Portentosa película injustamente intrascendente e impopular

"Poderosa obra de Guillermo del Toro que guarda sus mejores talentos para el último acto y que es injustamente un fracaso en taquilla."

El cine negro presenta héroes sumergidos en un camino oscuro, cubiertos del fango hasta la narices. Oscuridad generada por ellos mismos. Lo fascinante del género pocas veces utilizado pero grandemente admirado, es su virtud de esconder giros narrativos en una atmósfera creíble. Pues porque en las penumbras de la mente humana, cualquier camino es una opción. 

Las habilidades de Guillermo del Toro para contar historias trastornadas son un complemento preciso para el cine negro. Despues de treinta años de carrera, resulta una sorpresa que sea el primer encuentro entre el género y el director. Y sí, el sentido retorcido con el que Del Toro contempla la condición humana lo llevan a un nuevo nivel narrativo con Nightmare Alley. 

Stanton Carlise es un solitario viajero que se cruza con un circo ambulante en los profundos Estados Unidos rurales de 1940. Ahí empieza como un ayudante y va en ascenso entre cada acto, aprendiendo de una pareja de pitonisos el espectáculo de leer las mentes. Al darse cuenta de su habilidad para engañar a las personas, emprende un camino a la grandeza a todo costo.

Del Toro enfoca la historia desde el cuestionamiento moral. Cuáles son los límites del show cuando alguien del público involucra su historia personal y tiene mayores expectativas sobre el supuesto poder de un pitoniso, como la imposible habilidad de hablar con los muertos. El cineasta recrea una sociedad dispuesta a consumir mentiras, donde abudan los puritanos morales y los sádicos retorcidos. 

Nightmare Alley es un festín visual. La precisión arquitectónica de cada plano y el nivel de detalle en el diseño de las locaciones son logros admirables. Permiten a Del Toro construir metáforas con los elementos puestos a disposición y utilizar el espacio como un personaje más. Pero a veces el poder visual abunda y el cineasta se enamora de su recreación, frustrando a la audiencia con su parsimonia.

Stanton Carlise es un personaje estremecedor. No solo por el desarrollado de su turbulenta moralidad, sino por tener impregnada la esencia de la estructura del ascenso y caída del héroe, tan útil en la historia del cine. Sin embargo, Bradley Cooper falla en convencer sobre su caracterización de un hustler sucio y trastornado por la codicia. Es demasiado inexpresivo, adulto y serio para ello. 

Tampoco hay química entre él y su coprotagonista Rooney Mara. La actriz está impecablemente pálida en un rol donde debe ser seductora y fría, pero tierna y condescendiente al mismo tiempo. Lástima que no logran hacer atractiva la relación con Cooper. Ella parece extrañar algo más introspectivo y surrealista en el papel de Carlise, con un mayor registro de excentricidades e histrionismo.

Sin dudas Guillermo del Toro debió aplicar una podadora al metraje de la película. Hay mucho por extraer, sobre todo en la primera parte de la historia. El error más sustancial es no centrarse en definir un objetivo claro en el personaje desde el inicio. Por más de una hora, Carlise parece no ir a ninguna parte. Si bien le pasan cosas atractivas, la película no logra transmitir el por qué de sus decisiones. 

Pero toda esa larga espera para entender hacia donde va nuestro anti heroe, bailando la danza lenta de un cineasta con pocas obligaciones debido a sus extraordinarios logros en Hollywood, se compensan en el último acto. El mismo Cooper parece entenderlo y enternece como se entrega por completo, llevado de la mano por dos instituciones del cine como son Cate Blanchett y Richard Jenkins. 

La última poco más de media hora de Nightmare Alley disipa todas las dudas, lustra la brillantez del director y hace recordar la grandeza y crueldad del cine negro. Mientras la sangre sale de la pantalla, la película deja una profunda desazón en el alma, capaz de -irónicamente- estremecer a cualquiera. Y aunque hubiera hecho falta más explicación, es cine de infinito disfrute.

Este último trabajo de Guillermo del Toro es un fracaso en taquilla y, aunque tendrá nominaciones aseguradas al Oscar, da pena ver cómo una película tan personal no recibe los ajustes necesarios para atraer más seguidores. Es un ejemplo de cómo las más grandes virtudes de un artista paradojicamente pueden opacar el resultado final. Aún así, los fieles discípulos del cine negro bien trabajado recomendamos su revisión y goce. 

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Guillermo Del Toro, Nightmare Alley, premios Oscar

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