Fabrizio Ricalde

Ruidíaz, Zambrano y otros demonios: el testamento según Gareca

¡Cuidado! La última convocatoria de Gareca está llena de demonios. Dudas, desdichos y preferencias personales sin mucho sustento. El análisis completo:

Ricardo Gareca es un Dios para el Perú, pero sufre de algunos demonios internos. Es un todopoderoso con pesadillas que lo atormentan de noche. Ha construido un texto bíblico de cómo tomar decisiones al mando de la selección peruana. Parecen firmes siempre, y están avaladas por su éxito. Pero al parecer sus demonios han tomado gran control de sus santas escrituras. 

El primer mandamiento de San Gareca es que él primero es un ex jugador y luego un entrenador de fútbol. Ahí, la lealtad por la historia del jugador, el sentimiento de grupo y el entendimiento de la psicología individual del futbolista son lo más importante. Desde ese lugar ha protegido a Cueva tantos años, a pesar de los excesos. O ha elegido y sostenido a algunos jugadores con bajo rendimiento. 

Y con esa visión de ex jugador, Gareca ha dejado en claro en una entrevista con Liberman hace algunos días, que a algunos jugadores se les trata de una forma y otros, pues de otra. Algunos son dignos discípulos y otros a veces ya no tanto. A algunos se les puede exigir más y a otros, simplemente menos. Eso se da por sus condiciones personales, orígenes, contextos. Para cada quien, un trato distinto.

Este es el origen de los demonios del Tigre Gareca. La falta de una lógica clara en su elección y planteamiento. Entran o salen jugadores del equipo sin ninguna o con muy escasa explicación o justificación. El testamento según Gareca no mantiene una lógica constante. Están los que no juegan, los medio lesionados, los de buen presente, los del Medio Oriente, los perdonados. Todos van o no, si él lo decide. 

Parecen lejos los días en que Gareca postulaba otros mandamientos. El fin de las argollas, que despidió a Vargas o Pizarro. La exaltación de los méritos pasados sin sustento en el presente. Chau Ascues o Ballón. La elección en base a quienes mejor juegan en su club y ligas competitivas, como fueron las apariciones de Cueva, Flores, Carrillo, Abram, Trauco y toda la nueva sangre. 

El primer y más grande demonio del Tigre es el León. Carlos Zambrano fue separado de la selección por primera vez en el 2015 tras una roja contra Chile en Copa América. Una patada innecesaria. Se le excluyó por cuatro años en el mejor momento de su carrera. Era un gran referente del Frankfurt de la Bundesliga. Sin explicación suficiente, la prensa adjudicó la decisión a la expulsión. Chau, sin asco.

Pasaron cuatro años y Zambrano había dejado Alemania para probar suerte en Rusia, Grecia, Suiza y Ucrania. No recuperó su nivel futbolístico y aun así fue convocado a la Copa América del 2019. De hecho, cuando eso pasó, Zambrano llevaba media temporada sin jugar en su club, el Dínamo de Kiev. El Tigre le dio la chance al León, en un rugido de auxilio, porque no encontraba dupla de centrales tras la extinción post mundialista de Ramos-Rodríguez.

Y es aquí donde vale preguntarse si es el jugador quien debe agradecer a Gareca por la oportunidad o si más bien se le debería agradecer al jugador por su buen rendimiento. Zambrano fue separado por desconfianza y traído de vuelta como salvavidas sin siquiera tener continuidad en su club. Gracias a su jerarquía se creó la última pareja de centrales sólida de Perú en la era Gareca: Zambrano-Abram. Después de él, la Biblia no ha encontrado una dupla segura. Y ha probado todas las mezclas posibles.

Ahora, Zambrano ha vuelto a ser separado por falta de confianza tras el codazo a Richarlison en Lima. Y no ha sido perdonado ni reincorporado a pesar que Perú es la peor defensa de las Eliminatorias con catorce goles en contra. De hecho el mismo jugador declaró no tener contacto con el comando técnico hace dos años. Y su presente es mejor que el del 2019: juega regularmente en Boca Juniors.

¿Vale jugar la clasificación al Mundial sin el mejor central del país disponible? Haciendo uso de un lento e impreciso Ramos, solo presente por su calidad de líder, o de un Callens procedente de un fútbol estadounidense donde se juega varios cambios por debajo del ritmo de las Eliminatorias. Con Abram aclimatándose a España, Santamaría es el único central con una realidad nivel selección. 

El otro gran ausente de la lista es Pedro Aquino. Es el volante defensivo titular del América de México, el equipo más grande y puntero invicto de la Liga MX. En lugar de Aquino se ha llamado a Cartagena, que dejó el fútbol argentino por Emiratos Árabes Unidos. A sus 26 años, se fue a una liga donde los jugadores van a retirarse, que es incluso inferior a dónde juegan Carrillo y Cueva.

La separación de Aquino sólo se explica desde alguna secreta indisciplina, aunque no hay información sobre eso. Es el capítulo apócrifo de la Biblia garequiana. Y si fuera el caso, por qué no trabajar de cerca en la psicología de una estrella cuyo valor asciende a siete millones de euros, como se hizo con Cueva. ¿Perú puede darse el lujo de separar a un volante de la categoría de Aquino? 

Otro jugador defensivo que no ha sido considerado es Miguel Araujo. Claro, pareciera que aquí Gareca aplica la falta del ritmo futbolístico. Araujo aún no se une al Emmen para iniciar la temporada, pues se encuentra en búsqueda de mejores ofertas para evitar la segunda división de Holanda. Sin embargo, sí están convocados jugadores en similar condición física, como Trauco, Flores o Peña.

Una más: Gareca no ha mandado ni una paloma mensajera a mostrar interés por Gustavo Dulanto. ¿Quién? Un defensa en plenitud a sus 25 años, que emigró el 2019 al Boavista de Portugal y ahora es el capitán indiscutible del Sheriff Tiraspol. ¿Cuál? El mejor equipo de Moldavia que hoy está a muy poco de convertir a Dulanto en uno de los pocos peruanos en jugar fase de grupos de la Champions.

El otro inmenso demonio de Gareca se llama Raúl Ruidiaz. Pero este lo es, muy por el contrario, por blindarlo. Hace algunos meses, cuando Lapadula despegó como el nuevo héroe de Perú, quedó claro que Ruidiaz debía despedirse de la selección. No jala marcas, ni siquiera estorba, no gira de frente al arco, no tiene portento físico, no hace goles, los volantes no le encuentran el pase, no aporta en la marca.

En números, Ruidiaz es el mejor delantero peruano en el exterior y es, al mismo tiempo, la peor opción peruana en ataque. En Estados Unidos su equipo es puntero, es el goleador del torneo y el jugador más determinante. Anota cada semana. Sí, todo eso. Pero fíjese un detalle: en cada gol que hace hay que ver como marcan esos defensas. El espacio que le otorgan y la libertad de movimiento para pensar, girar y posicionarse en el disparo. Compruébelo. 

Aún así, ya hace mucho que Ruidiaz es la Pulga del Tigre. Incluso es peor opción que Santiago Ormeño, la única gran ausencia celebrable. Este resultó ser un delantero trotón que no intimida a nadie. Un tipo carismático y bonachón que no aporta en nada al juego de la selección, igual que Ruidiaz. Sería mejor opción modificar algún versículo de la Biblia y probar alternativas nuevas. 

Ojo. Es muy probable que Ruidiaz juegue de arranque contra Uruguay e incluso Venezuela. Lapadula está sancionado y falto de fútbol. Guerrero frágil hace años que solo juega de suplente. Y en el banco está solitaria la Pulga, en esta lista de convocados incompleta y sin variantes. Una selección que demuestra todos los demonios que rodean a San Gareca: sus dudas, desdichos y preferencias. 

Como él mismo profesó en el versículo 10:2022 de la carta a los Uruguayos: un equipo debe jugar siempre mejor, pero jugando siempre igual. Ergo, las variantes no están contempladas. Palabra del Señor.

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Raúl Ruidiaz, Ricardo Gareca

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