Si la intención de la presidenta Boluarte era refrescar el gabinete para lograr algún oxígeno político, ha fracasado por todo lo alto. Los cambios son cosméticos e, inclusive, salvo el de Demartini, insulsos, aunque en algunos casos, como el de Arista, plenamente justificados.

Mientras continúen Adrianzén, Arana, Santiváñezy Quero, ese gabinete es el mismo de siempre, uno que no es capaz de articular alguna política pública decente y que ni siquiera le sirve a la presidenta de parachoques institucional que la proteja de las crisis recurrentes en las que su gobierno recae.

El gobierno no ha cambiado y no quiere cambiar. Una presidenta de mirada corta no podrá lograr, queda claro, un gabinete de mirada larga. Seguiremos atrapados en los mismos problemas, básicamente los de la inseguridad ciudadana y la creciente corrupción, sin que desde el gobierno se haga algo significativo para resolver ambos.

Como pronóstico inevitable, la crisis política se mantendrá incólume y la inversión privada, sensible a ella, no se acrecentará en la medida de lo necesario, para crecer a tasas por encima del 5%, como es posible y deseable, a pesar del buen talante del entrante ministro Salardi, quien viene de hacer una excelente gestión en Proinversión.

Una lección mínima de política básica es que si un gobierno quiere tomar una bocanada de oxígeno, debe cambiar su rostro notoriamente. Eso no lo ha logrado, ni de cerca, la presidenta, y todo parece más bien un pretexto para deshacerse de un ministro como Demartini, a quien el sector que corta el jamón en el gobierno, ya le había puesto la puntería, como revelaron algunos audios escandalosos propalados durante la semana,

La del estribo: teatro de primer nivel se verá esta semana en Teatro La Plaza, con la puesta en escena de Encuentros breves con hombres repulsivos, del gran director Daniel Veronese, inspirada en la obra de David Foster Wallace. Es una coproducción de Teatro Timbre 4 -una de las mejores compañías teatrales de Argentina-, y Teatro a Mil, y solo tendrá dos funciones: lunes 3 y martes 4 de febrero. A no perdérsela. Entradas en Joinnus.

 

(Entrevista publicada en Tendencias Atik Edición 2)

1.- ¿Qué representa para el Perú el nuevo gobierno de Trump?

Un riesgo y una posibilidad. Un riesgo porque Trump es proteccionista y puede afectar el libre comercio que existe entre ambas naciones desde hace cerca de dos décadas. Si establece una política de aranceles mayores a las exportaciones peruanas nos afectaría sobremanera. Y una posibilidad porque si el Perú sale del radar proteccionista de Washington y son otros los países afectados, ello supondría una ventaja competitiva para los productos peruanos. Hay que hilar muy fino para evitar una represalia comercial contra nuestro país, con un gobernante autoritario y caprichoso.

2.- ¿Significa la lucha por un nuevo orden mundial entre China, Rusia y EEUU?

De hecho, es una disputa que ya se viene dando desde hace décadas, con Estados Unidos perdiendo el liderazgo hegemónico que exhibía. Gran parte de su “desgracia” es haber perdido el norte respecto de la búsqueda de la afirmación del capitalismo democrático, la única dupla económica y política capaz de generar desarrollo.

3. ¿Las relaciones con EEUU pueden verse afectadas por el aumento de presencia económica china en el país?

Ya la Casa Blanca ha lanzado una advertencia sobre las inversiones chinas en el megapuerto de Chancay. El Perú va a tener que emplear todas las artes diplomáticas de Torre Tagle para que la evidente presencia masiva de inversiones chinas en el país -que nos son muy necesarias- no vaya a provocar una reacción destemplada del gobierno de Trump.

4.- ¿Quién cree que llegue a tener más presencia económica durante los siguientes años entre China y USA?

Estados Unidos están aún lejos de China en términos de potencia económica, pero la velocidad de crecimiento de China hace pensar que en algunas décadas, aún, podría alcanzar y superar a los Estados Unidos como eje central de la economía mundial. A pesar de ser una dictadura, en China se gozan de mayores libertades económicas que en los Estados Unidos y eso explica su rápida expansión.

El estado psicológico ideal de un votante que se acerca a las urnas es de optimismo y entusiasmo por la fiesta democrática que supone una elección de nuevas autoridades. Sin mayores otras preocupaciones, se acerca a definir quién manejará las riendas del país y su voto, en esa medida, se acerca mucho a ser un voto racional.Es el votante que analiza los planes de gobierno, compara propuestas, evalúa cualidades morales e intelectuales de los candidatos, sopesa los beneficios que para el país conllevaría esa elección, etc.

Tal cosa, sin embargo, es un espejismo ya que son las emociones las que juegan un rol determinante en todo proceso electoral cargado de tensiones, conflictos y afectos cruzados. La psicología del voto ha estudiado mucho el fenómeno y concluye que la razón no es el factor crucial a la hora de decidir en las urnas, aunque queda claro que igual hay un logos detrás de todo voto, hay razonesaunque no haya lógica racional.

En el Perú que se asoma a las ánforas el 2026 son dos los factores que van a jugar un papel determinante. Uno primero, de un peso mayor, es el de la irritación generalizada con el statu quo, en un paquete que incluye la inseguridad, la corrupción, el hartazgo de las trapacerías del Congreso, el descontento con las autoridades locales, el fastidio por la situación económica, etc. Es el voto antiestablishment que buscará al candidato que mejor represente esa pateada del tablero que en su fuero íntimo ansían. Era Antauro Humala el que mejor representaba ese estado de ánimo. Vamos ver quién lo sustituye en ese puesto.

Uno segundo es el del miedo. La inseguridad ciudadana se ha desbordado y afecta ya directamente a millones de peruanos, víctimas de asaltos, extorsiones y amenazas a la vida. La gente está con miedo y buscará un candidato a lo Bukele, que sin importar el Estado de Derecho haga lo necesario para conseguir la paz social. Es el miedo profundo el que movilizará a este votante que buscará el candidato que mejor exprese mano dura y cojones para enfrentar el problema, sin importar si racionalmente sus métodos lograrán su cometido.

Así, entre la irritación y el miedo se va definir quién gobernará este atribulado país, del 2026 en adelante.

Se le anularon las posibilidades de postular a la presidencia de la república al anularse la conformación de su partido y no tener ya chance de inscribirse en otro que le permita la candidatura, pero, sin duda, Antauro Humala buscará postular al Senado o a Diputados, por medio de alguna invitación de alguna otra agrupación.

Mantendrá su arrastre, así que habrá que esperar a que coloque una buena bancada congresal. La pregunta es si ese arrastre se trasladará al candidato presidencial que lo lleve. ¿Antauro Humala será la María Corina Machado del candidato que lo incorpore en sus filas congresales? Si así fuera, le habríamos hecho un gran favor sacándolo de carrera porque encima jugará la carta de la victimización, tan fructífera en el Perú.

Se ve difícil, sin embargo, que ello funcione. Antauro tendría que adherirse a un candidato de similares características, un ultraradical en lo político y económico y que, además, contenga la propuesta bukeliana que tanto arraigo le otorgaba al líder etnocacerista. Nadie en la izquierda recoge ese mensaje. Por el contrario, les repele la fórmula del gobernante salvadoreño, por considerarla derechista y autoritaria.

No se ve en el horizonte a nadie que se acerque al pensamiento Antauro como para que se produzca un fenómeno similar de endose como el ocurrido en Venezuela entre María Corina Machado, la pugnaz lideresa opositora, y Edmundo Gonzáles, el presidente electo. Antauro será una locomotora de congresistas, más no así de votos presidenciales ajenos.

Nada asegura tampoco que su jale congresal termine por insertar en el futuro Parlamento a una horda de furiosos etnocaceristas, capaces de desestabilizar el funcionamiento de ese poder del Estado. Él va a concentrar la votación, dejando el terreno libre para que, gracias al voto preferencial, su casa matriz termine por colocar a sus cuadros en lugar de los antauristas.

Jugará un papel protagónico en las próximas elecciones así no sea como candidato presidencial, pero su rol será bastante mediatizado por el sistema electoral mismo. No se le ve llevando de la mano a la segunda vuelta al partido ni al candidato presidencial que lo lleve en sus filas, por más que, de hecho, le vaya a sumar votos  

 

Hay una estrecha vinculación entre el tema de la inseguridad ciudadana y el éxito de la derecha más extrema en el país. No es casualidad que, según ha señalado la última encuesta de Ipsos, sean Keiko Fujimori, Rafael López Aliaga, Carlos Álvarez y Phillip Butters los que descollen, siendo los portavoces de la mano dura.

La última encuesta del IEP trae datos relevantes al respecto. Un 78% considera que la seguridad ciudadana está peor que hace un año; un 20% ha sido víctima de extorsión, es decir millones de peruanos; y el dato más relevante: un 55% estaría dispuesto a apoyar a un líder que acabe con la delincuencia, aunque sea sin respetar los derechos de las personas.

Ello va de la mano con la encuesta de autoidentificación ideológica que arroja resultados favorables a la derecha, en especial para su polo más extremo: 29% se identifica de izquierda, 33% de centro y 38% de derecha. La vocación antiestablishment, producto del hartazgo del statu quo, favorable a la izquierda, encuentra compensación en el tema de la inseguridad ciudadana.

Ello va a crecer con la ausencia de Antauro Humala, ya fuera de la contienda electoral, y quien astutamente centraba su campaña en venderse como el Bukele peruano, compitiendo con una narrativa más propicia para la derecha.

La salida de Antauro Humala cambia el proscenio electoral peruano. La izquierda radical pierde a su cuadro más fuerte. Seguramente se producirá un endose hacia candidatos como Aníbal Torres o Guido Bellido, pero ninguno de los dos tiene identificación con el tema de la lucha contra la inseguridad, el principal problema nacional según todas las encuestas.

El tema, además, está siendo monopolizado por la derecha más radical. La centroderecha, ahuevada, no reacciona, no dice nada al respecto, pierde el tiempo en preparar planes de gobierno sin exponerlos ya a la ciudadanía, en especial sobre este tema de la lucha contra la delincuencia.

Tags:

anibal torres, Antauro Humala, elecciones 2026

La última encuesta de Ipsos publicada en Perú 21, anticipa lo que va pasar con la centroderecha si no hace esfuerzos extraordinarios de aglutinamiento. Serán pigmeos electorales que sucumbirán a la mayor fuerza del fujimorismo, la izquierda y la derecha radicales.

En la encuesta de marras, aparecen De Soto con 3%, Carla García con 2%, George Forsyth con 2%, César Acuña con 2%, Alfredo Barnechea con 2%, Fernando Olivera con 2% y Rafael Belaunde con 2%. Y la lista sigue con una pléyade de candidatos con 1% que ya no son mencionados en la medición.

El fujimorismo tiene un bolsón electoral fijo de 12 o 13%; la izquierda radical deberá alcanzar otro tanto, y la derecha radical lo propio (López Aliaga será, al parecer, el candidato que despunte en el sector, aunque por allí aparece expectaticio, Carlos Álvarez y de alguna manera Phillip Butters).

Entre esos tres sectores estará definida la contienda electoral, si la centroderecha no hace su tarea principal: unirse en conglomerados partidarios que potencien sus virtudes. Por el momento, no hay, al parecer, intención alguna de emprender semejante tarea y cada uno apuesta por ir solo, a la expectativa de que la ruleta de la fortuna electoral que funciona en el Perú los termine por beneficiar faltando una o dos semanas para el proceso en las urnas.

Si a ello le sumamos la posibilidad de que alguien como Jean Ferrari, quien está inscrito en un partido, el administrador exitoso del club más popular del Perú, se lance a la arena electoral, la suerte de la centroderecha está echada. Hay que agregarle, adicionalmente, que ninguno de sus candidatos es precisamente un dechado de virtudes políticas: elocuencia, carisma, carácter disruptivo, etc.

No basta con emprender un trabajo interno concienzudo de preparación de planes de gobierno. Es importante, pero no decisivo, menos en un país donde la gente no vota por programas sino por liderazgos (aunque en esta encuesta el 22% señala que se fijarán en propuestas y políticas de gobierno, apenas superado por un punto por aspectos personales del candidato).

Tampoco basta con recorrer el país de cabo a rabo, tarea que algunos ya están emprendiendo con gran ahínco. Eso es relevante, la izquierda ya lo está haciendo, pero la única manera de marcar una diferencia pasará por armar alianzas o pactos diversos que eliminen la fragmentación y aglutinen activos políticos ya presentes en cada uno de ellos.

Tags:

candidatos 2026, elecciones peruanas

En la última encuesta de Ipsos publicada en Perú21, de la izquierda aparecen Aníbal Torres con 3% de intención de voto, seguido de Verónika Mendoza con 2%, habiéndose excluido a Antauro Humala de la encuesta por estar inhabilitado por el Poder Judicial.

Seguramente, si el líder etnocacerista apareciese en la boleta, tendría un número bastante mayor que el conseguido por sus pares de izquierda. En general, el escenario social está dado para que alguna fuerza antisistema aparezca en el firmamento y allí la izquierda parte con ventaja respecto de la derecha por su mayor beligerancia a propósito del régimen de Dina Boluarte.

Lo cierto, sin embargo, es que sería tremendamente injusto que la izquierda ocupe un papel protagónico en esta elección venidera. Tremenda responsabilidad histórica tiene en su haber como para aspirar a que el furor antiestablishment de la ciudadanía termine encaramando a algún candidato de sus filas, a despecho de su proceder en los últimos lustros.

Primera gran responsabilidad: haber desmontado el sistema proinversión y promercado que reinó durante los gobiernos de Toledo y García, que explican el gran crecimiento económico, y la reducción pasmosa de la pobreza y de las desigualdades. La izquierda afincada con Humala, ralentizó el crecimiento económico, rebajando la categoría del Perú en materia de competitividad y de libertades económicas. Millones de pobres le deben su situación a la actuación económica de la izquierda.

Segunda gran responsabilidad: haber apoyado incondicionalmente al desastre absoluto del gobierno de Pedro Castillo. Le prestó sus votos y sus cuadros técnicos para ejercer el peor gobierno de nuestra historia republicana. Gran parte de la crisis económica de los últimos tiempos se debe no solo a la pandemia sino también a esa gestión funesta del Atila chotano apoyado por la izquierda que hoy se pretende reciclar, lamentablemente con más fortuna de la que merecería.

Esos dos factores bastarían para que la izquierda desaparezca de la escena electoral, pero el desastre de Dina Boluarte le ha devuelto la vida. Será cuestión de ahondar la memoria histórica reciente para que el país castigue severamente a los grandes responsables del desastre que hoy vivimos.

Tags:

izquierda peruana, Pedro Castillo

Las denuncias de pederastia contra Juan Luis Cipriani, excardenal del Perú -el primero en el mundo del Opus Dei-, que ya se conocían extraoficialmente hace años, pero que ayer se han hecho públicas por una nota del diario El País, de España, constituyen, sin duda, un duro golpe político a las pretensiones de la ultraderecha nativa por imponer una narrativa ideológica.

Cipriani era una suerte de ícono de esta derecha -acaba de ser condecorado por el alcalde de Lima- y hoy la van a tener difícil a la hora de defender a su símbolo máximo, aunque ya salieron, por supuesto, los negacionistas a señalar, entre otras tonterías, que El País es un diario “progre” así que no hay que creerle nada, o que faltan pruebas y que el Papa también es jesuita de izquierdas y odia al Opus Dei.

Lo cierto es que el remezón es sísmico, golpea severamente la imagen de un referente moral y político de la derecha conservadora peruana y, no cabe duda, corroe el discurso de moralidad que trataban de endosarse los representantes de este sector.

La izquierda ya empezó a sacar provecho de la denuncia y sorprende, sobremanera, el silencio estruendoso del resto de la derecha peruana, la no conservadora, que prefiere mirar de soslayo una noticia que, de hecho, los beneficia, ya que, entre sus rivales a vencer, no está solamente la izquierda radical sino también sus pares de derecha extrema.

Las denuncias contra Cipriani y la disolución del Sodalicio afectan seriamente la narrativa de candidatos como Rafael López Aliaga y Phillip Butters, cercanos a esas agrupaciones, y corrobora, una vez más, que en el Perú nada está escrito sobre piedra y las veleidades de la escena electoral se seguirán presentando hasta el final de la campaña.

Cómo será de fuerte el golpe que hasta ahora la ultraderecha no reacciona, aunque no tardará en aparecer un comunicado firmado por “notables” en defensa del excardenal, del mundillo político y empresarial con el cual Cipriani tejió una alianza fáctica y política.

La del estribo: entrañable el libro Rudo, anécdotas, humillaciones y reflexiones de un payaso, que narra peripecias vitales de Carlos Carlín, un personaje de la escena artística peruana y que ha decidido mostrar la piel en este libro. Está en las principales librerías del país. Vale la pena comprarlo y leerlo.

Que haya cerca de 60 partidos habilitados para postular en las próximas elecciones del 2026 es un suicidio democrático. Conducirá a una elección disfuncional con un resultado díscolo e impredecible que, sin duda, colocará al país el próximo quinquenio en un derrotero institucional peor que el que tenemos ahora.

Es menester que el Congreso haga algo al respecto. Se facilitó la inscripción de partidos en la reforma electoral llevada a cabo, pero con la condición de la realización de las primarias, que filtraban en gran cuantía el número final de partidos en disputa. Al haberse suprimido las PASO se ha abierto una caja de Pandora que no conllevará a ningún beneficio democrático.

Ya restablecer las PASO es inviable. Ni siquiera presupuestalmente es atendible una solicitud de ese tipo. Lamentablemente. Pero sí es posible establecer algún tipo de filtro que disminuya el número de agrupaciones hábiles para postular.

Un mecanismo válido y que solo requiere mayoría absoluta en una sola votación es la modificación de la ley orgánica de elecciones y que se exija que en el proceso interno que de todas maneras se tendrá que llevar cabo (seguramente la mayoría de partidos optará por el mecanismo de los delegados), al menos participe el 20% del número mínimo de afiliados (25,000), es decir que participen 5,000 militantes. Si eso no se logra, inmediatamente el partido queda fuera de la contienda.

Está en manos del Congreso lograr ello antes de que sea demasiado tarde. Permitir que haya 60 agrupaciones en la liza, no solo es un despropósito logístico sino que difuminará el voto fragmentando la votación y permitiendo que sea gobernante del Perú alguien que al final obtenga un 10% o poco más en las urnas.

Ya hemos visto con Castillo a qué conduce ello, a la perversión de la representación parlamentaria (Niños y demás), la ruptura de los partidos que entren, al desorden institucional producto de semejante degradación y, finalmente, a la persistencia de un modelo mercantilista de manejo del Congreso como el que hoy horada los márgenes mínimos de sindéresis institucional de un poder del Estado fundamental para el funcionamiento de una democracia operativa.

Tags:

elecciones 2026, votacion peru
x