Lo dijo Pedro Francke en su momento: se pueden hacer políticas públicas de izquierda sin necesidad de cambiar la Constitución. Pero no, Cerrón y su títere Castillo buscan, en ese talante, una excusa para su soberana mediocridad gubernativa, que está llevando al país al descalabro absoluto.
La salud y educación públicas van de mal en peor, la inseguridad ciudadana ya torna invivibles grandes porciones del territorio nacional, la crisis económica golpea a los más pobres sin que el gobierno sepa qué hacer para remediarlo. Y eso no es culpa de la Constitución del 93. Es obra y gracia de un régimen que, en los hechos, es un adefesio completo.
El Perú se equivocó sonoramente al elegir a un sujeto como Pedro Castillo y a su sombra manipuladora Vladimir Cerrón. Lo están demostrado los hechos palmariamente.