Juan Carlos Tafur

Dos gobiernos de nueva derecha

“Ya gozamos de una estancia democrática nunca antes vista en la historia republicana del país. Toca ahora generar la gran revolución democrático-capitalista, que nos lleve, como potencialmente merecemos, al borde de ser una nación desarrollada, integrada, cívica y libre”

Bastarían dos gobiernos sucesivos de una derecha renovada, con clara voluntad de reformas no solo económicas sino, sobre todo, institucionales (políticas públicas en salud, educación, seguridad ciudadana y justicia, básicamente), para que el país, que hoy vemos con incertidumbre y ansiedad, se convierta en un país realmente viable, sin entusiasmos exagerados como los que acompañaron a buena parte del periodo de transición post Fujimori, y que no pasaron de ser una vana ilusión.

Si al crecimiento económico importante que gobiernos semejantes conllevarían, y el consecuente incremento de la recaudación fiscal, se suman inversiones significativas en mejorar la calidad de vida de los más pobres del país, asegurándoles dignidad y sentido de pertenencia, nos olvidaríamos para siempre de la aparición de candidatos disruptivos, antiestablishment, porque la mayor parte de la gente estaría satisfecha con el orden establecido, con el statu quo, y se resistiría a cualquier propuesta que vaya en sentido contrario.

De por sí, el Perú es un país inclinado hacia la centroderecha. La huella mnémica del terrorismo, la migración y proceso de individualización que aún persiste, la proliferación de iglesias evangélicas, la constitución de una mayoritaria clase media (mayor en número a los sectores pobres), hacen que, según todas las encuestas, la gente mayoritariamente se autodefina como de centro o de derecha, siendo la izquierda una opción minoritaria.

Hay que apostar con todas las fuerzas, logística y voluntad posible a que el 2026 (o antes, si se produjese la improbable salida anticipada de Castillo del poder), ocurra ello y que demos inicio a un periodo virtuoso. Ya gozamos de una estancia democrática nunca antes vista en la historia republicana del país. Toca ahora generar la gran revolución democrático-capitalista, que nos lleve, como potencialmente merecemos, al borde de ser una nación desarrollada, integrada, cívica y libre.

Diez años de dos buenos gobiernos de derecha o centroderecha, harían posible que ello ocurra y que el país se encamine firme hacia la prosperidad inclusiva y, por ende, permanente e irreversible. Hay que exigir por ello madurez a los nuevos actores políticos. Por individualismos irresponsables no podemos permitir que vuelva a ocurrir lo del 2021. Se juega mucho en las próximas elecciones: o el desarrollo sostenible con recursos para todos o el abismo insondable del autoritarismo y la pobreza.

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