clásico mas pasional

En el clásico más pasional del mundo

Este columnista estuvo presente en el clásico más pasional del mundo, como así lo denominaran históricos diarios ingleses como The Sun o The Telegraph. Y es que hablar del River vs Boca, es hablar de una emoción y pasión, historia y mística inigualable en el fútbol.

[CASITA DE CARTÓN] Este Columnista, aprovechando su estadía por las tierras que vieran nacer a Maradona, Charly García, Messi, Borges, entre tantos genios y como el tango, estuvo presente en el clásico más pasional del mundo, como así es considerado, y no solamente en este país donde el fútbol se respira 24/7, sino también en distintas latitudes del mundo, como en la cuna del fútbol, Inglaterra, donde históricos diarios como The Sun o The Telegraph, lo consideran el mejor clásico del mundo. Y es que hablar del River Plate vs Boca Juniors, es hablar de palabras mayores del fútbol, tanto de emoción y pasión, como de historia y una mística inigualable.

Y por sorprendente que parezca, “Gallinas” y “Bosteros” nacieron en el mismo barrio, donde inmigrantes de diferentes partes del mundo llegaban a comienzo del siglo pasado, La Boca. Y es que a comienzos del siglo pasado Argentina era un país próspero en Economía y de calidad de vida, que nadie tenía que envidiar a países europeos, como Francia o Italia. Y justamente, de éste último país, centenares de inmigrantes calaban a estas tierras florecientes del nuevo mundo, como genoveses, que serían parte fundamental del nacimiento de estos dos equipos a orillas del puerto: River en 1901 y Boca en 1905. Y que en sus albores, estarían separados solamente por pocas cuadras, pero que con el pasar de los años se distanciarían de barrio a barrio, de un lado a otro de la capital, formando dos corazones familiarizados como eternamente rivalizados: blanco y rojo uno, y el otro, azul y oro. Ambos latiendo dentro de la ciudad de la furia, como así denominara el eternamente recordado Gustavo Cerati, a la siempre enigmática y fervorosa Buenos Aires.

Ya desde los primeros destellos del sol de aquel domingo, se sentía en el barrio de Belgrano y Núñez un aroma ferviente por los aires, con algunos cánticos que se asomaban como gentes vestidos con la franja roja que llegaban desde diferentes ciudades del interior, tomando fernet o vino, dando un augurio festivo a un día memorable por la fiesta y el marcador que se viviría. Yo me reuniría con mi amigo Manuel Esponja y otros grandes amigos de Plaza Italia –fanáticos de River que viajan a cada ciudad o país donde juegue el club- a hacer la previas, como tenía que ser, acompañados de asados y choris, como las infaltables Quilmes heladas. Era un día de otoño pero que parecía de verano por el calor que hacía, y que encendía todo el césped del mítico estadio Antonio Vespucio Liberti, más conocido como el “Monumental”. Y que una vez adentro, hacía gala a su nombre, con sus más de 83 mil espectadores y con una arquitectura similar a la del Coliseo Romano. Al llegar te impone su historia (es la cancha donde Argentina ganara su primer mundial, entre ellos con dos golazos del “Matador” Mario Alberto Kempes en el 78), y más aún, donde nos posicionamos, a un paso de la popular. Era inevitable no sentir ese bombeo fuertemente en el corazón al compás de los bombos y redoblantes como canticos durante los más de 100 minutos que duraría el partido, por parte de Los Borrachos del Tablón, la temible barra brava de River, quienes ahora se congregan en la Sivori Baja – históricamente era en la Sivori Alta- tras la remodelación reciente, como del resto de la afición que se quedarían sin voz ante tanto aliento, incluso después de terminado el encuentro.

Pero vayamos al inicio, cuando el equipo haría su “monumental” ingreso. Como es sabido, desde hace años no hay más hinchadas visitantes debido a múltiples incidentes entre barras como muertes. Aun así ¡no cabía espacio para ni un alfiler ni un alma más! Desde un lateral un telón y desde la popular otro, una camiseta inmensa, la que llevara el equipo en el 2018, año en que ganara de la mano del “Muñeco” Gallardo la final histórica de la Libertadores a Boca en Madrid. Los bombos, las bengalas rojas y blancas como los globos y las banderas, como la albiceleste y los trapos, al son del “River, mi buen amigo”. Los jugadores miraban anonadados. Era un apoteósico recibimiento como es costumbre en cada partido. Y después de un primer tiempo donde tuvo un solo dominador, al equipo local, la gente comenzaba poco a poco a impacientarse. Como mi amigo Manuel Esponja, que no paraba de comerse las uñas. Él me diría: “ojalá que no sea uno de esos superclásicos donde River ataca y ataca y al final faltando pocos minutos, con un contrataque o un córner, Boca hace un gol”. Pero esta vez estaba predestinado que la historia fuera distinta. En el segundo tiempo, el equipo “millonario” seguiría yendo al frente, con un remate al palo y con buenas atajadas de “Chiquito” Romero. Se vislumbraba un 0-0 injusto. Pero en el tiempo adicional, una falta imprudente del lateral izquierdo de Boca, Sández, cambiaría el destino final del partido al dar un penal para River. Que con gran determinación y frialdad el colombiano Borja convertiría en ¡¡¡Gol!!! Desatando el grito sagrado y la euforia máxima entre todos los aficionados, como la de mi compañero Manuel Esponja, que entre conocidos y desconocidos se abrazaban, empapándose de lágrimas. Por primera vez River le ganaba en el último minuto al cuadro “Xeneize”, y eso desataría una celebración única. Pero en eso se armaría un barullo entre los jugadores por un festejo desmedido de Palavecino, que hizo que el partido sobrepasara el centenar de minutos y que a su vez produjera 3 expulsados para cada equipo, como viejos superclásicos. El resultado no cambiaría de resultado y se daría un triunfo histórico para los hinchas de River, que celebraban efervescentemente con Enzo Pérez y los demás jugadores, acompañado del «Tomala vos, damela a mí, el que no salta, murió en Madrid», entre otros cantos.

Posteriormente nos iríamos a festejar al Hall, donde se reúnen los hinchas para continuar con la celebración de un partido importante. Y allí estaría mi entrañable amigo y compañero de viajes, fanático como pocos de River, Bruno Raitzin, junto con los muchachos de Plaza Italia, con los que cantaríamos y saltaríamos hasta quedarnos afónicos. Para luego, como tenía que ser, la fiesta llevarla a otra parte. A un “boliche”, dando el mejor cierre posible a la estadía de Manuel Esponja en el país de la pasión, como haciéndome vivir mi momento más emotivo en el fútbol, y con la cual esta casita de cartón cierra esta memorable columna que indudablemente llevará de recuerdo hasta que tenga que dar su último suspiro y sea enterrado en un cajón, pintado rojo y blanco, como su corazón.

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Argentina, Boca Juniors, Fútbol, fútbol argentino, Monumental, River Plate

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