Esa es la cifra hasta el 22 de mayo, ya oficial y actualizada, del número de fallecidos por covid en el Perú desde el inicio de la pandemia. Un número de espanto que nos convierte en el país con el mayor número de muertos per capita de acuerdo a su población, del mundo.

Mucho de responsabilidad en los gobiernos, sin duda. La mediocridad e indolencia lindante con la corrupción de Vizcarra para la compra de vacunas y la provisión de oxígeno y camas UCI, y la tardía reacción de Sagasti ante la segunda ola (él mismo ha reconocido que los tomó por sorpresa), explican en cierta medida el desastre.

Pero lo que más debería llamar a reflexión es que ese resultado lo que pone en evidencia es el fracaso del Estado peruano, en este caso con el tema de la salud pública, pero la misma situación la veríamos sin nos referimos a otros dos aspectos esenciales del sector público, como son la educación y la seguridad interna.

Y no es sólo ineficiencia o corrupción, lo que explica el desastre. Es verdad que el sector público es un paquidermo que no funciona si no es a las patadas y si no hay funcionarios públicos que se juegan el pellejo judicial haciendo que algunas cosas funcionen nada se mueve, y es cierto también que la corrupción campea en todo el aparato estatal haciendo que la poca inversión pública existente termine en bolsillos privados y no en los beneficiarios finales, como debiera ser.

También es preciso construir un nuevo Estado, de hecho no sólo más eficiente y menos corrupto, sino más grande. Suena a tirar los evangelios liberales por los suelos y seguramente escandalizará a algunos fundamentalistas ingenuos, pero el Perú necesita un Estado más grande. Somos el país con menor tasa de presupuesto público respecto del PBI de la región, y ya nuestra región es una de las que peores índices muestra al respecto en comparación al resto del planeta.

El Estado debe invertir y gastar más en esos tres aspectos esenciales: salud y educación públicas y seguridad interna. Es la única manera de construir un Estado equitativo e inclusive, que haga que la ciudadanía no voltee irritada cada cinco años a buscar un candidato antisistema que ofrezca patear el tablero, como sucede ahora con Castillo y seguramente el 2026 con Antauro Humala si no se hace nada al respecto.

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Perú, Salud pública

No fue un debate descollante. El formato dispuesto por el Jurado Nacional de Elecciones, con videos explicativos y preguntas ciudadanas sosas, le quitó la dinámica que debió tener.

En ambos candidatos faltó el componente narrativo del cambio, esencial en esta campaña (la mayoría de gente pide un cambio del modelo, moderado o radical, dependiendo del cristal ideológico, pero cambio al fin y al cabo, y ello brilló por su ausencia). En esa perspectiva, creo que quien más pierde es Castillo porque esa es su identidad de base, aunque Keiko desperdició la oportunidad de conquistar nuevos adeptos.

Lo que sí se apreció fue un contraste en disposición estratégica. Claramente Keiko apuntó a desplegar una batería de programas sociales muy potentes para conquistar los sectores D y E, donde aún tiene batalla que dar. En cambio, Castillo no desarrolló ninguna estrategia en particular, como no sea mostrarse mesurado buscando quizás convencer a alguien de que no es el cuco radical que le atribuyen sus adversarios (a ratos, más impreciso y dubitativo que mesurado). Claramente, la mayor parte de indecisos, según todas las encuestadoras, radica en los sectores D/E y en mujeres. A ello apuntó mejor la narrativa keikista en el debate. Castillo no sabemos a quiénes apuntó. No ganaba nada moderándose, como no sea reafirmar a los centristas que ya tienen decidido su voto por él.

Será difícil establecer si esta ligera ventaja estratégica obtenida por Keiko en el debate de anoche impactará en las tendencias al acercamiento que todas las encuestas le mostraban a su favor ayer mismo, pero todo indicaría que sí, que le sumará la cantidad de votos suficiente para inclinar la balanza. No tanto como en del debate técnico -donde ganó con mayor holgura-, pero igual sumará.

En general, esta campaña no ha hecho si no revelarnos a una candidata que no tiene en la empatía una de sus mayores virtudes, pero que ha seguido un guion de campaña al milímetro y le ha dado resultado, frente a un candidato mucho más empático, pero errático en estrategias y profuso en errores que le pueden costar una elección que hace un mes parecía ganada sobradamente.

Quedan apenas seis días. Tiempo suficiente, sin embargo, para que las agujas se sigan moviendo. Salvo un imprevisto mayor, todo hace suponer que las tendencias favorecen a la candidata de Fuerza Popular, pero nada está dicho, hasta el día mismo de la elección, cuando los indecisos tomen el camino de romper su neutralidad vigente.

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Debate, Keiko Fujimori, Pedro Castillo

Keiko Fujimori ha terminado por alcanzar a Pedro Castillo en el simulacro de votación y encuesta efectuados por Ipsos este domingo y en la encuesta del IEP, si bien mostrando una diferencia aún favorable a Castillo, dentro del margen de error.

En el simulacro de Ipsos la diferencia es de 2 puntos, cuando en la anterior medición era de 4.3. En la encuesta de la propia Ipsos, la diferencia era de 3 puntos, ahora es de 2. Pero lo más significativo se aprecia en la encuesta del IEP, según la cual hace una semana había una distancia a favor de Castillo de 10.4 puntos y ahora se ha reducido a 2.

Claramente, el punto de inflexión ha sido el debate técnico del pasado domingo, pero sería ingenuo creer que su sola realización bastó como parteaguas. Detrás ha habido un cambio estratégico en el mensaje keikista. Pasó del “Perú versus el comunismo” (sin soslayarlo: es una fórmula potente y movilizadora de los sectores altos y medios derechistas, un porcentaje importante de los cuales no se inclina aún por la candidata de Fuerza Popular), al “Salud, comida y trabajo”, que colocó la narrativa de la campaña en la profusión de efectivos programas sociales y mensajes críticos del statu quo.

Castillo, en cambio, ha estado prisionero de sus inconsistencias y de jaloneos al interior de su comando de campaña, entre el grupo de familiares del candidato, el grupo partidario de Cerrón, y los desairados técnicos de Juntos por el Perú. Y todo ello en medio de declaraciones confusas, marchas y contramarchas, moderaciones inocuas del candidato mezcladas con radicalidades de sus voceros (y también al revés).

El debate de hoy será decisivo, pero Castillo. A diferencia de lo que se pensaba hace unos días, es quien necesita ganarlo contundentemente para remontar las tendencias. De ocurrir lo previsto, es decir que descolle Keiko en la jornada, la diferencia ajustada, como señalamos apenas comenzó la segunda vuelta, podría terminar por inclinarse a favor de la candidata de Fuerza Popular el 6 de junio.

Queda claro que el eventual triunfo de la derecha en esta elección se debería a sus propios méritos, sin duda, pero también a los gruesos errores cometidos por la izquierda.

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Elecciones 2021, Encuestas, Perú

Un sector recalcitrante de la derecha peruana, entre civiles y militares en retiro, se alista para tocar las puertas de los cuarteles si gana el candidato radical de izquierda Pedro Castillo. Hay que denunciarlo a tiempo. Sería inadmisible y un acto legicida mayúsculo.

La democracia se respeta y si el 6 de junio es elegido Pedro Castillo pues habrá que soportar estoicamente cinco años de desastre económico, en el peor de los casos, y de impulsos autoritarios, en el peor, pero mientras no se aparte de la Constitución y sea, por ende, un gobierno legítimo, habrá que respetar el mandato de las urnas.

Personalmente, no creo que gane. Y temo que si lo hiciese se anime a desplegar una estrategia anticonstitucional para llevarnos a la deriva venezolana o boliviana, con lo cual daría el pretexto perfecto para que desde los cuarteles hagan sentir su voz.

Pero mientras ello no suceda, habrá que aceptar la voluntad popular. Hemos llegado a esta situación límite, además, por culpa de regímenes derechistas mediocres y corruptos que a lo largo de las últimas décadas no han sabido aparejar el crecimiento económico con la construcción de un Estado inclusivo en lo esencial (salud, educación y seguridad).

El voto por Castillo no es psicótico. Tiene fundamentos, exacerbados por razones fortuitas como las originadas en el apocalipsis que ha significado para los sectores populares la pandemia, pero los tiene. No se puede soslayar ni despreciar el ánimo de un pueblo, si alcanza la mayoría en las ánforas.

Felizmente, todo hace suponer que la opción destructiva de las bases macroeconómicas del modelo -las mismas que sí han dado resultados tangibles en la reducción de la pobreza y las desigualdades- no triunfará, si se mantienen las tendencias de las encuestas.

Pero si por azar, algo ocurriese que torciese esas tendencias y el próximo domingo 6 se alzase con el triunfo el candidato de Perú Libre, los demócratas deberán hacer respetar un resultado y aprender que las democracias pueden albergar también gobiernos desastrosos, como ya ha sucedido antes en nuestra historia.

Tocará dar la batalla desde el Congreso y eventualmente desde las calles para impedir que perpetre el despropósito de conducirnos a ser un Estado socialista, cuando ese no es el mandato de sus propios votantes. Y la lucha deberá ser recia e implacable, pero mientras el señor Castillo no patee el tablero constitucional, esa oposición deberá ser cabalmente respetuosa de los cánones legales de la democracia que nos da cobijo ya hace 21 años, el periodo democrático más prolongado de nuestra historia republicana.

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Elecciones 2021, Militares, Perú

Ha funcionado la nueva narrativa keikista estrenada en el debate técnico, la misma que ha dejado en segundo término “el Perú versus el comunismo” (sin dejarlo por completo de lado), para pasar a exponer criterios sociales y de alguna manera antiestablishment que parece haberle empezado a rendir frutos.

Hablar de cambios en educación y salud es, de hecho, según mostraban todas las encuestas previas a las elecciones, lo que la gente principalmente identificaba como deficiencias del modelo. No era la economía de libre mercado, la apertura comercial, la propiedad privada, etc., lo que se ponía en entredicho, sino los aspectos señalados, que resienten a la gran mayoría del pueblo peruano por su inexistencia o deficiencia (que encima la pandemia se ha encargado de acentuar). En los últimos días, Keiko ha logrado la magia de defender el modelo y a la vez cuestionarlo, que era lo que le convenía estratégicamente hablando.

De hecho, ha contribuido al acercamiento también el propio debate técnico, que, como el de Chota, ha marcado un punto de inflexión al mostrar la superioridad programática del keikismo respecto de la improvisación, ya enervante, de Castillo y sus huestes.

En el simulacro de Datum, donde más cae Castillo es en Lima (6.3) y es allí también donde más sube Keiko (5.8), pero el candidato de Perú Libre desciende en todas las regiones menos en el oriente, mientras Keiko cae en el norte (1.5) y en el sur (3.4), pero sube en el centro (1.1) y en el oriente (3.2).

En la encuesta están prácticamente empatados (Castillo 41.6, Keiko 41.5), pero en cuanto a niveles socioeconómicos, Castillo cae en el A/B 7.7 puntos y se desploma en el D (-11 puntos), donde Keiko sube casi 5 puntos. La candidata de Fuerza Popular, por su lado, crece fuerte también en el A/B (7.8).

Campaña publicitaria que invoca lo racional pro Keiko y anti Castillo, y mensajes emotivos, han calado, sin duda, en los ánimos populares y muestran con claridad que la tendencia de crecimiento de Castillo y descenso de Keiko se comienza a revertir, al punto de confirmar nuestras impresiones iniciales luego de la primera vuelta de que a pesar de la enorme diferencia con la que partieron ambos candidatos, la final iba a ser ajustada y que había varios factores que hacían pensar que el desenlace iba a terminar siendo favorable a la candidata de Fuerza Popular.

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Debate, Elecciones 2021, Perú

Si gana Keiko Fujimori va a aparecer en el horizonte de su gobierno la eventualidad de una protesta social desbordada, como las que hemos visto en Chile y ahora en Colombia.

La oposición de Perú Libre va a estar atada de manos en el Congreso, sin mayoría suficiente para jaquear al gobierno, así que recurrirá a las calles, donde tiene tres aliados importantes: el magisterio radical (que ya el 2017 acompañó a Castillo en una masiva huelga sindical), los colectivos antifujimoristas, que son muy potentes, y el pueblo aún irritado por el apocalipsis que la pandemia ha significado para los sectores populares.

El menor error (uno de ellos puede ser un rápido indulto a su padre; debería repensar esa promesa de la campaña de primera vuelta), una decisión equívoca, una ley inapropiada o sensible, puede hacer que detone un conflicto de difícil control. Piñera en Chile se salvó de caer por la pandemia y la cuarentena posterior y Duque, en Colombia, sigue con el tema fuera de todo manejo.

En esa circunstancia, se va a requerir un rápido despliegue de programas sociales, que eleve la popularidad de Keiko y acote la potencial protesta, pero si ésta ocurriese va a ser imprescindible un manejo de inteligencia preventiva y mucho tino represivo (no hay gobierno que aguante una racha de muertos y heridos por excesos policiales).

Este riesgo, sin embargo, no es exclusivo de Keiko Fujimori. A Castillo, por sobre expectativas frustradas le puede ocurrir exactamente lo mismo. Sea que Castillo ejerza un régimen moderado o radical, no va a poder saltarse a la garrocha el orden constitucional y en esa medida no va a poder llevar a cabo ni el 10% de las propuestas de su ideario original o su Plan Bicentenario.

Y la gente que vota por él tiene una esperanza desbordada de que ocurra un Pachacuti, una vuelta al revés del modelo vigente y que los beneficios de ello sean tangibles de inmediato. Si el pueblo siente que la mediocridad de Castillo y de su gobierno, y la imposibilidad legal de hacer lo prometido, frustran esas esperanzas, seguramente la calle será el primer recurso a tomar a mano.

Los nubarrones de la protesta violenta callejera se ciñen sobre ambos candidatos y podrían llevar, de salirse de control, al recorte de cualquiera de los dos mandatos.

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Elecciones 2021, Encuestas, Perú

Absurda y estéril la campaña de los grandes medios por tratar de sacar provecho político al ataque narcoterrorista en el VRAEM buscando de afectar la candidatura de Pedro Castillo, dadas sus probadas vinculaciones pasadas y presentes con sectores del Movadef.

La narrativa “Perú versus el comunismo” ya se agotó. Surtió efecto al inicio de la campaña porque fue una ecuación la suficientemente potente para competir con la de “pobres versus ricos” de Castillo -que parecía invencible-, pero el objetivo de reconquistar a la derecha ya está prácticamente cumplido (aunque según la última encuesta de IEP aún hay un 24% de personas que se autoidentifican de derecha que piensan votar por Castillo) y no es allí donde se debe librar la gran batalla electoral de acá al día de las elecciones.

La derecha representada en esta contienda por su peor candidata, como es Keiko Fujimori, tiene que invocar al cambio del país. La narrativa “salud, comida y trabajo” que estrenó Fuerza Popular en el debate técnico es la pauta a seguir. La mayoría de la gente quiere cambios al modelo e identifica como tales a aquellos vinculados a seguridad, salud, educación y empleo.

Acierta el lema de campaña. pero no vemos traducido ese mensaje en las presentaciones mediáticas o políticas de la candidata Keiko Fujimori. Tampoco en la campaña publicitaria que recién se ha estrenado y que insiste en los programas sociales como medio de conquistar al D y E, sin percatarse del voto furioso contra el statu quo que existe en estos sectores, con más razón que sinrazón (la pandemia ha sido apocalíptica para ellos y les ha demostrado, sin necesidad de palabras, que el Estado-modelo no les ha funcionado para nada).

Si Keiko logra hacer el match con los sectores populares y dentro de ellos con los indecisos que desconfían de ella (¿por qué el mea culpa se limita a una portada de un diario capitalino y no lo vemos en medios masivos y más reiterado?), podrá lograr que ese mensaje antiestablishment sea creíble y cale, y de esa manera la permita remontar la diferencia que le ha sacado Pedro Castillo (quien con su radicalidad le ha dejado libre el camino del centro a Keiko).

Tiempo tiene aún para hacerlo. En las últimas dos semanas PPK y Ollanta crecieron ocho puntos cada uno de ellos en las campañas del 2011 y el 2016. La pelota está en la cancha de Keiko. Si no rectifica rápido, va perdida.

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Elecciones 2021, Keiko Fujimori, Pedro Castillo

El debate técnico del domingo fue ganado por Fuerza Popular en líneas generales. No fue una goleada, pero en los rubros importantes marcó la diferencia, especialmente en el tema económico (¡qué broncas debe haber al interior de Perú Libre que no permitieron la participación de los economistas de Juntos por el Perú, Oscar Dancourt, Pedro Francke o Alan Fairlie, que de hecho hubieran desempeñado un mejor papel que un deslucido Juan Pari, apabullado por Luis Carranza).

Patricia Juárez perdió con Dina Boluarte (ésta la llevó al terreno político y la vocera de Fuerza Popular no supo cómo responder); José Recoba fue más claro que Hernando Zevallos, pero podemos suponer un empate en este segmento; Fernando Rospigliosi apabulló a Avelino Guillén; Carlos Bruce tuvo más oficio que Andrés Alencastre; y, finalmente, si bien Nano Guerra García estuvo poco inspirado, le ganó por walk over a Celeste Rosas, quien nunca entendió de qué trataba este debate.

Fue, como se esperaba, más un debate político que técnico. Y en esa medida habrá que ponderar su impacto en la campaña electoral. El leve triunfo de Fuerza Popular puede ayudar a revertir la diferencia que le ha sacado Castillo a Keiko Fujimori en las últimas encuestas.

Fue visto masivamente. Han sido como 33 puntos sumando todos los canales de señal abierta. Actualizando valores, 1 punto = 25,000 familias (que representan 3.5 personas por cada una): igual 2’887,500 ciudadanos. A ello hay que sumarle los canales de cable, las radios nacionales (RPP y Exitosa), las radios regionales (que son líderes en sus respectivas localidades) y todos los portales digitales que lo transmitieron.

En total deben haber sido alrededor de cinco millones los espectadores, más que los que vieron el de Chota, el cual marcó un punto de inflexión en la campaña y le permitió remontar la gran diferencia inicial que Castillo le llevaba a Keiko Fujimori.

Pero sin duda, la gran definición va a ser el próximo domingo en el debate presidencial. Allí la audiencia seguramente se duplicará y considerando la estrecha diferencia que existe entre los candidatos, puede ser el factor decisivo para marcar la tendencia final en la última semana. Ya en otras elecciones, los debates inclinaron la balanza a favor de un candidato en desmedro del otro. Esta vez, probablemente no sea la excepción.

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Debate, Elecciones 2021, Perú

«El partido todavía no ha terminado y no es hora para triunfalismos tan exaltados».

Según la última encuesta de Ipsos, en simulacro de votación, Castillo crece de 43.6% a 45%. Keiko cae de 41.7% a 40.7%. Un ligero aumento de la diferencia. Le llevaba 1.9 en la penúltima encuesta, ahora le lleva 4.3. En términos reales, casi podemos hablar de un empate técnico.

Donde más crece Castillo es en Interior urbano (4.6), Norte (5), Centro (5.4) y oriente (6.2). Keiko donde más cae es en Interior urbano (3.2) y Centro (9.5). Cae en todo, en verdad, menos en Lima metropolitana, que sube 2.3.

Datos relevantes: En Lima, Keiko le llevaba 26.5, ahora le lleva 31.5. En el interior, Castillo le llevaba 16.8, ahora 23.2. En interior urbano, le llevaba 8.9, ahora 16.7. En interior rural, le llevaba 34.7, ahora 38.1.

En el norte, Keiko ganaba por 1.2, ahora gana Castillo por 4.9. En el centro, Castillo ganaba por 20.8, ahora por 36.7. En el sur, Castillo le llevaba 40.2, ahora 40.8 (casi no se ha movido). En el oriente, Castillo le llevaba 11 puntos, ahora 19.6.

Si uno recuerda las elecciones del 2011 y el 2016, verá que, según el propio Ipsos, en la encuesta de la tercera semana de mayo de tales años, Keiko ganaba por 4 puntos a Ollanta Humala y por tres puntos a Kuczynski y al final terminó perdiendo.

Keiko ha cambiado de narrativa. Creo que se demoró en hacerlo. “El Perú versus el comunismo” le sirvió para reconquistar el voto derechista (a pesar de que aún no ha sido conquistado a plenitud), pero su tarea esencial era sintonizar con los sectores populares, cuyo ánimo hay que entenderlo en función del apocalipsis social por el que han pasado producto de la pandemia. A ellos hay que ofrecerles un cambio y esa narrativa recién la ha estrenado Keiko.

Anoche en el debate -que considero que ganó el equipo de Fuerza Popular-, y luego en sendas entrevistas, Fuerza Popular ha empezado a hablar de cambios en salud, educación, programas sociales, etc., que deberían contribuir a asentar ese mensaje de cambios en el modelo en los sectores D y E castillistas y, sobre todo, en los indecisos.

El partido todavía no ha terminado y no es hora para triunfalismos tan exaltados como los que hemos visto en estos días por parte de algunos seguidores de Perú Libre. Tampoco es hora para la resignación de parte de los keikistas. En dos semanas se puede voltear un partido que las encuestadoras más serias arrojan con una diferencia dentro del margen de error.

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