fabrizio Ricalde

Bárbaro y La Huérfana: dos caras de la moneda

"Ya en cines, Bárbaro es una joya del terror moderno. Además, ofrece un discurso de lucha contra la violencia de género. También llega a los cines La Huérfana. Te contamos todo aquí"

Tess llega a Detroit de noche para una entrevista de trabajo. Llueve como una ducha y no se logra ver nada del barrio alrededor de la casita que ha alquilado por Airbnb. Cuando llega a la caja al lado de la puerta donde está la llave, no hay nada. Llama a la empresa del alquiler y nadie le contesta. Justo antes de irse, ve que una luz se enciende adentro. Hay alguien en la casa. Entonces, Tess da su primera mala decisión.

Y luego la línea narrativa es toda sobre Tess tomando una decisión mala tras otra. Dentro de la casa está Keith. También la ha alquilado por los mismos días, pero usando otra aplicación. Luego de una corta conversación, Tess decide confiar y entra a la casa para ver qué más hacer. El vecindario está todo a oscuras, la lluvia no para, los hoteles están todos llenos, algo malo va a pasar.

Bárbaro logra mantener toda la tensión las casi dos horas de historia, sin ningún altibajo. Y en su desarrollo resulta ser mucho más compleja que su premisa inicial. Va profundo en un espiral de historias entrecruzadas y múltiples líneas narrativas. Al mismo tiempo aborda temas sociales profundos y no le teme a tener moralejas y críticas y absurdas reconstrucciones de la cultura moderna.

De hecho, el camino narrativo de Bárbaro es demencial. Es todo algo totalmente inesperado y se siente como nunca antes visto. Esto es posible debido a la capacidad del guion en sumergirse de forma profunda en sus personajes. A partir de conversaciones y diálogos cortos, bien colocados, rápidos y con buen ritmo y sorpresa, podemos saber todo sobre quiénes son estas personas y qué les puede pasar. Tienen múltiples capas, toman decisiones racionales y emocionales en interválos, cometen errores y luego los remedian y luego vuelven a errar. 

Quizás Bárbaro es el sinónimo de una película que utiliza un montón de elementos comúnes del cine de terror y crea líneas alternativas con ellos. Hay un sótano vacío, una casa con ruidos extraños, una persona vulnerable. Pero nada de esto se siente como algo antes visto, sino como una gran primera vez. También porque permite a la audiencia entender por su cuenta las razones de su propia narrativa. No hay nadie diciendo qué está pasando, uno se va dando cuenta de las excusas y justificaciones a partir de la siguiente acción. 

Bárbaro roba el aliento, tiene la capacidad de paralizar la atención por completo. Desde el inicio uno no quiere que a estas personas les vaya mal, todo por el contrario. Pareciera más bien el set perfecto para una historia que debe tornarse en algo positivo. Es ahí donde el guionista juega con las infinitas posibilidades de la historia. Quizás estos personajes se enamoran, o quizás es un encuentro irrelevante, o quizás sí es un asesino serial, un violador, o quizás es ella más bien la que termina dando un giro hacia el lado del villano. O quizás hay algo más, no son ellos los únicos involucrados en la trama.

Una película de terror con múltiples posibilidades es la forma de capturar la atención y mantener el suspenso. Algo parecido ocurre en la nueva entrega de La Huérfana. Esta vez es un viaje al pasado previo al clásico del cual ya ha pasado más de una década desde su estreno. Viajamos de regreso a Rusia, y ya no hay una intriga alrededor de esta niña. Ya sabemos que es más bien una mujer adulta atrapada en el cuerpo de una niña por una extraña enfermedad, y además completamente trastornada por estos traumas. 

Luego de escapar del manicomio donde está reclusa, se hace pasar por una niña de nuevo y engaña a unos padres en Estados Unidos que andan buscando a su hija secuestrada hace muchos años. Hasta ahí todo es básicamente la misma película. El giro que da entonces abre una serie de posibilidades para la trama que debo decir fueron totalmente inesperadas para mi. Estaba esperando otro tostón previsible donde esta niña malota es la amenaza de una bonita familia americana. Pues aquí no hay nada de eso. 

Lo que sí hay es mucha violencia gráfica y sesos saliendo de las cabezas. También hay muchas risas. Cuántas posibilidades hay de que se vea real a una actriz de 25 años haciendo de una mujer de 31 años pretendiendo por una enfermedad ser una niña de 9 años. Cuán ridículo pueden ser enfrentamiento físicos, peleas, patadas y ataques directos de esta pseudo niña hacia otros personajes adultos. Es un personaje diabólico improbable no por su naturalez aisno porque su sola existencia es totalmente absurda. 

Bárbaro te da miedo, angustia y te indigna en grandes cantidad. La Huérfana te da mucha risa. Y se agradecen ambas emociones, incluso cuando no te lo esperas. En la segunda, la gran pregunta es, si nos estamos riendo de la película o con la películas. Quizás la intención de los creadores haya sido hacer el completo ridículo. Por algún motivo, lo descabellado de su premisa, y en eso se parece mucho a Bárbaro, la hace ser extrañamente interesante. Pero al final no importa por qué nos da risa. Si estamos dispuestos a experimentar angustia extrema, también deberíamos agradecer cuando algo da grandes dosis de auténtica comedia.

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Cine, Crítica

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