Canciones sobre brutalidad policial

Tras ver la noticia en la revista Life, el compositor, cantante y guitarrista canadiense Neil Young escribió la letra de Ohio, un triste e indignado tema que se convirtió en himno de la contracultura. A las dos semanas, Young y sus compañeros Stephen Stills, Graham Nash y David Crosby la grabaron...

La desproporcionada y brutal intervención de un contingente de más de tres centenas de policías al local de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, que incluyó destrucción innecesaria de infraestructura, robo de donaciones, abuso a personas inocentes y vulnerables -una niña, un señor con Alzheimer, mujeres gestantes-, maltrato verbal y físico, discriminación y hasta humillantes manoseos a estudiantes con el pretexto de “buscar drogas”, ocurrida el sábado pasado, es una de las noticias más desagradables, indignantes y vergonzosas que nos ha tocado ver en estos días, ante el silencio cómplice de los medios convencionales. La contraparte llega desde la prensa independiente, un colectivo multiforme en el que confluyen desde ciudadanos comunes y corrientes que difunden videos a través de sus redes sociales hasta periodistas establecidos como Rosa María Palacios, Marco Sifuentes o comentaristas independientes que informan y desenmascaran, con justificada furia, estos y otros atropellos.

En el pasado, esta reacción ciudadana ante la desinformación y el abuso de poder era simple y llanamente imposible. Y no hablamos de un pasado ancestral sino de hace treinta años como mínimo, en aquellos tiempos en que los teléfonos solo servían para hacer/recibir llamadas y las computadoras acababan de dejar de parecerse a gigantescas refrigeradoras, estaban muy lejos todavía de ser portátiles o entrar, como en el caso de los Smartphone plegables, en el bolsillo de una camisa. Hoy hay miles -¿o debería decir millones?- de transeúntes con teléfonos polifuncionales, cámaras digitales semiprofesionales y drones que echan por tierra en cuestión de minutos las mentiras descaradas de ministros, “líderes de opinión” de señal abierta y operadores de la politiquería angurrienta capaz de todo para quedarse en el poder.  

Desde siempre, la brutalidad policial ha sido la respuesta represiva más común contra estallidos sociales provocados por el hartazgo de las poblaciones ante gobiernos torpes, autoritarios, despreocupados y corruptos. Y, en aquellos tiempos en que la impunidad era moneda corriente por la libertad que tenían para cometer tropelías sin que nadie los viera -hoy, la impunidad también campea pero por otros motivos y componendas- fueron los músicos, desde diversos estilos y propuestas, quienes ayudaron a exponer los abusos de políticos y fuerzas policiales y/o militares. También ocurrió con algunos actores y actrices de Hollywood -pienso, por ejemplo, en Jane Fonda o Sean Penn en los Estados Unidos- quienes constantemente se plegaban a las protestas ciudadanas y ayudaban a los periodistas libres a visibilizar estas situaciones que el establishment, sin importar su color político o ideológico, siempre prefiere tapar.

Haciendo un recuento de aquellas canciones que aplican para describir lo que estamos viviendo en estos días en nuestro país, el primer ejemplo que me viene a la cabeza es, desde luego, Sucio policía, incluida en Primera dosis, aquel cassette grabado artesanalmente en 1985 por el trío limeño Narcosis -Luis “Wicho” García (voz), Fernando “Cachorro” Vial (guitarra), Jorge “Pelo” Madueño (batería)-, tema que vomita rabia hacia el policía como individuo carente de escrúpulos cuando se trata de reprimir, apalear y coimear. Es cierto que hablamos de un problema más complejo -corrupción política, decadencia institucional, efectivos que solo cumplen órdenes cuando los autores intelectuales son otros con más poder que ellos- pero, a un grupo de adolescentes peruanos de hardcore punk en plena era de terrorismo no se le puede exigir una elaboración sesuda. La cosa era gritar y de eso se trata Sucio policía. Primera dosis, que salió en CD en el 2003, es un referente de lo que fue el rock subterráneo de aquella convulsionada etapa de nuestra historia reciente.

Pero no todos son alaridos cuando se trata de reacciones musicales al acoso y el maltrato policial. El 4 de mayo de 1970, en plena crisis sociopolítica de la guerra de Vietnam, una manifestación pacífica de estudiantes de la Universidad de Kent State, en Ohio, terminó con cuatro jóvenes asesinados y nueve heridos por la represión policial que disparó a mansalva. Tras ver la noticia en la revista Life, el compositor, cantante y guitarrista canadiense Neil Young escribió la letra de Ohio, un triste e indignado tema que se convirtió en himno de la contracultura. A las dos semanas, Young y sus compañeros Stephen Stills, Graham Nash y David Crosby -más Johnny Barbata y Calvin Samuels en batería y bajo, respectivamente- la grabaron en los estudios Record Plant de Los Angeles. La canción fue lanzada como single al mes siguiente y es una de las mejores y más recordadas de Crosby, Stills, Nash & Young, cuya versión en estudio fue incluida en su recopilación de 1974, So far. La emotividad en las cuatro voces es más que evidente en la repetitiva coda final –“Four deads in Ohio! Four deads in Ohio!” (“¡Cuatro muertes en Ohio!”). Incluso puede oírse a lo lejos a David Crosby gritar “How many more?” (¿Cuántos más?). Aquí, la versión en vivo del álbum 4 way street (1971). Un verdadero clásico.

Cuatro años antes, en 1966, Stephen Stills ya había registrado otro himno de la canción protesta con su banda anterior, Buffalo Springfield, donde también militaba Young. For what it’s worth (Stop, hey what’s that sound), que fuera utilizada entre otras canciones en las diversas manifestaciones tras el brutal asesinato de George Floyd en el año 2020 en Minnesota, aplastado hasta la asfixia por un policía, se refiere a los permanentes choques entre jóvenes y brigadas policiales que se producían en el Sunset Strip de Los Angeles, California, en tiempos de hippismo y coloridas marchas antibélicas, de pacifismo y derechos civiles. La suave melodía con frases contundentes sobre la desprotección de quienes protestan ante la fuerza de escudos y cachiporras quedó instalada como una de las más representativas de esa época y logró nueva popularidad en los noventa cuando se incluyó en la banda sonora de Forrest Gump (Robert Zemeckis, 1994), en que se homenajea el lirismo del flower-power.

En la misma línea, Frank Zappa & The Mothers Of Invention retrataron, a su estilo sarcástico, los excesos de la policía frente a jóvenes marchantes desarmados. En dos canciones de su extraordinario álbum We’re only in it for the money (1968), Zappa denuncia la actitud violenta y asesina de “efectivos del orden”. Mom & dad contiene frases muy oscuras como, por ejemplo, esta: “Mama, mama, your child was killed in the park today, shot by the cops as she quietly laid by the side of the creeps she knew…” (“Mamá, mamá, tu niña fue asesinada en el parque hoy, la policía le disparó mientras ella descansaba tranquilamente junto a sus amigos hippies…”). Y en Who needs the Peace Corps? -su definitiva burla a la cultura hippie- el músico resume en una línea la forma en que la policía trataba a jóvenes indefensos que eran considerados “peligrosos”: “I will love everyone, I will love the police as they kick the shit out of me on the street…” (“amaré a todos, amaré al policía mientras me saca la mierda en la calle…”

Desde Inglaterra, fue el cuarteto The Clash el que enfiló baterías y guitarras contra los policías, desde su primer álbum lanzado en 1977. En ese disco figura Police and thieves  -en nuestro país, tuvo amplia rotación en las radios a finales de los ochenta- que declara en su primera estrofa que los uniformados solo sirven para asustar a la población, tanto como lo hacen los delincuentes –“Police and thieves in the street are scaring the nation with their guns and ammunition” (“Policías y ladrones en las calles están asustando a la nación con sus armas y municiones”). Aun cuando es una canción simbólica del grupo londinense no es de su autoría, sino un cover de dos legendarios músicos jamaiquinos, el productor y líder de The Upsetters, Lee “Scratch” Perry y el cantante Junior Murvin, quien la había grabado en 1976. Como sabemos, The Clash fue una de las bandas pioneras en incorporar los sonidos del reggae al punk. Y, un par de años después, en su álbum doble London calling (1979), presentó otro tema -esta vez propio, compuesto y cantado por el bajista Paul Simonon- en el que lanzan pullas a la policía. The guns of Brixton, también en clave de reggae, sirvió poco después para expresar el descontento ante las desmedidas acciones policiales en esa zona al sur de Londres, conocida por la amplia presencia, entre su población, de inmigrantes de Jamaica.

Desde Dead Kennedys, una de las bandas más polémicas del punk norteamericano, hasta “El Rey del Pop” Michael Jackson, han sentido la necesidad de expresarse contra la brutalidad policial. En el primer caso, el lado-B Holiday in Cambodia -su canción más ¿conocida?, lanzada en 1980- se tituló Police truck y relata las conductas exageradas de la policía en intervenciones a grupos de jóvenes callejeros. Y, en el segundo, Jackson reaccionó frente a los actos de discriminación y agresión a las poblaciones negras de Estados Unidos y otros países con su canción They don’t care about us, de 1995. En una onda mucho más frontal, el cuarteto de funk metal Rage Against The Machine lanzó, en su álbum debut de 1992, Killing in the name of, inspirados en aquellos disturbios policiales que ocasionaron la muerte al ciudadano afroamericano Rodney King, ese mismo año.

La marcha de la bronca, del dúo argentino Pedro y Pablo -seudónimos de los cantantes y guitarristas Miguel Cantilo y Jorge Durietz- es, probablemente, la más clara protesta ante la corrupción política, el silenciamiento de justas demandas y marchas pacíficas que se convierten, de un momento a otro, en verdaderas batallas campales. Apareció por primera vez en 1970, en su primer LP Yo vivo en esta ciudad. Aquí una versión más contemporánea, en un capítulo del excelente programa Encuentro en el Estudio (Canal Encuentro), producido y conducido por Eduardo “Lalo” Mir, uno de los locutores más conocidos de Argentina. También en español podemos mencionar a Eskorbuto, banda punk del País Vasco, con su canción Mucha policía, poca diversión, de su primer disco titulado Eskizofrenia de1985 (aunque la versión original había salido dos años antes) o al grupo de culto gaucho Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota cuya última producción oficial, Momo Sampler (2000) contiene el tema Sheriff

Las personas de bien esperamos que esta situación acabe pronto, aunque las respuestas que llegan del gobierno no parecen encaminadas a ello sino a seguir echando gas(olina) al fuego que envuelve a todo el país. En el camino, escuchar estas canciones nos hace recordar que la brutalidad policial no es una invención de conspiraciones alunadas, sino una realidad que nos está golpeando a la cara. Ninguna conmoción social puede ser eterna aunque, como cantó David Crosby, fallecido hace una semana y media: “it appears to be a long time before the dawn” (“parece que falta mucho para el amanecer” (Long time gone, 1969).

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Brutalidad policial, Canciones de protesta, Canciones sobre la policía, Punk, rock clásico

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