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Carla García enfrenta tachas de sus enemigos para reinscribir al partido de su padre

Nacida un caluroso 9 de febrero, el mismo día que los actores Joe Pesci y Mía Farrow y la rockera Alejandra Guzmán, @esquinabaja, como la conocen sus detractores y seguidores en Twitter y demás redes sociales, es una ex alumna del Colegio Villa María y ex estudiante de la Universidad de Chile, a donde viajó en un largo recorrido en ómnibus cuando Fujimori dio el autogolpe de 1992 y Alan García inició un exilio que duraría casi diez años.

En los últimos cien años, esos que van desde Augusto B. Leguia hasta nuestros días, hubo seis presidentes que gobernaron más de un período. De ellos, cinco tuvieron hijas, pero solamente dos les trasmitieron sus genes políticos dominantes. Alan García y Alberto Fujimori no solo les legaron un ideario, sino también la impresionante tarea de convencer a la mitad más uno de los electores de sumarse a su causa. La señora Fujimori no lo logró, pues perdió tres segundas vueltas consecutivas.

En el caso de Carla García, quien no ha tenido todavía la oportunidad de postular a cargo público alguno, le preguntamos si está dispuesta a ser la abanderada del pueblo aprista para vencer las tachas de sus enemigos políticos, reconstruir con jóvenes y viejos el partido de Haya de la Torre y de fajarse en los años por venir para reposicionar al Apra en el corazón de sus simpatizantes.

1. Carla, usted, como heredera del presidente Alan García, encarna las esperanzas del pueblo aprista, que en 1985 y 2006 logró convencer a millones de ciudadanos independientes para lograr triunfos electorales resonantes. ¿Cuáles son sus expectativas para las siguientes elecciones generales, luego de haber conseguido la ansiada re inscripción?

Gracias por lo que me toca, pero creo que en el Apra emergen nuevos liderazgos que están empezando a asumir importantes retos como son trabajar para el partido y por la recuperación de nuestro país. De ninguna manera una sola persona encarna la enorme esperanza de los apristas, y menos yo. No se trata aquí de una línea monárquica sino de una militancia de soldados rasos como fue en su momento la de mi abuelo Carlos y mi abuela Nytha, luego la de mi papá y ahora la mía. El asunto es que uno se gana el espacio trabajando porque a diferencia de otros partidos políticos, el APRA no tiene un apellido familiar ni un linaje sanguíneo. Se llama Partido Aprista y se apellida Peruano.

Este es un momento de gran alegría y de fe para nosotros los apristas, que venimos de años muy tristes pero que juntos hemos sabido dejar atrás el dolor. Ya los ciudadanos extrañan a la estrella en el Congreso y también en el Ejecutivo, porque después de estos tiempos aciagos para el país es mucha la gente que quiere ayudar a que las cosas mejoren para que retomemos el camino de la alegría. Entonces se dan cuenta de que hay que participar en política y desde donde sea posible, mejor aún si es en un partido con historia, con ideología y con mística.

2. El aprismo que usted conoció en su adolescencia, herencia de Haya de la Torre, pero también de Luis Alberto Sánchez, de Prialé y de Villanueva, tuvo el aire renovador que el joven Alan García y los miembros de su generación colocaron en la campaña electoral de 1985, ¿qué aires nuevos trae el Apra que competirá contra todos en 2024, en 2025 o en 2026?

Me hace gracia, y al mismo tiempo me preocupa mucho, esta incertidumbre que introduce la pregunta respecto a fechas. Al final nadie sabe cuándo o si habrá elecciones antes del 2026, pero de todas formas hay una sobrepoblación de candidaturas. Lo seguro es que el APRA tiene cuadros jóvenes, medianitos y grandes, de entre los cuales se hará una propuesta, una oferta que será sin duda la mejor para el día que los peruanos tengan que votar. Como es un partido escuela, el aprista está en formación permanente y hace política full-time por eso no es un colectivo de individuales sino una organización que respira y late porque todos somos parte de ella y tenemos un mismo ADN emocional que es el Pan con Libertad de Haya de la Torre.  Víctor Raúl nos enseñó a leer la realidad y a entenderla, porque hay que ser libres para alejar las riendas de nuestro destino de ideologías monolíticas y cavernarias que tanto daño hacen y, efectivamente, tanto daño nos han hecho en los últimos meses y años. Tenemos que construir un país donde todos seamos libres e iguales, para eso el APRA es el camino.

3. Usted, tal como le sucede a la señora Keiko Fujimori, encarna la esperanza de los admiradores de su padre, apristas y no apristas, y el odio irracional de sus enemigos, ¿cree que existe un antialanismo de la misma envergadura que el antifujimorismo que enfrenta Keiko Fujimori?

No me cabe duda, y esto lo digo con pena, que es mucho más fácil odiar que amar. Apela a lo más básico de nosotros y nos dejamos llevar muchas veces por el odio de otros, con la intención de no quedarnos solos. Reconozco que hay un antialanismo que fue forjado en su mayor parte por los enemigos políticos, que viendo que no podían enfrentarse intelectualmente a Alan ni construir proyectos políticos exitosos o que alcancen el corazón de las personas, crearon una leyenda, un cuco. Como todo ser humano, tenía gente que lo quería y gente que no, estos últimos un grupo reducido pero que hace mucha bulla. La verdad es que yo no me detengo a mirar si heredé o no algún odio sino avanzo con todo el cariño que recibo de las personas que se me acercan con una sonrisa o una palabra bonita. Para mí es un enorme orgullo ser hija de Alan García, con todo lo que implica.

Carla García

Carla García: “El lagarto pensó que eliminaba a un enemigo político y no se dio cuenta de que su espíritu quedaba en sus hijos y compañeros. Alan sigue en la memoria del pueblo y en sus obras”.

4. De lanzarse a la competencia electoral por venir, ¿prefiere encabezar la plancha presidencial, integrarla y postular a una curul o solamente estar en la lista de candidatos al Congreso?

Al día de hoy seguimos esperando que el JNE resuelva las tachas a nuestra inscripción y no creo que sea momento de establecer candidaturas a una cosa u otra, sino que es tiempo de trabajar en las bases del partido.  En las regiones donde los compañeros se han sacado el ancho para formar sus comités y levantar este proyecto colectivo que está anclado en el tejido social del Perú. Tenemos que escuchar a las regiones para conseguir unir nuevamente a esta tierra que se ha fragmentado en base al odio y a la falta de comunicación efectiva y afectiva. Para eso el APRA servirá como una goma que nos junte de nuevo, esa es mi ilusión y solo en eso está mi esfuerzo actualmente. En paralelo dirijo y conduzco un programa de televisión que me tiene contenta, entonces lo que venga lo determinará el tiempo y el partido. Vanos resultan el apuro y las ansias en un escenario tan incierto para todos, hay que meterle punche y nada más.

5. Cuando el gobierno de Fujimori disuelve el Congreso y declara en reorganización el sistema de justicia, muchos deciden dejar el país, en esa época usted viaja a Chile e ingresa a la universidad, donde gira sus inquietudes políticas hacia la izquierda, ¿cuándo regresa hacia la moderación, a la izquierda democrática, al Apra?

Cuando me fui a Chile obligada por el golpe de Alberto Fujimori, fue un momento de los más difíciles de mi vida porque tuve que dejar todo lo que conocía, la familia y amigos, para empezar de cero con la ayuda amorosa y esforzada de mi madre. En esos tiempos la comunicación era complicada y lo cierto es que casi no hablaba con mi papá. La edad y la circunstancia me alejaron mucho de él, a quien le echaba la culpa de mi soledad y esta suerte de empezar de cero que se me impuso. Estudié en la Universidad de Chile, que era una universidad pública en un país que hacía poco había recuperado la democracia después del largo período dictatorial y fascista de Pinochet, así que en reacción evidente todo el Chile que yo conocí, era de izquierda. Tiene alguna lógica. Recordemos que el primer gobierno del Apra tuvo también mucho de izquierda, en la búsqueda -con errores y aciertos- de reivindicar el proyecto de Víctor Raúl. A pesar de haberme rebelado contra la autoridad paterna, no me sentía ajena a lucha por recuperar los derechos y la dignidad de los chilenos, porque hay que entender que no todo es economía y crecer, sino hay que crecer bien y en un contexto que respete la vida de todos. De hecho hoy todavía me siento cercana a mis compañeros de escuela y a la búsqueda de un país de Pan con Libertad, pero es bobo quien no entiende que el mundo cambia y se aferra con uñas y dientes a una ideología desfasada que como hemos visto recientemente, solo genera hambre y división. Una política que busca eliminar el mérito y quitarle a los que ganaron cosas con esfuerzo, no sirve. Tampoco sirve gobernar para los ricos y afanarse solo en que los números suban. El estado no puede ser intervencionista pero si regulador y fomentar las inversiones privadas y obras públicas para tener más puestos de trabajo asegurando que hayan condiciones adecuadas y justas para los trabajadores que se traduzcan en mejoras en sus vidas y en su felicidad. Los tiempos cambian y las ideas cambian, lo que tiene que mantenerse siempre es el amor a la causa.

6. En una entrevista con Milagros Leiva usted asegura que el operativo policial que terminó con la muerte de su padre estaba planificado para que acabara así. Es más, la ministra de Salud Zulema Tomás postergó el anuncio del deceso hasta casi el mediodía en coordinación con los fiscales para poder seguir rebuscando en la casa del presidente quién sabe qué cosas, mientras Vizcarra le decía al país que Alan García había muerto a los pocos minutos de su llegada al Casimiro Ulloa, cerca de las ocho de la mañana. Sigue afirmando lo mismo.

Todo ese momento yo lo viví desde México donde me encontraba por breves días, pero antes de eso fui testigo de excepción de demasiadas irregularidades en el proceso, desde el cambio el impedimento de salida hasta la orden sorpresa de detención a un hombre que había ido a declarar decenas de veces. En el mes de diciembre un camión de escuchas fue detenido por mis valientes compañeros afuera de la casa paterna, ese día yo estaba adentro. Desaparecieron las pruebas y las mochilas y por supuesto, enjuiciaron a los apristas que los habían descubierto. Si bien la decisión que tomó mi padre fue personal y reflexionada largamente, los que entraron a la casa sabían al respecto. Como detalle cabe ver que suben la escalera de la casa detrás suyo y jamás tratan de abrir la puerta de la habitación (que además tenía la chapa rota hacía un tiempo), solo esperan. A eso se suma lo que mencionas de cómo se manejaba la información desde el gobierno de Vizcarra ese mismo día. El lagarto pensó que eliminaba a un enemigo político y no se dio cuenta de que su espíritu quedaba en sus hijos y compañeros. En fin, ya las cosas se van poniendo en su lugar en el caso Vizcarra y Alan sigue en la memoria del pueblo y en sus obras.

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