

"A pesar de que son básicamente reconocidos por sus baladas “power”, los R.E.O. Speedwagon pasaron la mayor parte del tiempo como una electrizante banda de rock, más relacionable a Grand Funk Railroad o The Edgar Winter Group que a Air Supply..."

La música de nuestros tiempos tenía algo que no tiene la música que hoy escuchan los adolescentes -y no pocos viejos con diversos déficits neuronales-. Y ese algo se llama emoción. Había, en los rockeros de viejo cuño que escuchábamos después de salir del colegio, una visceral manifestación de la sensibilidad que, aun sin entender mucho lo que estaban cantando, te llegaba al corazón, al alma. Y cuando alcanzabas a entenderlos, esa emoción se multiplicaba y hacía aún más profunda, hasta convertirse en parte constitutiva de tu ser, de tu forma de ver la vida, de tus sueños para el futuro.

Ser melómano y escuchar siempre música en la cabeza -uno de mis profesores de guitarra criolla decía que, incluso cuando su novia le hablaba de todo lo que tenían que hacer cada fin de semana, él sentía en sus oídos acordes, armonías, canciones completas- va haciéndote cada vez más analítico, selectivo y exigente con respecto a qué escuchar. Y muchos comentaristas caen, en ese camino, en el esnobismo de denostar aquellas propuestas sonoras consideradas “comerciales”, como si ello fuera una especie de pecado pero que, en su momento, tuvieron un impacto genuino, basado en el más puro talento y la capacidad suficiente para tocar la sensibilidad de sus públicos, sin abandonar la rebeldía, la potencia y el sentido aventurero del buen rock and roll.

R.E.O. Speedwagon es una de esas bandas que encarnaron el espíritu del rock norteamericano de los setenta y ochenta, con canciones entrañables que tuvieron de todo, desde hard-rock hasta baladas. De hecho, junto a Journey, Styx y Foreigner -entre otros- el quinteto lideró ese bloque de rocanroleros baladistas tan famoso que llenó los rankings con sus melodías finamente construidas y ejecutadas con una calidad que muchos grupos de hoy no solo no aspiran a desarrollar, sino que desprecian abiertamente con su calculada vulgaridad y afrentoso simplismo. Hoy, cincuenta años después de su aparición en el panorama rockero de los Estados Unidos, siguen haciendo vibrar a sus seguidores a ambos lados del Atlántico. Porque, a pesar de los cambios de la industria discográfica y la ingratitud de las masas, entregadas en cuerpo y alma a Bad Bunny; o de aquellos sectores de la crítica que aseguran que solo lo “indie” o lo “oscuro” valen la pena, los R.E.O. Speedwagon están ahí, luminosos y accesibles, haciendo lo suyo.    

A pesar de que son básicamente reconocidos por sus baladas “power”, los R.E.O. Speedwagon pasaron la mayor parte del tiempo, desde su aparición en la rica escena de Chicago, Illinois, a fines de los años sesenta, como una electrizante banda de rock energético y guitarrero, más relacionable a Grand Funk Railroad, Blue Öyster Cult o The Edgar Winter Group que a Air Supply. El núcleo fundador estuvo conformado por Neal Doughty (teclados) y Alan Gratzer (batería), compañeros de universidad que, en 1967, decidieron armar un grupo para tocar covers de The Doors y Otis Redding. En 1970 se unirían el vocalista Terry Luttrell, el bajista Gregg Philbin y el guitarrista Gary Richrath. Con la llegada de este último, el conjunto definió su propuesta sonora debido a la gran capacidad de Gary para componer himnos para estadios y ese afilada Gibson SG modelo clásico, que aprendió a tocar de manera autodidacta desde los 14 años, desde la cual lanzaba poderosos riffs e incendiarios solos de raigambre bluesera.

Con esa primera formación grabaron su álbum debut, R.E.O. Speedwagon (1971) -con nombre y logotipo inspirados en un camión diseñado en 1915 por el pionero de la industria automotriz Ransom Eli Olds, fundador también de otra histórica fábrica de vehículos motorizados, la Oldsmobile- que contiene temas como Sophisticated lady, Lay me down o 157 Riverside Avenue, dirección de una casa ubicada en Westport, Connecticut, donde el grupo escribió estas y las otras canciones que conforman ese primer larga duración. Para el segundo disco, R.E.O./T.W.O. (1972), Luttrell fue reemplazado por el cantante y compositor Kevin Cronin. El disco prosigue la senda del buen rock and roll de carreteras con temas como Like you do, Let me ride y Music man.

Entre 1973 y 1975, el grupo produjo tres álbumes más, con Mike Murphy, otro amigo de Chicago, en los micrófonos, tras la salida intempestiva de Cronin por “diferencias creativas”. El primero de ellos, Ridin’ the storm out, contiene el tema-título, fijo en los conciertos de R.E.O. Speedwagon hasta ahora. El inicio con esa tormenta eléctrica de teclados los emparenta a otros como Kansas o Styx y sirvió durante años como canción de cierre. En canciones como Find my fortune (Ridin’ the storm out, 1973), Wild as the western wind (Lost in a dream, 1974) o Dance (This time we mean it, 1975), compuestas por Gary Richrath -para entonces afianzado como director musical del grupo-, el talentoso guitarrista muestra sus dotes como cantante. En 1976, tras solucionar sus desencuentros, Kevin Cronin volvió, y esta vez para quedarse. Ese año la banda grabó su sexto LP, simplemente titulado R.E.O., en que destacan Keep pushin’, (Only a) Summer love y el instrumental Flying turkey trot. Luego, en 1977, el quinteto edita su primer álbum en directo, Live: You get what you play for, una exhibición del poderío que habían ganado como banda en vivo, al cumplirse diez años de su formación. Este sería el último con Gregg Philbin, quien dejó su lugar al cantante y bajista Bruce Hall.

Y ahí comenzó a gestarse el R.E.O. Speedwagon que todos conocen.

En una época en que el hard-rock producido en los Estados Unidos y sus derivados se imponían en las preferencias del público -Van Halen, Kiss, Ted Nugent, Aerosmith, Montrose, brillaban y llenaban estadios en el mundo entero-, el quinteto decidió cerrar los setenta con dos discos en los que comenzaron a mostrar intenciones más melódicas y electroacústicas, un camino que ya habían iniciado con el álbum previo (R.E.O. de 1976): You can tune a piano, but you can’t tuna fish (1978) y Nine lives (1979). Canciones como Roll with the changes, Only the strong survive o la balada Time for me to fly seguían mostrando el músculo rockero que habían ganado recorriendo el país con interminables giras, pero dejaba intuir las nuevas rutas que abordarían, con extraordinario éxito, durante la década siguiente. Con su formación más reconocible -Kevin Cronin (voz, guitarra, piano), Gary Richrath (guitarra, voz), Bruce Hall (bajo, voz), Neal Doughty (teclados, pianos) y Alan Gratzer (batería, voz)- R.E.O. Speedwagon, con una década de trabajo a cuestas, decidió conquistar el mundo usando su inteligente mixtura de rock para salir a bailar y romanticismo para cantarle al amor.

Entre 1980 y 1987 R.E.O. Speedwagon fue una de las bandas con mayor presencia en las radios y programas de televisión dedicados a la transmisión de videoclips. Su energía y carisma sobre el escenario se mantenía intacta y cada vez mejor, mientras que sus nuevos discos les aseguraban el éxito con composiciones de brillo melódico e innegable destreza instrumental como, por ejemplo, Take it on the run, Keep on loving you o Don’t let him go, todas incluidas en su noveno disco Hi infidelity (1980), uno de los más vendidos ese año. El álbum siguiente, Good trouble (1982), produjo otros singles de intensa rotación: Girl with the heart of gold, The key y, particularmente, Keep the fire burnin’, una letra perfecta para personas o parejas que, superando problemas y/o errores, buscan reencontrarse con su esencia. En todas ellas, la inspirada guitarra de Richrath, el alto registro vocal de Cronin, las armonías vocales de Hall y Gratzer y los omnipresentes teclados de Doughty se hicieron altamente reconocibles con producciones que conmovían, emocionaban, gustaban y elevaban el espíritu.

Pero, si hay una canción que define al grupo como efectivo creador de melodías románticas, esa es Can’t fight this feeling, single principal del álbum Wheels are turnin’ (1984). El video, una hermosa alegoría de lo que significa amar a alguien toda la vida, está grabado en la memoria colectiva de una generación -la nuestra- que escuchó música por televisión y que no tenía ningún reparo en expresar sentimientos de manera elegante y, hasta cierto punto, inocente. Es natural que en una época como la actual, en que decenas de miles de personas, hombres y mujeres de todas las edades, acampan y se desvelan para oír balbuceos sexistas, sea considerado anacrónico que un hombre quiera enamorar y conquistar a una mujer cantándole cosas como “es hora de llevar este barco a la orilla y lanzar las anclas para siempre”. ¿Para qué hacer eso si hoy las cosas pueden ser más prácticas y expeditivas, según el predicamento de mamarrachos como Maluma, Daddy Yankee o Bad Bunny? El 13 de julio de 1985, R.E.O. Speedwagon interpretó este tema ante más de 80,000 personas que la corearon en el estadio JFK de Filadelfia, como parte del Live Aid. Ese mismo día, en el estadio de Wembley en Londres, Queen hacía lo propio.

Tras algunos ingresos más a los rankings mundiales con canciones como One lonely night (Wheels are turnin’, 1984), In my dreams (Life as we know it, 1987) o Here with me (The Hits, 1988), la banda sufrió la salida de dos de sus miembros históricos, Alan Gratzer y Gary Richrath, quienes fueron reemplazados por Bryan Hitt y Dave Amato, respectivamente, para seguir de gira por el mundo tocando sus grandes éxitos y editando, esporádicamente, álbumes con material nuevo como Building the bridge (1996), Find your own way home (2007) y hasta un disco navideño, Not so silent night (2009). En el año 2000 realizaron una gira en conjunto con sus paisanos Styx, registrada en el CD doble y DVD, Arch Allies: Live at Riverport. En el 2013, para un concierto de apoyo a las poblaciones de Illinois devastadas por una ola de tornados, Gary Richrath se unió a sus compañeros en el escenario para tocar Ridin’ the storm out, una de las tantas composiciones que sirvieron para establecer la fama de la banda. Lamentablemente, dos años después, Richrath falleció a los 65 años.

Entre mayo y agosto de este año, R.E.O. Speedwagon celebró sus 50 años de carrera con la gira Live & Unzoomed, nuevamente con sus compadres de Styx y un aliado más, los canadienses Loverboy, otra icónica banda ochentera. Cronin (71), Doughty (76), Hall (69), Amato (69) y Hitt (68) están más vivos que nunca, tocando canciones que nunca deberían pasar de moda, si las modas estuvieran definidas por el buen gusto.

Tags:

power ballads, REO Speedwagon, rock clásico, rock de los 80s

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