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No fue solo contra el Apra

El daño que las dictaduras militares del siglo XX le hicieron a nuestra democracia."El siglo XX debimos aprender a ser democráticos y fue precisamente eso lo que nos arrebató la alianza-oligárquica militar primero, el Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada -Velasco y Morales Bermúdez- y luego la dictadura de Alberto Fujimori"

Ayer, en el aula de clase, me preguntaron por qué Víctor Raúl Haya de la Torre no llegó a ser presidente del Perú. La primera respuesta que se me vino a la cabeza fue “porque los militares no lo dejaron”, y cuando me repreguntaron por qué los militares no lo dejaron respondí “porque eran muy conservadores y estaban comprometidos en defender los intereses de la oligarquía, reacia a cualquier cambio en el orden sociopolítico y socioeconómico del país”.

En realidad, las veces que no dejaron gobernar al APRA, a Haya, o, si nos ponemos en plan ucrónico, a algún otro miembro de la cúpula aprista son varias: 1931 (si adoptamos la tesis de Luis Alberto Sánchez que no solo afirma que hubo fraude en esas elecciones, sino que además lo sustenta) 1936, 1939, 1945, 1950, 1956, 1962, 1963 y 1969. 

De todas las fechas mencionadas Haya solo postuló en los comicios de 1931, 1962 y 1963. Como hemos señalado, en 1931 se discute, pero no es seguro, que se haya producido un fraude, las del 62 sencillamente se las arrebataron los militares con un golpe de Estado que preparó el terreno para que en 1963 gane Acción Popular con Fernando Belaúnde a la cabeza. Los mandos castrenses habían sugerido que si en el 63 ganaba Haya darían otro golpe de Estado. 

Las otras fechas son variopintas, en 1936 hubo elecciones sin el PAP, ganó Luis Antonio Eguiguren con los votos apristas y por esa simple razón se anularon los comicios. En el 39 ganó Prado entre tres candidatos, todos oligarcas; el 45 permitieron que el APRA vaya en alianza, pero no que Haya postule a la presidencia; el 50 postuló Odría solo, el 56 el PAP y el PC fueron proscriptos de los comicios, y, como ya dijimos lo que pasó el 62 y el 63, nos quedan las elecciones de 1969. Haya era favorito, pero nunca se realizaron porque Juan Velasco se adelantó e inició el GRFA el 3 de octubre de 1968. ¡listo!

No es solo contra el APRA

Pero de las frustraciones de Haya y el APRA pasemos a las frustraciones peruanas, a las contemporáneas, a las que llevan por nombre Pedro Castillo, Keiko Fujimori y un sinfín de parlamentarios que son la vergüenza nacional y la expresión de una clase política indigna de llamarse tal. Nuestra actual clase política, más que los propios españoles en tiempos virreinales, ve al Estado como una fuente de enriquecimiento ilícito. ¿Por qué es así nuestra democracia?

La pregunta no admite una sola respuesta. La corrupción enquistada desde que llegó Francisco Pizarro es una niebla que todo lo obtura, que todo lo opaca, que palidece nuestra vida institucional. Pero también está nuestra falta de práctica democrática y allí tiene mucho que hacer el siglo XX que la oligarquía y el ejército trataron como a su chacra.

El APRA fue un partido de masas, reformista, más bien moderado, a juzgar por el plan de gobierno que le presentó al país Haya de la Torre en su célebre discurso programa de la Plaza de Acho en 1931. Luego, las violencias y radicalidades del APRA, que las tuvo, fueron más el resultado de una praxis política desarrollada en un contexto de clandestinidades y persecuciones.

La ucronía que no fue y que debió ser, fue la de un país que se democratizó con el APRA y de seguro con otras fuerzas políticas que hubiesen aparecido en escena a hacerle frente al partido de Haya de la Torre, si la oligarquía y el ejército (y Augusto B. Leguía, no hay que olvidarlo) nos hubiesen dejado transitar apaciblemente hacia la democracia. Y entonces hubiésemos tenido los gobiernos de Haya de la Torre, eventualmente los de Manuel Seoane, de Ramiro Prialé, de Fernando Belaúnde y de otros líderes, de otros partidos, que hubiesen saltado a la escena política si esta se hubiese caracterizado por la vigencia del orden constitucional y no por la autocrática alternancia de gobiernos militares y oligárquicos, que fue lo que tuvimos.

Mucho se dice, y se piensa, que en todo este ajetreo quien perdió fue el APRA, que Haya de la Torre vio frustrada su vida pues no llegó a ser presidente del Perú. Más allá de esto, durante el siglo XX debimos aprender a ser democráticos, debimos construir un orden institucional sólido y debimos incorporar la costumbre de defender y vivir en la normalidad de ese orden institucional y constitucional sólido sin que nadie lo ponga en duda y fue precisamente eso lo que nos arrebató la alianza-oligárquica militar primero, el Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada -Velasco y Morales Bermúdez- luego, y finalmente, como corruptísimo broche de oro castrense de la vigésima centuria, la dictadura de Alberto Fujimori.

Han pasado 22 años desde que Fujimori nos dejó, pues literalmente nuestro último dictador huyó al Japón, y, sin embargo, nuestra democracia no echa raíces, estas no germinan, se pudren. En lugar de clase política tenemos bandoleros camuflados bajo todo tipo de ideologías y propuestas disparatadas, cuando lo que buscan en realidad es el tesoro público, es el dinero de todos, son nuestros impuestos, para repartírselos, entre ellos, como Pizarro y los suyos cuando buscaban El Dorado, la legendaria ciudad de oro perdida, al punto que quebraron a golpe de cincel las piedras del Templo del Sol en el Cusco a ver si el oro se escondía dentro de sus rocas.

Aquí la república no ha comenzado todavía, 201 años después de su fundación formal por José de San Martín, y parte de la explicación, nos la deben los militares que le robaron la democracia a nuestro siglo XX, no se la robaron solo al APRA, nos la robaron a todos. Ténganlo presente.

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