Lerner, Roberto

Vuelvo cuando quiero

"Pueden no tener ningún problema en asistir a la oficina, pero no quieren que nadie les imponga el día o la frecuencia."

Todas las estadísticas e indicadores muestran que el mundo está de vuelta, en términos de actividad, al nivel de marzo 2020. O casi. Si uno saca del cálculo a China, de hecho, se bordea el 90% y en algunos lugares incluso se está por encima del quehacer prepandémico. Oficinas y fábricas, pero también templos, estadios, discotecas y cementerios, han vuelto a cobijar a seres humanos desenmascarados.

¿La nueva normalidad consiste en hacer cosas distintas a las hechas antes del embate viral o a ver las cosas de una forma fundamentalmente diferente? Muy pronto para afirmarlo. Lo que sí es muy claro es que algunas, sobre todo las ligadas al trabajo, las estamos haciendo en sitios y horas distintos.

Aunque esto deriva de los encierros pandémicos, muchos trabajos han dejado de definirse por las oficinas y sus horarios, a pesar de que la enfermedad ha dejado de regir la vida de las personas. Independientemente de los avatares del Covid, pero también de los dictados de directorios y gerencias, para muchos ejecutivos ha dejado de tener sentido pasar 8 horas diarias 5 días a la semana en un lugar, como condición para desempeñar una función y pertenecer a una empresa.

¿Híbrido? No, flexible. Aunque muchas organizaciones en el mundo quieren ver y oler a sus integrantes y actualmente combinan palos con zanahorias para asegurar una presencia que en algún momento quisieron total y luego aceptaron parcial, son los empleados quienes comienzan a tomar el mango de la sartén. Pueden no tener ningún problema en asistir a la oficina, pero no quieren que nadie les imponga el día o la frecuencia.

Claro que las empresas pueden imponer, pero un mandato demasiado vertical puede significar la pérdida de talento importante, y su desacato un golpe a la cadena de autoridad. Por su lado, los ejecutivos no aceptan que el asunto venga de arriba sino de adentro: sí, quiero desplazarme porque para cierta tarea la oficina está bien, esta semana me conviene estar en otro lugar, o cualquiera de las combinaciones mientras los estándares de calidad se cumplan. Salvo circunstancias económicas muy precarias, muy poca gente, por los menos en negocios de capital intelectual, va a estar dispuesta a 9 a 5 de lunes a viernes.

¿Alguien puede sostener que la esencia del trabajo es hacerlo siempre en un cierto lugar, a las mismas horas y teniendo que hacer desplazamientos que muchas veces destruyen los niveles de bienestar obtenidos de los logros profesionales y económicos?

Se trata de una realidad que plantea retos importantes: ¿cómo se va a definir e interiorizar la cultura organizacional, el sentido de pertenencia y lealtad?, ¿cómo se va a realizar la supervisión de los colaboradores y evaluar su desempeño, ¿de qué maneras se va a ejercer el liderazgo y la autoridad?, ¿qué significa ser colega y compañero de trabajo? y, sobre todo, ¿qué papel va a tener lo laboral en la definición de la identidad personal, el sentido de agencia y el nivel de bienestar con la vida?

Nadie tiene muy claro lo que todo lo anterior va a terminar significando, pero las organizaciones que no comiencen a pensarlo de manera desprejuiciada y creativa, van a perder la capacidad de reinventarse en un mundo que se anuncia precario, rudo e incierto.

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laboral, Trabajo híbrido

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