Juan Carlos Guerrero

Otro liderazgo político sí es posible

"¿Qué hubiera sido Haya sin el APRA? ¿Qué hubiera sido del APRA sin Haya?"

El político y el partido. El partido y el político. Es interesante notar dos cosas. La primera, el conocimiento, experiencia y competencias de Haya, en suma, sus rasgos personales, contribuyeron a su liderazgo indiscutible. La segunda, la organización formidable que gestó y con la cual se convirtió en un actor político importante en la historia política del país.

Teniendo presente el legado de Haya como político, pensemos algunas características que deberían tener los políticos de nuestro tiempo. Una primera tiene que ver con la ideología. Que no es otra cosa que una manera de entender y tomar posición en relación con una determinada realidad. Al político, le compete “leerla”, interpretarla, para tener claridad acerca del escenario en el cual le toca desenvolverse de manera oportuna y adecuada. Lectura que la comparte, a su vez, con sus seguidores y simpatizantes. Una segunda, con capacidad de influir en los afiliados a su organización política y en los ciudadanos que, eventualmente, simpatizan con sus propuestas políticas.

Una tercera, la de generar confianza entre ellos acerca de lo adecuado y oportuno de los objetivos propuestos, lo que los incentiva a la movilización y la acción para hacerlos realidad. Objetivos que se plasman en una agenda política de corto, mediano y largo plazo, que recogen las necesidades, intereses y expectativas de los ciudadanos y son plasmados en un proyecto político. Es decir, el político traza el norte y señala las maneras de lograrlo.

La cuarta, tiene que ver con los afiliados, con los seguidores. Ellos son los encargados de llevar a la práctica el proyecto político propuesto. Ellos son los que han de participar en el gobierno, los que van a gestionarlo. No es una tarea fácil gobernar un distrito, una provincia, una región, un país.  Por lo tanto, le compete al político, y a su organización, generar los espacios de formación y capacitación de aquellos afiliados que aspiran a gobernar, a entrar de lleno en la gestión pública; y con ellos, de manera colectiva, entender e imaginar soluciones alternativas a los problemas que se irán presentando en el ejercicio cotidiano del gobierno.

Por último, el político afianza su liderazgo cuando hace lo que predica, cuando explica sus decisiones, cuando recoge las expectativas no solo de sus seguidores sino también de otros ciudadanos con aspiraciones igualmente legítimas, cuando reconoce sus errores. Este es el tipo de políticos que uno aspira tener para el país. El desafío es colosal. Hace un buen tiempo tocamos fondo. Pero no todo está perdido. Poco a poco, se van construyendo esos liderazgos.

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Apra, política peruana

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