Es imperativo que el 2026 el Perú retome la senda del desarrollo democrático liberal y que, con el aprendizaje de la fallida transición democrática, esta vez se plasmen reformas de mercado, en la salud y la educación públicas, en la seguridad ciudadana y en el formato político electoral. Si eso ocurre y el 2031, cinco años después, se reedita un triunfo de una opción similar, habremos volteado la página de la incertidumbre política y electoral por un buen tiempo y podremos aspirar a que en un plazo relativamente corto, el país se encamine al desarrollo mediano y a la consolidación de la democracia y del libre mercado.
Pero todo eso se juega el 2026 y es imperativo que los principales líderes del centro y la derecha piensen en sus altas responsabilidades y no en sus menudos intereses políticos. El país se está jugando mucho y las circunstancias exigen comportamientos excepcionales.