Política y antipolítica. En memoria de Carlos Iván Degregori.

“Por eso, durante las movilizaciones de protesta, los cuestionamientos al gobierno de Boluarte fueron respondidos con un uso excesivo de la fuerza policial y militar que causó la muerte de 49 ciudadanos”.

[LA COLUMNA DECA(N)DENTE] En noviembre del 2000, el Instituto de Estudios Peruanos publicó “La década de la antipolítica. Auge y caída de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos” del notable antropólogo Carlos Iván Degregori (CID). Con singular maestría, CID describe y analiza la emergencia y consolidación del gobierno autoritario de Alberto Fujimori. Algunos de los actores políticos, concepciones, prácticas políticas y sensibilidades de aquel entonces siguen presentes hoy y gravitan en el quehacer político del país. Motivo por el cual es imprescindible volver a leer el libro de CID para rastrear sus orígenes, cambios y continuidades.

A fines de fines de los ochenta y principios de los noventa, como documenta CID, la hiperinflación, la corrupción, el conflicto armado interno y la crisis de los partidos fueron configurando el escenario en el cual aparece Fujimori. Hasta entonces un personaje ubicado fuera de la política institucional. Con él irrumpe la antipolítica no solo como discurso sino también como práctica. Uno de los rasgos de la misma es la denigración de la política. Es decir, el intento deliberado de silenciar las opiniones de todos los que cuestionan las medidas gubernamentales y de distraer la atención de aquellos temas que son importante para el bienestar ciudadano. Asimismo, de socavar las bases de la política, de la política democrática, entiendo a ésta última como un ámbito en el cual se dialoga, se negocia y se acuerda teniendo como norte el bien común.

Otro rasgo característico de la antipolítica fue la exaltación de los técnicos. De ellos, se resaltaba su pretendida eficacia y pragmatismo ante la incapacidad de los políticos y de sus partidos para entender y enfrentar los problemas nacionales. Por lo que la gestión gubernamental, en buena cuenta, debería ser asumida por los primeros porque ellos sí saben cómo solucionarlos. A lo cual, se sumaba una furibunda crítica a los partidos políticos de aquella época. A los partidos se les acusaba, con cierto fundamento, de no tener mayor contacto con los ciudadanos, de ser incapaces de canalizar sus demandas y obstaculizar el desarrollo del país. Razón por la cual, como bien señala CID, la ciudadanía ya no se sentía representada por aquellos partidos.

Muchos de esos rasgos antipolíticos se han mantenido y se han exacerbado a lo largo de más de dos décadas. Ahora no son patrimonio de tal o cual fuerza política o de tal o cual liderazgo. Por el contrario, se les encuentra en líderes y partidos políticos que se ubican en las derechas, en las izquierdas y en el centro del espectro político; algunos de los cuales tienen hoy responsabilidades gubernamentales y legislativas. Por eso, durante las movilizaciones de protesta, los cuestionamientos al gobierno de Boluarte fueron respondidos con un uso excesivo de la fuerza policial y militar que causó la muerte de 49 ciudadanos. O cuando Perú Libre y Fuerza Popular, partidos ubicados, al menos declarativamente, en polos opuestos la elección del Defensor del Pueblo teniendo en el horizonte sus particularísimos intereses. Como se aprecia, la antipolítica, por el momento, goza de buena salud y seguirá, en consecuencia, erosionando nuestra precaria democracia.

Carlos Iván Degregori partió a la eternidad un 18 de mayo de 2011. Aquel día nos dejó un estupendo intelectual, un antropólogo sin par, un excelente docente y un escritor excepcional.  Aquel día se nos fue uno de los imprescindibles como diría el dramaturgo y poeta Bertolt Brecht. Hoy queda releerlo, pensar los problemas del país, imaginar futuros posibles muchos más dignos y humanos que el presente y actuar en consecuencia para hacerlos posibles.

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Alberto Fujimori, Antipolítica, Carlos Iván Degregori, conflicto armado interno, corrupción, Dina Boluarte, hiperinflación, Política

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