[OPINIÓN] Salazar Bondy llamó “Arcadia colonial” a una vieja costumbre limeña: inventarnos una ciudad distinta de la que realmente tenemos y, después, creernos el cuento.
Arcadia significa eso: un paraíso imaginario. Un lugar perfecto que nunca existió.
Pero para sostener una Arcadia hace falta algo más: ignorancia. A veces involuntaria; otras, cuidadosamente cultivada. No saber, no preguntar o, peor todavía, no querer saber.
No lo inventó él. Humboldt, de paso por Lima en 1802, notó que la gente vivía la opulencia a espaldas de la inmundicia. San Martín entendió que a los limeños había que ofrecerles títulos para lograr sus objetivos. Bolívar maldecía a una élite que cambiaba de bando según le convenía, y Flora Tristán vio claramente una ciudad que rezaba en público y se tapaba la cara para todo lo demás.
Dos siglos después, la Arcadia tiene candidato.
En octubre de 2022, días después de ser elegido alcalde, Rafael López Aliaga juró en televisión que no renunciaría para postular a Palacio. “Mi palabra vale oro”, dijo. Tres años después, renunció para postular a Palacio. Ganó un escaño en el Senado y también lo despreció antes de recibir sus credenciales, para inscribirse luego como primer regidor de su lista. Su propio partido admite que la maniobra se apoya en un vacío legal. El oro, al parecer, era enchapado.
¿Y la obra? Prometió convertir Lima en potencia mundial. Sacó de la manga 93 vagones y 20 locomotoras viejas de Caltrain, disque gratuitas, hasta que se supo que la municipalidad pagó más de 22 millones de dólares. Hoy esos trenes siguen abandonados en el Parque de la Muralla: sin plan, sin vía, sin fecha y sin vergüenza. Ofreció 12 000 cámaras con inteligencia artificial y 10 000 motos policiales que nunca llegaron. Se fue dejando sin cumplir muchas promesas de su plan de gobierno, mientras la Ramiro Prialé sigue a medias y la Vía Expresa es, en las horas punta, cualquier cosa menos expresa.
Eso sí, algo dejó: una deuda de más de 4 000 millones de soles que pagarán los próximos cuatro alcaldes y que la Fiscalía investiga por presunta colusión y negociación incompatible. Súmele arbitrajes perdidos en París, con Rutas de Lima reclamando entre 339 y 447 millones de dólares. Y un tránsito que convierte cada trayecto en penitencia.
¿Cómo lidera las encuestas alguien así? Con los dos pilares de la Arcadia. La cucufatería: en Lima, quien exhibe rosario y cilicio queda eximido de rendir cuentas. Y la huachafería: votar por el patrón que grita les regala a muchos la ilusión de pertenecer a la casa grande, aunque vivan en el callejón.
Así que, antes de marcar la cédula, mírese al espejo. Pregúntese si sabía lo que acaba de leer o si prefirió no saberlo. Porque para votar por él no hace falta ser un imbécil. Basta con algo más antiguo y más cómodo: vivir en la Arcadia.







